“Dar dignidad a lo que es parte de la vida: la muerte”



Escribo a este medio para felicitarlo por el excelente tratamiento informativo desplegado sobre la relevancia de la ley del buen morir y destacar las extraordinarias declaraciones que realizó la autora de la norma, la diputada Marta Milesi, que fueron reflejadas en distintos medios, tanto gráficos como audiovisuales, del país.

Nos gustaría tomar contacto con la legisladora, si es que alguien puede hacernos llegar su correo electrónico.

Desde nuestra fundación para humanizar la medicina pensamos que es importante instalar en la opinión pública el debate sobre qué tipo de medicina y cuidados intensivos necesitamos, al menos en lo referente a la calidad de vida y dignidad de la persona. Rechazamos la cosificación de los seres humanos, que se nos tome como una mera estadística. El paciente y su familia tienen derechos, y en muchos casos se los ignora.

Mucha agua ha corrido desde que en Estados Unidos la National Welfare Rights Organization elaboró, en julio de 1970, un documento con 26 peticiones considerado el primer “Código de derechos de los enfermos”.

En Europa, en enero de 1976, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó un documento elaborado por la Comisión de Salud y Asuntos Sociales en el que invitaba a los gobiernos de los 18 estados miembros a tomar las medidas necesarias a fin de que los pacientes pudieran recibir alivio a su sufrimiento, se los tuviera perfectamente informados en relación con sus dolencias y sobre los tratamientos propuestos y contaran también con la posibilidad de prepararse psicológicamente frente a lo inevitable.

Una persona no es un riñón, no es un estómago, no es un corazón, no es un brazo o un tórax: es un ser íntegro que necesita no sólo del cuidado de su organismo sino que también debe ser considerado en su espiritualidad y en sus afectos.

El paternalismo médico -esto es que el médico decide en lugar del paciente- es algo que viene de la época de Hipócrates. El mundo ha evolucionado y hay cosas que necesariamente deben cambiar, ya que la medicina tampoco es un bien inmutable.

Hoy en día el “empoderamiento de la sociedad civil” que realizan algunos profesionales del arte de curar no tiene razón de ser ni de existir.

Los seres humanos, en tanto pensantes, tenemos derecho a decidir sobre nuestras propias vidas y, en caso de no poder ejercerlo, son nuestros seres queridos los que tienen la potestad de hacer presente nuestra voluntad en aras de alcanzar una mejor calidad de vida y la pertinencia de recibir la totalidad de la información objetiva y completa, sin ningún tipo de retaceos o ambigüedades, sobre el estado de salud y los métodos que se aplican o que se utilizarán para nuestra recuperación.

En distintas partes del mundo se está revisando y cambiando el concepto de aislamiento de los afectos -padres, madres, hijos, amigos, etcétera- al que son sometidos los pacientes y que tienen como regla invariable las unidades de terapia intensiva y coronarias, etcétera. Es un volver a lo humano, a la fuerza terapéutica -señalada por miles de médicos- del amor filial, paternal, de la pareja, para coadyuvar en el proceso de curación y sanación.

Los seres humanos, sin importar si son recién nacidos, niños, adolescentes o ancianos, independientemente de su condición social, necesitan de sus seres queridos para estimularse y ayudarse a sí mismos para superar todo tipo de enfermedades y apuntalar su recuperación; en el peor de los casos, les brindan la contención, el afecto y el calor humano para rodearlos en los últimos pasos de su existencia, dándoles dignidad a lo que es parte de la vida: la muerte.

 

Lic. Salomón Wainberg

DNI 11.561.076

Fundación para humanizar la medicina

Casilla de correo Nº 31 – sucursal 6

Barrio San Vicente – Córdoba contraelsufrimiento@gmail.com


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