El Sr. “Metegol(azos)”

Entrevista con Eduardo Sacheri, guionista del filme animado y de

“El secreto de sus ojos”.

28 jul 2013 - 00:00

Su novela “La pregunta de sus ojos” fue transformada en el guión de la película de Juan José Campanella, ganadora luego del Oscar con “El secreto de sus ojos”, que protagonizaron Ricardo Darín y Soledad Villamil. Es uno de los guionistas del éxito de taquilla que es “Metegol” por estos días, dirigida de nuevo por Campanella, con quien compartió el guión. Son reconocidos sus relatos sobre fútbol y su amor de hincha por Independiente. En una charla con “Río Negro”, Eduardo Sacheri se refirió a los guiones, a las traducciones de sus libros y a la pasión por contar historias.

–¿Cómo sentís este “exitazo de taquilla” que es “Metegol”?

–Con mucha alegría y mucho alivio, en el sentido de que cuando hay mucha gente involucrada en un proyecto hay como una responsabilidad mayor de que le vaya bien, porque es el trabajo de muchas personas el que está afectado. Cuando es un libro es más un asunto tuyo y de la editorial. Acá son como 500 personas que pusieron mucho de su vida y su trabajo y te sentís como más responsable. Así que muy contento de cómo está resultando.

–La primera adaptación fuerte que te involucró fue la de “La pregunta de sus ojos”, aunque ya eras un escritor reconocido.

–Lo que te aporta el cine es una gran visibilidad, porque el mundo de los libros siempre es más pequeño, de límites más cercanos, más próximos. Lo del “El secreto...” fue un gran salto en eso: que mucha más gente esté al tanto de lo que hacés.

Como la charla es telefónica, se encarga de adelantar: “Ahora está por pasar un camión de la policía haciendo ruido. Ahora ya se fue”. (Risas)

–Hablando de visibilidad y pensando en la que está teniendo “Metegol”, ¿cómo fue hacer una adaptación de un cuento que no era tuyo para elaborar este guión para un relato animado? (se trata del cuento “Memorias de un wing derecho”, de Roberto Fontanarrosa).

–Fue una adaptación muy libre, por la naturaleza del cuento que adaptamos. En general, soy de sostener que más que una adaptación, utilizamos el cuento como una inspiración, porque el cuento es muy cortito, no tiene una trama de sucesos que puedas decir “primero pasa esto y después esto” y adaptarlo al cine. Es un cuento breve con un disparador y una gran idea de un posible universo, en el que los jugadores de un metegol están vivos, piensan y sienten como viejos jugadores de fútbol que no han hecho otra cosa en su vida que jugar en esos estrechísimos límites del metegol. Entonces tomamos esa gran idea y hubo que construirlo todo.

–¿Cómo construyeron el guión?

–Creo que cuando empezamos a desplegar los personajes con Campanella, sentimos la necesidad de hablar de ciertas cosas y preguntarnos por ciertas cosas. El fútbol nos resulta interesante como un escenario donde esas cosas sucedan y tengan lugar. Las preguntas que nos interesan tienen que ver con qué hace la gente común frente a ciertas situaciones trágicas o difíciles o traumáticas en su vida. Salió naturalmente: los jugadores nos sirvieron como puerta de entrada a eso, a pensar en cosas más grandes, como qué es ganar, qué es perder, qué es aprender. Lo que nos gusta con Campanella es hacernos preguntas y compartirlas con el público.

–Tus libros fueron traducidos a diferentes idiomas. ¿Cómo te cae la elaboración del propio lenguaje en otros?

–Algunas de las traducciones las viví de más cerca, porque el traductor te manda un montón de correos electrónicos con cientos de dudas que tienen que ver con la adaptación coloquial de nuestro idioma, con refranes, modos de decir. Por más que sean estupendos traductores, les queda totalmente afuera de su universo lingüístico. Por ejemplo, “hacer pata ancha”, ponele... (risas), por decirte una. Te sentís un traductor vos de nuestro modo coloquial de hablar castellano, donde un montón de construcciones que vos asumís como naturales, te das cuenta de que son todo menos naturales y que requieren de una explicación, como pasa en los idiomas más conocidos, como pueden ser el alemán, el francés o el inglés. Después en el polaco o el búlgaro, ni me entero (risas). No tengo manera de chequear si están bien o mal traducidas. Es confiar en que se haya mantenido el espíritu.

–Después del Oscar se publicó tu libro “Papeles en el viento”. ¿Cómo le fue?

–A nivel editorial, te diría que le fue muy bien. Mejor que a “La pregunta de sus ojos”, te diría, que le vino muy bien la película. Para mí era toda una intriga qué pasaría con mi siguiente libro. Esta era una historia más chiquita, futbolera, que no tenía nada que ver con el mundo policial. Este relato caminó por otro lado y, extrañamente, es el libro mío al que mejor le fue. Calculo que la visibilidad esta del cine que decíamos antes permitió que mucha más gente me conociera y pudiera sentirse atraída por algún otro libro mío. No me lo pregunto demasiado. La verdad es que me gusta que mis libros se lean y se vendan. No soy de esos autores que dicen “vendí cien libros y mejor”, como diciendo “yo no escribo para la gilada”. Me gusta que lo que tengo ganas de decir le guste a otros. No me gusta ponérmelo a pensar tipo “voy a publicar un libro que se pueda vender”. Sí me encanta que un libro que yo escribo le guste a la gente.

Publicó también “Esperándolo a Tito” (2000), “Te conozco, Mendizábal” (2001), “Lo raro empezó después” (2004), “Un viejo que se pone de pie” (2007), “Los dueños del mundo” (2012), “La vida que pensamos” (2013) y “Aráoz y la verdad” (2008).

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