“Samponia” Martínez llevó los sonidos de la quena en París

El músico radicado en Viedma participó del Segundo Encuentro Internacional de Quena

06 ago 2018 - 15:33

Los artistas que protagonizan la diversidad creativa en la vida parisina y los turistas quedaron boquiabiertos cuando observaron al virtuoso “Samponia” Martínez ejecutando la quena con la torre Eiffel de fondo.

Este instrumento, que representa el aporte andino al acervo cultural de la humanidad, tuvo allí su Mundial.

“El cóndor pasa”, esa suave melodía que cobró notoriedad universal cuando la adoptó el dúo Simon & Garfunkel, inundó la vida cotidiana de los transeúntes sobre la avenida de los Campos Elíseos en esos días del verano europeo 2018. Y “Samponia” entregó su propia versión.

No resultó fácil viajar desde el punto de vista económico, pero estaba en la lista de invitados al Segundo Encuentro Internacional que organizó Ricardo Delgado, un peruano ampliamente conocido en Europa. El intérprete que adoptó la Patagonia para vivir tuvo que apelar a festivales a fin de alcanzar la meta.

Sus atributos también se hicieron conocer en Foyer Notre Dame, una sala parisina. Sobre ella confluyeron una veintena de quenistas que tomaron un avión desde Perú, Ecuador, Colombia, Bolivia. Luego, se completó con músicos de Bélgica, España, Francia y Alemania.

En ese marco, se realizó un homenaje a Raymond Thevenot, un suizo que vivió en Lima con el sueño de desarrollar profesionalmente su vocación por la música tradicional andina. Hasta 2005 cuando falleció era considerado como uno de los más grandes ejecutantes del mundo.

“La experiencia de París fue para enaltecer la calidad técnica del instrumento a través de sus prácticas, y así promover que tenga inserción en el mercado musical”, cuenta “Samponia” a su regreso del viejo continente.

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A su entender, “hay que hacerla más visible porque su técnica se adapta al cualquier género musical”.

En ese sentido, el contacto sirvió para intercambiar facetas con “colegas muy trabajadores de la quena, tanto desde lo técnico como lo estético” porque “pude observar cómo la emplean en otros ritmos como el jazz o la salsa, y desde los timbres, te permite hacer cualquier obra”.

No obstante, fue preparado. Y si bien en el repertorio incluyó la tradición folclórica del “Carnavalito”, “Pájaro campana”, milongas y taquiraris, se extendió a otros géneros como “Libertango” de Ástor Piazzolla.

“Nosotros (en la Argentina) pensamos en el folclore con (un ritmo de) primera vuelta, segunda y final; pero el jazz tiene otra apertura, hay una serie de improvisaciones discursivas, los arreglos... está bárbaro, y hay gente que hace clásicos, y pensándolo bien, acá hay que romper con esa mirada (conservadora)”; admite.

Siguiendo el análisis sobre cómo entra la quena en el estilo musical de carácter instrumental nacido a finales del siglo XIX en las comunidades negras de los Estados Unidos de América, “Samponia” apunta que “el timbre de la quena no tiene comparación con el clarinete pero aporta color, intensidad”, y así se muestra proclive a incursionar en el jazz como “una construcción especial” luego de escuchar los acordes en Francia.

Los escenarios callejeros del suelo parisino le permitieron hacer una diferencia entre los públicos.

“Samponia” observó que los curiosos se acercaron a escuchar, preguntar sobre el instrumento al cual asociación con los países del Altiplano, pero con una diferencia: la calidez del público latinoamericano que se compenetra con los temas acompañando con las palmas.

Herramienta de transformación
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París. Un encuentro especial.
El conductor Jordi Batallé le cedió un espacio de “El invitado”, un programa de la versión española de Radio Francia Internacional (RFI) recibiéndolo junto con Delgado y Riber Oré, la joven leyenda peruana de la guitarra.
Al momento de mostrar lo que sabe cada uno de ellos, deleitaron al público con “Vírgenes del sol”, la obra musical que fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación incaica, y que describe la grandeza del Imperio con su Dios principal, el sol.
En ese pasaje radial, el intérprete patagónico se explayó sobre su tarea en espacios barriales de construcción musical como docente vinculado a la Secretaría de Niñez y Adolescencia de Río Negro (Senaf). Su lugar de inserción junto a niños y adolescentes es “El galpón amarillo”, un centro que ofrece desde el barrio Zatti de Viedma talleres culturales, educativos y de oficios. Haciendo referencia a su trabajo, considera que “uno ve a la música como una herramienta de transformación, y esto tiene una carga social importante, y pienso que la música es un canal de expresión para que los chicos puedan encontrarse, comunicarse, ser buenas personas, transformar la realidad, y constituirse en sujetos críticos”.
El bautismo, las fiestas y la fábrica de instrumentos
“Samponia” Martínez llevó los sonidos de la quena en París
En el escenario compartido de la Fiesta de la Matra.

“Samponia” Martínez (45 años, cuatro hijos y larga cabellera) construyó su identidad musical desde niño en su San Antonio de los Cobres natal, pues los salteños la absorben desde muy temprana edad.

Las circunstancias de la vida, lo obligan a radicarse durante la década del ‘90 en la zona productiva de Corfo-Río Colorado para cosechar cebollas entre Hilario Ascasubi y Mayor Buratovich. Sin embargo, la música lo deslumbraba. Aparecieron los festivales zonales, y en la Fiesta Nacional del Ajo que se celebra anualmente en Médanos, el maestro de ceremonias no sabía como presentarlo hasta que su compañero de guitarra, Bonifacio Ledesma -el peluquero santiagueño de Buratovich-, le dijo: “ y métale Samponia....”, ya que en ese momento tenía incursiones musicales con ese instrumento y con ocarinas, con los cuales andaba para arriba y para abajo.

Por el revuelo que armó en ese festival fue convocado por una radio de Bahía Blanca, y allí el presentador del programa sabatino “Jineteando” Néstor Barbieri de LU 2 radio Bahía Blanca, insistió con el seudónimo tomando en cuenta que “Sandro....(por el legendario Roberto Sánchez)... hay un sólo y es un grande..., y usted es ‘Samponia”.

Al crecer en los espectáculos decidió abandonar los campos cebolleros. Se fue a una Fiesta del Puestero en Junín de los Andes, luego Bariloche. En la ciudad lacustre se enteró de que la Fiesta de la Soberanía y la Tradición de Patagones tenía una importante raigambre autóctona, muy parecida a las de sus pagos salteños.

Echó raíces y desde el ‘96 que vive en Viedma, se recibió de profesor de música en la Escuela de Arte Alcídes Biagetti de Patagones, y ahora con los alumnos de todas las instituciones donde está presente, no sólo le inculca la música, sino que los ayuda a construir sus propias quenas y samponias con cañas de bambú o de PVC.

Viedma

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