La música que salva al mundo

El dúo La Korda se presenta el sábado en Neuquén y el domingo en Roca.

24 oct 2013 - 00:00

Integrado por Matías Chapiro en piano, melódica y piano eléctrico y Víctor Renaudeau en violín y viola, el dúo La Korda trae a la región su compacto “Coquette” basado en la improvisación sobre un repertorio ecléctico que incluye folclore, tango, música latinoamericana y jazz, e impregnado por un aroma a canción francesa. La Korda estará el sábado, a las 21:30 en La Arpillera, Alderete 511, Neuquén, y el domingo en Roca, a las 21 en Willie Dixon, Maipú 1460. Matías Chapiro es director de orquesta, pianista, maestro repertorista del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y preparador musical de Elena Roger entre otras cosas. Víctor Renaudeau es, desde hace trece años, el violinista de Chango Spasiuk. “El proyecto se formó hace dos años y medio, aproximadamente, por la necesidad de Mati y mía de buscar algo diferente, porque siempre como instrumentistas nos hemos dedicado a ejecutar tal como lo pide la partitura o quien nos dirige. Yo toco de una forma con la (Orquesta Nacional) Juan de Dios Filiberto, y de otra con Chango. La Korda me permite ser yo y es un canal propio de expresión que tenemos los dos. Cada tema que hemos elegido en el repertorio significa muchísimo para ambos porque hay algo particular que nos toca las fibras más íntimas”, dice Renaudeau a “Río Negro”. –¿Cómo es el juego de personalidades entre Matías y vos? –se le pregunta. –Es magia... Él es el pianista de los sueños. Tiene absolutamente desarrollada la técnica clásica, es un músico con muchísima información, sabe, trabaja en el Colón y al estar con su instrumento en función de la ópera, para el caso, ha tenido algo muy contenido también, que en La Korda el tipo saca. Entonces, lo que él no pudo manifestar encuentra en el dúo un espacio para desarrollarse. Lo demás que sucede es misterio, porque como Chango dice, el sonido es un misterio. Nosotros nos sentamos a tocar sin partituras y con el juego de la improvisación todos los conciertos son diferentes y dinámicos. La sonoridad es lo que une, nos identifica. Antes de salir al escenario estamos con los motores prendidos porque el momento de creación está por llegar. Toda nuestra vida ha sido estructurada, menos con La Korda. Si escuchás “Michelle”, que empieza con el tema de Lennon y McCartney y sigue con “Abril”, de nosotros dos, yo toco viola y la sonoridad del dúo es toda improvisada. Matías se sienta al piano y hay una oscuridad que es parte de la tristeza. Yo vengo de cortarme un tendón de Aquiles, estuve tres meses parado, me dejó mi chica, se murió mi papá... entonces, en este último tiempo tengo que hacer algo con todo eso, no puedo enquistar esa pena en mi alma –asegura, con tristeza. Y agrega, sabio: “La música salva al mundo, yo no concibo nada sin ella. He aprendido con Chango algo que trasladamos al dúo: la fuerza no es muscular, hay ingredientes en la cuestión armónica, en la compositiva, al tocar, en el color, en los matices, que le dan forma. Es como una flor que se abre. Spasiuk es un maestro… Está en los pequeños detalles, en una caricia. Es una alegría de la vida sentarse a tocar. Hacemos lo que nos gusta y nos mostramos de esa manera. La originalidad está ahí.”

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