Un reconocimiento nacional para Alejandro Finzi

El Teatro Nacional Cervantes le dará su galardón en julio.

El dramaturgo, neuquino por adopción, hace un balance del año.

“El oficio de autor es todo lo que tengo”, dice en la entrevista.

18 dic 2011 - 00:00

El Teatro Nacional Cervantes dio a conocer las ternas del Premio María Guerrero 2011 que el jurado compuesto por Rómulo Berruti, Rosa Celentano, Magdalena Faillace, Jorge Lafauci, Juan Lavanga, Carlos Llorens, Linda Máximo, Luis Mazas y Ana Seoane. En ceremonia a realizarse en la Sala María Guerrero del TNC, en julio próximo, se entregarán además Menciones Especiales y los premios Estímulo y Trayectoria, en este último caso a Beatriz Bonet y Pepe Soriano; más los Diplomas de Reconocimiento a Carlos Alsina, autor y director de Tucumán, al Museo Isaac Fernández Blanco y al dramaturgo neuquino Alejandro Finzi, protagonista de la presente entrevista con Río Negro. Cuando la noticia llegó al correo electrónico de quien firma esta nota, partió de inmediato hacia el de Alejandro. “¿No será una confusión? Porque nadie me habló desde el Cervantes para decirme nada. Me estoy enterando por vos”, respondió más que sorprendido. Finzi acababa de llegar de Urbino, Italia, donde publicaron la versión italiana de “La piel o la vía alterna del complemento”, su obra-ensayo –editada en 1990 y estrenada en Buenos Aires en julio de 2003– sobre la fragilidad, la levedad de la vida. “Claro, fui con Laura (Vega, su esposa). Una ciudad maravillosa donde nació Rafael Sanzio”, agregó el autor también de “Camino de cornisa”, “Martín Bresler”, “Primavera, 1928”, “Sueñe, Carmelinda”, “Patagonia, corral de estrellas o el último vuelo de Saint-Exupéry”, “La isla del fin del siglo”, “Mazzocchi”, “Benigar”, “Bairoletto y Germinal”. Poco antes, el Teatro Universitario de San José de Costa Rica estrenó de “La piel” del 8 de setiembre al 2 de octubre, dirigida por Juan Pablo Umaña, con María Bonilla y Manuel Ruiz interpretando al matrimonio que enfrenta la definitiva separación física, debido a una grave enfermedad que sufre Walter, quien ha compartido toda su vida junto a Ana. Una historia de amor gestada gracias a una mujer que en el subterráneo de Bruselas, le contó a Finzi que iba al hospital a visitar a su marido enfermo y temía su destino porque él era todo lo que tenía. La premiere se unió a la invitación al VI Encuentro Nacional de Teatro, donde disertó sobre “El lugar del teatro contemporáneo en las artes del espectáculo”, e impartió el taller “La escritura del personaje teatral”. Si bien Alejandro nació en Buenos Aires en 1951, estudió primaria y secundaria en Córdoba, está radicado en Neuquén desde el 84. Es profesor en la Universidad Nacional del Comahue y dirige el área de Literaturas Europeas. Labor docente y de investigación que ha sabido compaginar con la participación durante quince años en el grupo de teatro Río Vivo, fundado en 1986 por el actor y director Daniel Vitulich. Además ha teorizado en sus publicaciones sobre teatro y práctica dramatúrgica. Hombre de radio, Doctor en Literatura en la Universidad de Laval, Quebec, Finzi es autor de más de treinta obras estrenadas, veinte de ellas ya publicadas. Por “La Isla del fin del siglo” recibió el segundo Premio Nacional de Literatura-Teatro, período 1997-2000. Un buen balance “Este año que termina fue particularmente rico en estrenos y en obras que se vienen haciendo. Uno que tengo mucho en el corazón es el que hizo Eleonora Arias en San Martín de los Andes, que puso por primera vez en escena el 5 de noviembre en el Teatro San José, “En cuánto tiempo se derrite un cubito”, una de textos que he escrito y sigo armando en un ciclo que llamé “Historia de un abuelo que vive lejos de sus nietos”. Fue su estreno nacional y el 9 de febrero Jennifer Valiente la hará en San Salvador, capital de República de El Salvador. Otro estreno fue el de “Molino rojo” (en el Centro Cultural Rigolleau, Berazategui), por Mario Marín con un elenco de adolescentes… Yo pensaba que nadie volvería a trabajarla… La hizo por primera vez (Víctor) Mayol en Comuna Baires (88). Ya le había soltado la mano y me sorprendió muchísimo esta puesta actuada por chicos. Te imaginás… Habla de Jacobo Fijman, poeta internado en el Hospital Borda. El 1 de diciembre estrené en San Juan “Viejos hospitales” dirigida por Susana Ferrer, la obra mía que más se hace, que en 2012 presentará Carol Yordanoff en Neuquén. Después siguió “Mazzocchi” en Córdoba y según el actor Alvin Astorga, la han reprogramado para el año entrante en el Teatro Real, con dirección de José Luis Valenzuela.” Este año fue repuesta para el ciclo Retro, participó del Festival Mercosur e hizo gira por varias provincias hasta llegar al Cervantes y al Centro Cultural Haroldo Conti en Buenos Aires. “Es la historia del poeta cordobés (Alberto) que se mató en 1960, a los 22 años. En Colombia “Viejos hospitales” va ya por la quinta temporada.” –Relecturas que indican la vigencia de tus trabajos, tu enorme capacidad para construir obras que son hechas por elencos tan diversos como distantes, y su carácter de universalidad. –No sé... En marzo escribí “La historia del elefante rosado y el fotógrafo”, para mi nieta Clara y la escena siempre enseña… La directora Karen Uribe (de Colombia), me dijo que no iba a poner a esos dos personajes (Boesmans, el elefante, y Norbert Ghisoland) en el escenario, sino a todos los animales de la selva, con diecisiete jóvenes actores. Otro director me ha propuesto transformarla en comedia musical. Entonces, la escena siempre dice por dónde van las cosas y cada puesta enriquece mi laburo y me da nuevas ideas. Hay cosas en la versión de “La piel” de Costa Rica, que me mostraron aspectos del texto que yo no sospechaba. Son cuestiones que hacen al oficio, qué sé yo... –También al contacto humano, a la comunicación a través de tus textos. –Es así. Yo creo que la palabra en escena es como un río, va llevando elementos por todos lados, crece, acumula, arrastra.” –Todos estos logros reconfortan, estimulan, renuevan tus energías, aparte de las que te da la vida misma, como la existencia de tus nietos... –Sí, el libro que les estoy escribiendo es incompleto porque ahora tengo cinco y debo escribir dos obras todavía. Y termino ahí, pero seguirá si los chicos deciden tener más hijos. El oficio de autor es todo lo que tengo. Como cualquier persona, todo lo que posee es su trabajo. Y a través de él, uno se realiza, se comunica con los demás. Yo hago ese oficio y como escritor puedo constituirme en el mundo. Es mi única propiedad. De mi trabajo artesanal de autor soy dueño y no de otras cosas. En esta vida no se posee más que lo que se hace y allí está el amor. No en otro lado. Yo me realizo en ese mundo y ahí vivo, amo, me relaciono, tengo amigos. Pero, lo primero es el oficio. Y me constituye con un sentido. –La búsqueda de sentido no es un camino sencillo, llano, cuando estamos en construcción permanentemente. –El sentido está en el ejercicio de la tarea que se hace. Ahí está todo el secreto, sin buscar demasiada trascendencia, sin ponerse solemne. Está en esa práctica, en el goce, ese disfrutar de un objeto deseado. Con los años se va acumulando experiencia. Me lo decía recién, a propósito de su profesión médica, Laura (a la que Finzi llama mi musa, pediatra y especialista en Alergia e Inmunología por la Universidad de Nancy, Francia)... En definitiva, no se tienen cosas, sólo se posee la posibilidad de trabajar, de construir una pequeña cosa. Tal vez, en eso consiste el gran misterio de la vida.

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