La plástica llora la partida de Alberto Cedrón

El artista argentino falleció anteayer en Buenos Aires. Un genio del pincel.

03 mar 2007 - 00:00

NEUQUEN (AN).- Le decían "El brujo que pinta" y sin duda lo era. Alberto Cedrón pintaba impulsado por una fuerza misteriosa, como si su inspiración viniera de otro mundo. "El brujo" falleció el jueves pasado en Buenos Aires, a los 70 años y la plástica enmudeció.

Luego de una larga estadía en Lisboa, el hermano mayor del músico "Tata" Cedrón y del cineasta "Tigre" Cedrón había regresado hace tres años a su siempre añorada Buenos Aires. Las razones: querer reencontrarse con una tierra amada y la reedición de su mítica historieta "La raíz del ombú", escrita junto al escritor Julio Cortázar.

Desde siempre, Alberto Cedrón supo que en sus manos tenía el poder de la creación y que en ellas encontraría su modo de vida. "Por diversas circunstancias del destino me tocó andar por muchos lugares de este plantea, siempre con mi profesión, oficio o como quieran llamarle. Empecé dibujando en las paredes de la cocina de mi casa a los seis años, desde allí no paré nunca. Dibujé sobre paredes, papel, piedra, latón, arcilla, chatarra; en fin materiales diversos, soportes diversos y también momentos históricos diversos", así dejó escrito para siempre su sentencia, "El brujo" en su página de internet.

Sus muchas obras; dibujos, ilustraciones, murales, pinturas, esculturas; fueron adquiridos por galerías y coleccionistas privadas en todo el mundo. En la ciudad de Neuquén, dos de sus murales marcan historia en el Palacio Municipal y en el Concejo Deliberante, mudos testigos de la historia de un hombre que le puso pasión y "garra" a su arte.

Alberto Cedrón pintaba con las manos, guiado por su inspiración y su intuición, pero por sobre todas las cosas, pintaba con el don exclusivo de poder ver más allá de las apariencias. En una de sus más célebres y citadas definiciones sobre su oficio, una vez dijo: "Cuando sos chico no te das cuenta, te piden que dibujes un caballo y vos agarrás el carbón y lo hacés. Te creés que eso es un caballo. Pero después

tomás conciencia de que realmente no es un caballo, que nada de eso existe. Hasta que te avivás pasa mucho tiempo, porque la verdad... el dibujo es sólo un soporte para que aterrice el alma".

Con sus telas y pinceles, Cedrón recorrió el mundo. Pasó largas estadías en el Brasil donde convivió con los indios en Alto Xingú, en el Mato Grosso; estuvo en Venezuela y en varias ciudades europeas, donde realizó murales e infinidad de pinturas y esculturas, dejando huellas en cada paso. Se radicó durante varios años en Lisboa y un día decidió regresar a esa ciudad a la orilla del río De La Plata, para volver a reírse del humor argentino y encandilarse con las luces de la gran Buenos Aires. Fue un hombre de mucha luz, luz que seguirá brillando siempre.

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