Hace siete años mi mujer me regaló el libro “Karcino”, de Juan Filloy, que es un tratado de palindromía. Hasta ese entonces desconocía lo que significaba, más allá del “Dábale arroz a la zorra el abad”. Ese día empecé a escribir palíndromos de forma compulsiva.

Tomás Lipgot nos invita a jugar con las palabras

El realizador neuquino presentó en las salas de Buenos Aires su documental, “¡Viva el Palíndromo!”. Se trata de un filme que revela las maravillas que no muchos conocen acerca de crear frases o palabras con igual significado leídas del derecho y del revés.

04 dic 2018 - 00:00

El realizador neuquino Tomás Lipgot estrenó hace poco menos de un mes, en salas de Buenos Aires, el documental “¡Viva el Palíndromo!”, su más reciente trabajo en el que busca reflejar la pasión ludo lingüística de quienes, como él, disfrutan de crear frases que tienen el mismo significado leídas del derecho o del revés.

La cinta, que pudo verse por primera vez en el último Bafici y que pasó por el Festival de Cine de Cipolletti, en octubre pasado, muestra de una manera fresca y dinámica la historia de varios fanáticos de las palabras y frases popularmente llamadas “capicúa”.

Lipgot pretende revelar “lo que significa una pasión para un ser humano, por más trivial que ésta sea, y por otro lado, distintas variables del quehacer humano, que el documental toca a través del palíndromo, como la neurociencia o la edición genética”, explicó Lipgot, quien cuenta en su haber con títulos como “Fortalezas”, “El árbol de la muralla”, “Moacir” y “Moacir III”, en una entrevista con Télam.

“Creo que los adultos deberíamos recuperar el juego, no tengo dudas que si esto sucediera el mundo sería mucho mejor”.
Tomás Lipgot, acerca del valor del palíndromo como juego.

P- ¿Cómo llegó a ser palindromista?

Tomás Lipgot- De casualidad. Hace unos siete años mi mujer me regaló el libro “Karcino”, de Juan Filloy, que es un tratado de palindromía. Hasta ese entonces desconocía lo que significaba, más allá del “Dábale arroz a la zorra el abad”. Ese mismo día devoré el libro y rápidamente empecé a escribir palíndromos de forma compulsiva.

P- ¿Qué significa para usted?

T.L.- En este momento se me pasó un poco “la enfermedad”, que en un tiempo llegó al límite de la obsesión. Sin embargo creo que los adultos deberíamos recuperar el juego, no tengo dudas que si esto sucediera el mundo sería mucho mejor.

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P- ¿Cómo fue la elección de los entrevistados y del planteo narrativo del documental?

T.L.- Casi todos los personajes pertenecen al Club Palindromista Internacional del cual soy miembro. En un viaje previo a Barcelona, dónde se filmó gran parte del documental, conocí a algunos de ellos. También, estando en un festival en Leipzig me enteré que cerca de allí vivía la palindromista chilena Sylvia Tichauer, de quien me habían hablado mucho, y efectivamente terminó siendo uno de los personajes centrales de la película. En cuanto al planteo narrativo, este se terminó de definir en el rodaje al decidir mi inclusión como narrador, aprovechando mi doble condición de palindromista y de cineasta.

P- ¿Cómo fue la selección de lugares que forman parte del filme, como el caso de Cataluña?

T.L.- Gran parte de la movida del palíndromo sucede en Cataluña, que además es la sede del Club Palindromista Internacional, así que naturalmente ese fue el lugar central del rodaje. Por otro lado, se filmó en Alemania donde vive Sylvia Tichauer y en París, donde reside hace mucho tiempo el palindromista argentino Pablo Nemirovsky.

P- Luego de hacer el documental, ¿encontró otro sentido a la palindromía?

T.L.- Descubrí un montón de cosas, algunas sobre mí mismo, ya que la película fue un viaje hacia un objetivo y creo que este tipo de experiencias facilitan el estado de apertura y de descubrimiento.

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