De las canillas de Zapala sale un agua de gran pureza

Los zapalinos no necesitan comprar agua mineral. De las canillas de sus casas sale líquido de una calidad asombrosa. Una combinación de fenómenos geológicos e hidrológicos formó justo debajo de la ciudad de 33.000 habitantes una especie de palangana cuyo tamaño aún se ignora.



NEUQUEN .- En Zapala, los jardines se riegan con un agua que en cualquier lugar del mundo podría ser fraccionada y vendida por litro.

La ciudad descansa sobre una cuenca acuífera que por una suma de fenómenos geológicos e hidrológicos, aprovecha al máximo las escasas lluvias que caen en en la precordillera y que al cabo de un complejo proceso natural produce un líquido de pureza inigualable.

En pos de su preservación, hace 15 días se firmó un acuerdo mediante el cual se financiará un estudio para su conservación. Ese trabajo significa ni más ni menos que el futuro de la ciudad.

El agua, que según los expertos será más valiosa que cualquier metal precioso a fines del próximo siglo, no llega de ríos subterráneos ni de remotos lugares de la cordillera de los Andes, como se pensaba hasta hace unos años. Está contenida en una suerte "palangana" impermeabilizada que todavía no se sabe con precisión cuánto mide, pero que se ubica exactamente debajo de la ciudad de 33.000 habitantes, que en el 2005 serán 38.500.

En cambio está claro que el agua llovida hace diez años hoy sale por los grifos purificada y mineralizada. Todo esto a pesar de que el tramo que recorre el líquido desde que cae con la lluvia apenas supera los 30 kilómetros en su trayecto más largo.

Uno de los secretos está en el lento escurrimiento que se produce a través de piedras basálticas de la precordillera. Ese manto de roca es precisamente el que se encarga de "capturar" alrededor del 75 por ciento del agua que cae sobre él.

Las reservas de la cuenca están muy lejos de ser ilimitadas, y son "de moderada a altamente" contaminables, señalan estudios geológicos.

"Si el acuífero se contamina sería más económico mudar la ciudad que traer agua de alguna otra fuente posible", afirma el geólogo y especialista en vulcanología Daniel Delpino. Fueron precisamente los estudios realizados en zonas de origen volcánico los que dieron las pautas del fenómeno, que no tiene muchos pares en el resto del mundo.

Si bien el recurso no está en riesgo, los científicos tienen claro que debe ser preservado, lo mismo que las autoridades de Zapala que desde hace tiempo apostaron por la conservación del sistema.

Los peligros están latentes pero hasta el momento no hubo grandes impactos en la cuenca, a pesar de algunos descuidos como por ejemplo el basurero municipal que hasta hace unos años estaba sobre el acuífero.

Hace un par de semanas se firmó un convenio mediante el cual, con financiamiento externo y del municipio, se estudiará palmo a palmo el trazado de la cuenca. Y al mismo tiempo se establecerán las pautas para su preservación y la explotación racional.

En el proyecto trabajarán Delpino y especialistas en Geología de la Universidad Nacional del Sur de Bahía Blanca, quienes en primera instancia se abocarán a conocer las dimensiones y el funcionamiento global del sistema hidrológico.

El estudio "para la explotación racional del agua subterránea y la detección y control del acuífero", así se denomina, tendrá como investigador responsable al especialista Alfredo Bonorino de la Universidad del Sur.

El proyecto fue seleccionada junto a otros diez entre más de un centenar y tiene muy pocos antecedentes en el país.

Es que el valor del recurso es extraordinariamente alto por ser el acuífero -ubicado bajo la formación geológica La Bardita- la fuente de agua potable única e irremplazable para esa zona.

Los potenciales focos de contaminación son varios y de acuerdo con la documentación a la que tuvo acceso este diario, se destacan los basureros, los tanques de almacenamiento de combustible, lavaderos de vehículos, derrame de colectores de líquidos cloacales e incluso los lotes de tierra bajo riego.

Hace 85 años, los pioneros tomaron agua de esa fuente, a partir de la vertiente que asoma en la estancia Trannack a unos cinco kilómetros del casco urbano de Zapala, detrás del regimiento. Sin embargo, hasta 1994 no se sabía con precisión de dónde provenía el líquido que en definitiva motivó la fundación de la ciudad.

"Es casi como un agua mineral que viene de una cuenca pequeña y agotable, de moderada a altamente contaminable", sintetiza Delpino. Cualquiera sea el resultado del estudio científico, la verdadera misión está a cargo de las 33.000 almas zapalinas.

"Sabremos cómo hacerla durar y cómo evitar su contaminación"

ZAPALA- "Nosotros no necesitamos comprar agua mineral", dijo con orgullo Andrés Kaczorkiewicz, titular del Ente Autárquico Municipal de Servicios Públicos de esta localidad.

El funcionario destacó, en diálogo con "Río Negro", la importancia del convenio firmado para preservar la cuenca acuífera. "Lo importante es que además de estudiar el uso que se debe hacer para que dure la mayor cantidad de tiempo, también se obtendrán los subproductos, es decir, aquellas acciones a emprender para darle sustentabilidad del recurso, para no contaminar el agua".

En tal sentido indicó que al término de la investigación podrá determinarse "que pasará con la red cloacal y otras actividades que puedan emitir metales pesados como contaminantes, o bien que pasaría si un día se instala una curtiembre.

Zapala se encuentra exactamente arriba del reservorio, y todo lo que hagamos puede perforar la capa basáltica y contaminar el cuenco".

Al referirse a la calidad de agua que se consume aquí, Kaczorkiewicz dijo que "no necesitamos comprar agua mineral". Explicó que "el Código Alimentario Argentino marca las características que debe cumplir el agua mineral y la de Zapala, luego de analizarla químicamente, alcanza perfectamente los requerimientos exigidos".

El funcionario valoró la decisión política del intendente Edgardo Sapag al apoyar el emprendimiento. "El municipio aporta el recurso humano y algunos bienes. Es importante ese aval porque en un municipio que está comprometido financieramente, él tomó la decisión de aportar fondos a un proyecto que apunta a las ciencias básicas y no tiene resultados concretos en el cortísimo plazo".

Al referirse al financiamiento del proyecto por parte del Banco Interamericano de Desarrollo reveló que "presentamos un protocolo que fue muy bien armado por Daniel Delpino, quien se convirtió en un baluarte en todo el proceso previo".

En cuanto a la presentación del trabajo ante los evaluadores, explicó que "tuvimos que explicar que el nuestro no era un plan para lucrar, si no que por el contrario tenía fundamentalmente una utilidad social muy grande".


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