Fernando Savater: “El separatismo catalán es antidemocrático”

El filósofo acaba de publicar “Contra el separatismo”, un panfleto, tal como él mismo lo define, con el cual le apunta al independentismo de Cataluña.

31 dic 2017 - 00:00

En “Contra el separatismo”, un texto que tiene más de proclama visceral que de ensayo riguroso, el filósofo español Fernando Savater se expide sobre esta variante exacerbada del nacionalismo que encarna actualmente la ofensiva catalana para independizarse del resto de España, una movida a la que acusa de “antidemocrática, retrógrada y nociva para la economía”.

A pocos días de conocerse el resultado de las elecciones en las que dos millones de catalanes reafirmaron su vocación independentista, el autor de “Ética para Amador” divide aguas entre nacionalismo y separatismo: en esa línea inscribe al proyecto liderado por el ex presidente catalán Carles Puigdemont dentro del “indigesto pastel de posverdades” que traza el signo de los tiempos.

“Es indudable el componente de populismo envenenado de ‘bullshit’ posmoderno en los planteamientos del separatismo catalán –explica Savater en una entrevista con Télam–. El nacionalista español puede ser un problema porque sus consignas pasan por no aceptar la cuota de inmigrantes que les toca o las medidas que le pide la Unión Europea. No quiere dividir el país sino mantenerlo junto. Mientras que el separatismo catalán lo que quiere es romper el país”.

P- En su texto, insta a disociar separatismo de nacionalismo. Sin embargo, muchas veces están asociados ¿Es el separatismo una secuela indeseada del nacionalismo o hay casos de separatismo que no han sido propiciados por consignas nacionalistas?

R- En efecto, en ocasiones el nacionalismo identitario llevado a sus más altos niveles es utilizado para separar grupos humanos a los que la historia juntó hace siglos. O para impedir que se formen ligas de países que, al precio de compartir soberanía, obtendrían ventajas económicas y políticas. Pero en ocasiones hay grupos radicales no estrictamente nacionalistas pero que parasitan la ideología nacionalista para desmembrar el Estado de Derecho y aprovecharse de su debilitamiento para obtener poder. Por ejemplo la CUP, una secta de ultra izquierda visionaria, en Cataluña.

P- Entre las razones que identifica para combatir el separatismo señala que es desestabilizador y brinda una oportunidad a las fuerzas políticas antisistema, entre ellas Podemos, a las que le dedica varias críticas ¿Por qué significan una amenaza a las libertades democráticas mucho mayor que cualquier partido nacionalista?

R- Una cosa es oxigenar el panorama político y otra muy distinta intentar que aprenda a respirar en una cámara de gas totalitario, en este caso de corte comunista. Me cuesta entender por qué casi nadie considera “oxigenantes” los partidos fascistas (aunque hoy en Austria y en la misma Francia cuentan con demasiados partidarios que llaman “viejos” a los partidos tradicionales) y en cambio aceptan a los comunistas como una bocanada de aire fresco. Los nacionalismos por lo general alternan accesos graves con largos momentos de simple retórica compatible con las instituciones democráticas; en cambio los comunismos y fascismos son mucho mas letales en el poder y sobre todo muy difíciles de desalojar de él. A la izquierda española todavía le seduce el elemento antisistema: no hay nadie más contra el sistema que los separatistas y cuanto más radicales y feroces, mejor.

P- En España ocurre un fenómeno singular que tiene que ver con la relación entre el nacionalismo y la izquierda. ¿Esta particularidad es deudora de alguna manera de la composición de bandos durante la Guerra Civil Española?

R- En efecto, solamente en España hay partidos nacionalistas, incluso separatistas, que pasan por fuerzas de la izquierda progresista. En el resto de Europa son vistos como movimientos reaccionarios, que es lo que son. Naturalmente hay matices entre esos grupos porque siempre pueden establecerse grados en lo deplorable, por ejemplo en su relación con los inmigrantes, etc... pero su lección xenófoba y discriminadora es común en todos ellos.

P- Respecto a la movida separatista catalana ¿Tiene algún asidero esta idea de que históricamente España ha maltratado a Cataluña?

R- España como tal no ha maltratado nunca a Cataluña, una de sus regiones mas privilegiadas estatalmente desde el siglo XIX. La prueba es su alto nivel de riqueza y desarrollo actual, frente al relativo estancamiento de otras regiones. Otra cosa es que durante la dictadura franquista, uniformizadora por vía de fuerza, se hayan perseguido aspectos de su cultura, como otros en el resto del país. Pero el franquismo no fue España, sino una enfermedad dentro de España que contó por cierto con el apoyo de bastantes catalanes.

P- ¿Por qué entonces una porción de los catalanes se embarcaron en esta cruzada? ¿Fueron engañados por Puigdemont y sus aliados con ese discurso de que con un Estado propio serían más ricos y prósperos y no tendrían que mantener a las regiones más pobres?

R- Se han juntado muchos factores, el principal de ellos la tarea adoctrinadora de los medios de comunicación de titularidad pública y la educación monolingue y sectaria, que comenzó en los ochenta con la llegada de Pujol a la presidencia de la Generalitat. Y también por supuesto la necesidad de encubrir el constante fraude del tres por ciento y el saqueo llevado a cabo por la familia Pujol.

P- Cree viable como advirtió hace un tiempo la escritora Almudena Grandes que las banderas levantadas por la izquierda para la independencia de Cataluña puedan agitar el fantasma de la extrema derecha?

R- Es cierto que los nacionalismos extremistas suelen provocar reacciones de signo opuesto, pero son malos en sí aunque sean muy de izquierdas. Y no son extremistas de derechas los que alertados por este ataque a las instituciones sobre las que se apoya la ciudadanía democrática salen a la calle a defenderla, junto a sus símbolos nacionales.

P- ¿Cuál ha sido la responsabilidad del gobierno español en la escalada de este conflicto? Dejó avanzar demasiado el asunto y reaccionó tarde o este retraso respondió a un estrategia?

R- El Gobierno de España ha tardado mucho en reaccionar y lo ha hecho de modo lánguido y tímido. Produce risa oir que se tacha de “autoritario” a un ejecutivo cuyo vicio durante años (ay, hoy mismo!) es mas bien la falta de autoridad. Las voces de quienes alertábamos desde hace año de lo que estaba pasando y a qué podía llevarnos fueron descartadas como alarmismos injustificados”.

P- La ensayista alemana Caroline Emcke habla en su ensayo “Contra el odio” de que el racismo y el rechazo al diferente están en el centro de las sociedades. ¿En las consignas separatistas enarboladas por Cataluña se filtra lateralmente parte de ese odio?

R- Sin la menor duda. Ha habido un adoctrinamiento en el odio a todo aquello que se consideraba “español”, es decir se ha formateado a los catalanes para que se autodetestasen en cuanto españoles, que de hecho lo son. La mayor fractura no es entre España y Cataluña, sino dentro de Cataluña misma y dentro de cada catalán.

Un panfleto escrito
en menos de 20 días
“Contra el separatismo” (Ariel) es, tal como lo encuadra el propio filósofo, un “panfleto” escrito en menos de veinte días. No es el primer texto de estas características –en 1978 había publicado el “Panfleto contra el todo”– pero sí uno de los más combativos de los últimos años, en lo que marca a la vez su regreso a la escritura tras la muerte de su esposa Sara Torres en 2015, cuando por entonces había comunicado su decisión de no seguir escribiendo.
Savater sostiene en su reciente libro que lo que pretende el separatismo catalán es romper el país, mientras que el nacionalismo pretende mantenerlo junto.
“Es indudable el componente de populismo envenenado de ‘bullshit’ posmoderno en los planteamientos del separatismo catalán”,
“A la izquierda española todavía le seduce el elemento antisistema: no hay nadie más contra el sistema que los separatistas, y cuanto más radicales y feroces, mejor”,
afirma Fernando Savater.
Así comienza “Contra el separatismo”

“No se llamen a engaño: esto es un panfleto. No un tratado ni un estudio académico, ni una refutación erudita de puntos de vista ajenos. No, sólo es un panfleto. O sea, según la definición de la RAE: ‘Libelo difamatorio. Opúsculo de carácter agresivo’. Me quedo sin duda con segunda acepción, aunque no niego que pueda haber bastante de la primera. Cuando algo goza de una fama conseguida por medios inmundos, es lícito difamarlo un poco aunque no se juegue demasiado limpio. La cuestión del separatismo no es un tema para escribir una tesis o mostrar que estamos al tanto de la última bibliografía, sino una flecha envenenada que ha hecho diana en el centro mismo de nuestra convivencia nacional. Me resultan insoportables –perdonen la primera persona, pero voy a hablarles siempre con esa voz aunque no la utilice de forma expresa– las doctas discusiones sobre el ataque felón que pone a nuestra patria en la agonía en sentido unamuniano, es decir, en un combate moral y político a vida o muerte. Y no comprendo cómo autoridades tan sabias (no comparadas conmigo, que poco mérito tendría, sino cotejadas con baremos más altos) pueden conservar un tono tan imperturbable ante el asunto que lo está perturbando todo. ¿Es que no se dan cuenta...? Quizá tuviese razón
–como casi siempre– Oscar Wilde cuando dijo que ‘la ignorancia de los catedráticos es fruto de sus largos años de estudio’. De modo que me refugio y me desahogo en mi panfleto, escrito para quienes, aunque hayan estudiado poco, quieran vivir iguales y libres. Este panfleto va dirigido contra el separatismo, no contra el nacionalismo. Hay que distinguir entre ambos, aunque a veces se usen cómo sinónimos (y también el de independentismo). El nacionalismo es un narcisismo colectivo que puede ser leve y hasta simpático (amén de inevitable: en este grado menor, creo que toda persona mentalmente sana es nacionalista) o convertirse en una psicopatología agresiva que legitima guerras y propulsa a los peores demagogos. Me temo que cuando hablamos de ‘nacionalismo’ normalmente nos referimos a este último nivel, el más espectacular y peligroso, pero antes debemos ocuparnos un poco de sus versiones light.

”Es cierto que cualquier nacionalismo tiene más de pecado que de virtud, pero en pequeñas dosis es un veneno que ayuda a conservar la salud (Freud creía que un cierto grado de narcisismo es indispensable en ese cóctel inestable que llamamos ‘cordura’). Si un tipo exulta vanidad y grita a los cuatro vientos que es un genio, se ganará la antipatía general; si otro canta loores a su familia, nos enseña fotos de su mujer y sus niños para que veamos lo guapos que son y afirma sin vacilar que su abuela hacía el mejor bacalao al pilpil del mundo, lo miraremos con cierta comprensiva ternura mezclada con bastante fastidio: si un tercero proclama que ante todo se siente... (añádase lo que se prefiera: español, francés, catalán, húngaro...) y que está dispuesto a dar la vida por su tierra sagrada, lo miraremos con respeto: es un patriota. Salvo que su patria esté en conflicto con la nuestra: en ese caso será considerado un enemigo”.

Fragmento del prólogo a “Contra el separatismo”

“Este panfleto va dirigido contra el separatismo, no contra el nacionalismo”, aclara Fernando Savater en el Prólogo.
Buenos Aires

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