De las vallas a la toalla



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El abandono de esta semana fue el último golpe para una carrera con obstáculos que empezó en las PASO y en la que Juntos y el gobierno parecen haber tirado todas las vallas.
Después del revés electoral del 13 de agosto aparecieron nuevos desafíos para el oficialismo. El gobernador y su entorno avanzaron confiados en su intuición. Y hoy todavía buscan asimilar el inesperado resultado final.
La primera señal de desgaste llegó con la central nuclear. Se rechazó la instalación en la provincia, fisurando la relación con Nación y provocando grietas internas en la Legislatura. Más allá de la falta de licencia social aludida, el impacto electoral del tema motivó la decisión. Pocas semanas después quedó a la vista el mal negocio: sin inversión y fuera del mapa electoral.
Maquinchao trajo otro dolor de cabeza. Weretilneck puso en esa elección local la expectativa de una recuperación anímica. No sólo perdió la intendencia, sino que ofreció una chance para que Cambiemos proyecte los resultados a octubre.
El escenario adverso obligó también a cambiar casi la mitad del gabinete, un proceso presentado como renovación pero que expuso al gobierno a la falta de confianza del sector privado: las incorporaciones pensadas no se concretaron y hubo que apelar a la misma estructura interna para cubrir los casilleros vacíos.
El aporte de votos para eyectar al intendente de Regina –a dos años de haber trabajado por su triunfo– fue otro signo de la dispersión oficialista.
Primarias. Central nuclear. Maquinchao. Gabinete. Regina… en 45 días el oficialismo trastabilló como nunca antes y por eso verá octubre desde las tribunas, ansiando el fin de la desorientación.

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