De aquellas promesas y proyectos, sombras nada más

Análisis

Hace exactamente 23 meses, el 24 de febrero del 2000 y en ocasión de inaugurar el primer período de sesiones de su gestión, un exultante Atilio Feudal convocaba a la comunidad a "construir juntos la historia de Bariloche", y a los concejales a trabajar por el "desarrollo integral de la ciudad", en el que incluyó los aspectos "humano, económico y cultural". En ese discurso, de 50 minutos, Feudal criticó los desmanejos económicos de su antecesor, César Miguel, y leyó un largo compendio de principios orientadores, sin abundar en datos puntuales, especialmente los referidos a la forma en que pensaba resolver la aguda crisis financiera.

En ese momento de gloria efímera buscó el énfasis intencionado en algunas frases y sólo alzó la voz al considerar "inadmisible" el estado en que había dejado al municipio la administración anterior. Especuló de manera exagerada con el beneficio de inventario y con la alusión a la "herencia recibida", y fundó su optimismo en el buen resultado de la moratoria de tasas, que extendió varios meses con la intención de superar los 4 millones de pesos en compromisos de pago. También se esperanzó con el apoyo del gobierno nacional y en "la inmensa capacidad de gestión" que Verani había puesto a disposición de la ciudad.

No se olvidó de destacar "la predisposición de los empleados municipales" para brindar su "permanente y experimentado consejo" para la reforma administrativa y soportar el atraso salarial, y obvió cualquier referencia a la reforma del estatuto del Soyem, un tema que -reconoció- "habrá que plantear más adelante, porque ahora no es el momento".

Nunca dio una explicación coherente sobre cómo pensaba cubrir el déficit operativo de 300 mil pesos que aumentaba cada mes el "rojo" del municipio, y en cambio se dispuso para nombrar un oneroso "gabinete del futuro", en el que incluyó incluso a alguno de sus adversarios políticos. Amplió el organigrama político a más del doble del anterior, sin medir las limitadas posibilidades de su administración, como lo manifestó cuando aumentó los viáticos de los funcionarios a un nivel muy elevado. Así, permitió que su secretario de Hacienda se alojara durante meses en un hotel de cinco estrellas, mientras los camiones no salían a las calles por falta de combustible y llovían las demandas por los atrasos salariales. Para colmo de males, en poco tiempo se enemistó con el oficialismo provincial y con la mayoría de los dirigentes locales de su partido, y de a poco fue perdiendo a los pocos funcionarios leales que lo acompañaban.

En una actitud que un colega de este diario calificó como "hemorragia de voluntarismo", Feudal llamó a propios y ajenos a "reinventar el gobierno municipal" y a asumirse como miembros de "la generación del centenario", en alusión al siglo de vida que Bariloche cumplirá el 3 de mayo. En ese punto, exhortó a los concejales a darle "los instrumentos para cumplir el programa que este pueblo votó", y reservó un párrafo para reclamar la aprobación del abultado organigrama de cargos, que propuso y el Concejo Deliberante nunca le aprobó (AB).


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