CURIOSIDADES PATAGONICAS: Balazos por la espalda contra Yerio, quien mató al atacante

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Cecilio Yerio (círculo) en foto tomada en el Club El Progreso, de Buenos Aires, hacia 1926.

" En Barrancas contra el juez de paz. La Prensa el domingo 11 de diciembre de 1904 publicó un despacho de Chos Malal que decía: "Se desarrolló el seis del presente un lamentable incidente en Río Barrancas, entre el juez de paz de aquel departamento, señor Cecilio Yerio y el vecino Carlos Garaycoechea. Yerio se retiraba de la casa de Garaycoechea en compañía de otras personas y en tal circunstancia aquél comenzó a disparar tiros de revólver. Al sentir Yerio las balas que agujereaban el poncho que llevaba puesto -continuaba la crónica-, desnudó a su vez el revólver y encarándose con el agresor, lo hirió de dos balazos que le produjeron la muerte momentos después. Según datos obtenidos, Yerio y sus acompañantes habían sido invitados un rato antes a casa de Garaycoechea, pero permanecieron breves instantes debido a que los recibió de mal modo. En vista de los excelentes antecedes del juez Yerio, se cree que procedió en defensa propia ante el inopinado ataque de que era objeto". El caso se resolvió rápidamente por actuar Yerio en defensa propia de un ataque pero vale la pena reconstruir los hechos.

" Convite a un asado frustrado. El sumario formó la causa 403 -año 1904- de 60 fojas. Actuó el juez Patricio J. Pardo, fiscal fue Abel Chaneton y defensor José Bruguera. El calor era agobiante en diciembre de 1904 cuando Carlos Garaycoechea invitó a un asado a varias personas, no todas de las cercanías. El convite se haría en el campo que administraba el vasco en la margen sur del río Barrancas donde, además, Garaycoechea tenía establecido un negocio. Todo, a unos cinco kilómetros del juzgado. De los invitados, el único que vivía en Barrancas era el juez de paz Cecilio Yerio, un bonaerense de 27 años, soltero (no disponía juez suplente). El invitado más cercano era el comerciante Benedicto Becaría, que vivía en El Tril. De más al sur aún de Barrancas llegó el maestro de Buta Ranquil, el joven (29) soltero Celestino Cabral. Antonio Troul era un ganadero entrado en años (59) que residía accidentalmente en Cochicó. Y Cristóbal del Campo, procurador lego en Chos Malal (de 39 años). Para ponerse en época, vale aclarar que en esos parajes era habitual que todos portaran armas de fuego.

" ¿Quién era Cecilio Yerio? Según su nieto Esteban Yerio -agrimensor en Puerto Madryn-, el abuelo se llamaba Cecilio Basilio Maximiliano Yerio, nacido en Coronel Suárez el 18 de diciembre de 1875, hijo de Cirilo Yerio e Isabel Segovia. El papá Cirilo era propietario de la estancia Los Cardos (Cnel. Suárez) que sigue con ese nombre. La prole del estanciero estaba constituida por las hermanas Sabina, Elvira, Isabel y Petrona, mientras que los varones fueron Cecilio, Salustiano, Emiliano, Ciriaco y Demetrio. Cecilio y Ciriaco se establecerían en Junín de los Andes donde curiosamente noviaron y se casaron con dos hermanas recién llegadas de España: las Ferré Espinós. Cecilio desposó -el 23 de junio de 1909- a Josefa (Pepa) de sólo 17 años, y Ciriaco a Ana María. Cecilio y Pepa tuvieron siete hijos: Sara, Raúl (casado con Cecilia Zingoni), Ismael, Cecilio, René, Esteban y Juan José "Totó", único que sobrevive. Los hermanos Yerio estuvieron entre los fundadores de la Sociedad Rural de Junín de los Andes. Cecilio comandó en Confluencia Traful su Estancia La Argentina, que en reducida proporción mantiene sus descendientes.

" Un drama en capítulos. El asado del fatídico martes 6 de diciembre del año 4, quedó desgrasándose frente a las brasas: el mal humor del anfitrión y una discusión inicial, provocó la retirada de un invitado a quien le siguió Cecilio Yerio. Corpulento y macizo, cubierto con un poncho patria, el juez de paz salió de la casa de Garaycoechea. Escuchó un disparo que le hicieron de atrás, echó mano a su revólver y descargó tres balazos que dieron en el agresor. Garaycoechea disparó una vez más y gritó: "Me jodiste pero te ca...é". Volvió unos pasos para su casa pero se desplomó y muy pronto murió. (Continuará)

 

FRANCISCO N. JUÁREZ

fnjuarez@sion.com


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