Yayoi Kusama y sus obsesiones convocan a millares de visitantes en el Malba

Por Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén

27 ago 2013 - 00:00

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) viene presentando desde hace casi dos meses una de las muestras más impactantes de las que se tenga memoria en la escena de las artes visuales argentinas. Cientos de miles de personas han pasado por esta exhibición a razón de 2.500 por día, en un suceso cultural sin precedentes.

¿Quién protagoniza este verdadero boom del arte moderno? Es Yayoi Kusama, la más importante artista plástica japonesa viva, amiga de Andy Warhol, precursora del pop art y los happenings en la Nueva York de los tempranos años sesenta y quien desde hace 36 años vive, por propia voluntad, en una clínica psiquiátrica de Tokio, ciudad donde no para de crear.

Yayoi Kusama, obsesión infinita es el título de esta muestra retrospectiva de esta genial artista, la primera exhibición en Latinoamérica, todo un privilegio para los argentinos que por primera vez pueden acercarse al arte revolucionario de la llamada Reina de los Lunares, como la han bautizado sus fans.

La muestra, curada por Philip Larratt-Smith y Frances Morris, está compuesta por obras que previamente han sido expuestas en museos como el Reina Sofía, la Tate Modern, el Centro Pompidou o el Whitney Museum.

Son un centenar de obras, gestadas entre 1950 y 2013, que incluyen pinturas, trabajos en papel, esculturas, videos, slideshows e instalaciones impactantes de esta mujer nacida en Matsumoto en 1929 y que desde pequeña padeció innumerables experiencias traumáticas en el seno familiar a las que se sumó la Segunda Guerra Mundial en la que Japón fue derrotado.

Estas vivencias negativas profundizaron diversos trastornos psicológicos en su personalidad que la obligaron a tratarse permanentemente con psicólogos y psiquiatras a lo largo de su vida, encontrando en el arte y el trabajo creativo la tabla de salvación a su enfermedad.

No es casual que esta creadora, que en sus primeros años como artista padeció la profunda pobreza, declare hoy: “Todos los artistas que son sinceros son psicológicamente conflictivos. Si uno piensa en Munch y Van Gogh, por ejemplo, está clarísimo. Yo no soy una excepción. Ese tipo de artistas, entre los que me incluyo, padecen por la creación artística y sufren tanto psicológica como económicamente”.

A mediados de los años 50, Yayoi viajó a los Estados Unidos donde tomó contacto con artistas como Donald Judd, Andy Warhol, Claes Oldenburg y Joseph Cornell, protagonistas de lo que sería la revolución pop en los años sesenta. En ese país ganó notoriedad por sus obras y performances, pero también alcanzó el reconocimiento en disciplinas como la literatura, con trece novelas, una autobiografía que fue best seller en Japón y un catálogo de poesía.

En 1973 regresó a su país natal luego de una frustrada terapia psicoanalítica en Nueva York que, según ella misma contó, “quebró mi arte”. En su país natal encararía su tratamiento dándole preeminencia a la creación y en 1977, por propia iniciativa, se internó en una clínica psiquiátrica de Tokio donde reside actualmente, aunque su estudio se encuentra a unas pocas calles de allí.

Su obra atraviesa más de medio siglo de cultura universal, desde el Japón ancestral y tradicionalista a la movida contracultural norteamericana y las nuevas tecnologías. Sus diseños inspiraron a los grandes diseñadores de la moda, como Louis Vuitton, en particular por sus motivos de lunares, y han inspirado a millares de argentinos que han visitado su muestra en este invierno porteño.

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