Murió en Roma Eduardo Agüero Zapata

El talentoso pianista viedmense tenía fama mundial. Sufrió un derrame cerebral. De visita en Viedma en mayo, había dado dos conciertos y hablado con "Río Negro".

29 oct 2008 - 00:00

VIEDMA(AV).- Falleció en Roma el sábado pasado el pianista, organista, clavecinista y compositor argentino de fama internacional Eduardo Agüero Zapata. Reconocido por sus pares de todo el mundo y por la crítica, su partida es una verdadera pérdida para la música y los escenarios.

El músico había estado en mayo de este año en su ciudad natal, Viedma, donde brindó dos conciertos a beneficio antes de partir de nuevo hacia Europa. Quería ayudar a la cooperadora del Hospital Artémides Zatti, que llevaba el nombre del beato enfermero de quien se declaraba abierto devoto. Entre su planes figuraba volver en enero del 2009 para alternar su vida entre esta ciudad e Italia.

Preparaba además para el 12 de octubre una muestra en Italia sobre las culturas aborígenes, con exposiciones de tejidos mapuches.

En una entrevista con "Río Negro" había declarado un profundo e inquebrantable vínculo con sus raíces. "Yo soy de Viedma. He ganado premios en representación de esta ciudad. Yo no tengo otro pasaporte: soy argentino y viedmense", dijo en su momento. Y eso era lo que trasmitía al público y a sus más allegados.

Era uno de los mejores clavecinistas del mundo. En su momento, el mejor. Eduardo Agüero fue un músico excepcional y construyó con incansable trabajo una reconocida y frondosa trayectoria.

Había nacido el 12 de noviembre de 1948 en Viedma, pero vivía desde hace tres décadas en Europa: pasaba seis meses en Italia y el resto del año, en Suecia.

El deceso del artista, según informaron sus amigos, se produjo a las 6 de la mañana. La hora última lo encontró rodeado por su mujer y su hermano, que había viajado especialmente para acompañar la convalecencia de Eduardo.

Las últimas presentaciones fueron el 4 y 5 de este mes. Había sido invitado a tocar en el 33º Festival de Poesía de Alvito, Italia. Allí se presento y tocó dos sonatas de Beethoven. Dicen que la gente lo aclamó. Sus allegados dijeron que había estado estupendo. Así se fue de las tablas: con una ovación. Luego sobrevino un derrame cerebral que lo tuvo en coma farmacológico hasta el día de su muerte. Tenía un marcapaso y sobrepeso.

Quienes recuerden el concierto a beneficio de mayo sabrán medir la estatura moral y estética de este gran artista.

Quienes no tuvieron la posibilidad de conocerlo, sus obras y sus palabras quedarán como memoria: "La música es un devenir, es un continuar, es un proseguir. Yo no soy artista. Yo soy un artesano. El artista es el que compone. Cuando yo compongo sí soy artista. El que ejecuta es un gimnasta del teclado", solía decir. Ahora el artista se fue, pero su legado continúa en sus composiciones, en la memoria de sus allegados y en la de todos aquellos que lo escucharon sobre el escenario, donde desplegaba todo su talento.

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