De los pelos



Por la información reunida no hay evidencia de que la tercera guerra mundial vaya a comenzar hoy. Sin embargo...". Así, atajándose sobre la hipótesis más catastrófica, comenzaba casi siempre en los tiempos de la Guerra Fría, el informe de coyuntura que la CIA elevaba regularmente al Departamento de Estado, según confesó más tarde un "arrepentido" del organismo de inteligencia estadounidense. La prudente definición inicial no impedía, con todo, que a continuación el informe pasara revista al cúmulo de conflictos, las más de las veces sangrientos, que a lo largo y a lo ancho del planeta jalonaron durante décadas la puja entre Estados Unidos y la Unión Soviética por el control global.

Parafraseando a ese organismo de tan triste memoria, podría decirse que no hay evidencia de que Jorge Sapag y Jorge Sobisch se vayan a tomar hoy de los pelos acaso no lo hagan nunca, aunque esta semana han estado cerca, lo que no implica que no estén librando una sorda batalla por el poder.

El motivo por el que poco ha faltado para que esta vez llegaran a las manos, es el meneado asunto de la renovación de las concesiones petroleras y el eventual cobro anticipado de regalías. No es un tema menor, porque se trata de la principal riqueza de Neuquén, riqueza que ya ha sido parcialmente hipotecada por Sobisch cuando comprometió parte de los ingresos futuros para emitir bonos por 250 millones de dólares. Algo que no podría justificar ningún buen administrador en una provincia despoblada y con un presupuesto que el año pasado superó los 3.200 millones de pesos y este año, bonos mediante, orillará los 3.700 millones.

En este contexto, de concretarse un nuevo endeudamiento por vía de la percepción anticipada de los dividendos de la explotación hidrocarburífera, el futuro gobernador, sea del partido que fuere, quedaría directamente con las manos atadas y debería aplicarse a un cruento ajuste del gasto, con las consecuencias sociales que ello conlleva en todos los casos.

Ya se ha dicho desde aquí que los proyectos de Sapag y Sobisch son incompatibles en el corto plazo, porque el primero necesita despegarse lo más pronto posible de la imagen desgastada y conflictiva del segundo para encarnar una renovación que, aunque mínima y cosmética, es imprescindible para que el MPN siga captando al electorado. Mientras que el otro, a pesar de su empalagosa reivindicación de la unidad partidaria, sólo piensa en sí mismo y necesita dramáticamente seguir encaramado a los fabulosos recursos del Estado para que su quimera presidencial no se derrumbe definitivamente.

Para mayor dolor de cabeza de Sapag, la sociedad acaba de enterarse, de la manera más transparente, cuál es el verdadero pensamiento del líder de su partido sobre la política y el manejo de gestión pública, al trascender tardíamente lo que Sobisch dijo al periodismo el 18 de febrero pasado, durante el aniversario de Junín de los Andes. Allí el gobernador admitió que de cara a la administración de la cosa pública "es mejor un corrupto que un pelotudo, porque un pelotudo ni siquiera sabe qué hacer con las necesidades del pueblo".

Como es previsible, el desarrollo de la contradicción Sobisch-Sapag no puede sino plantear a cada rato nuevos conflictos, en algunos casos soterrados y en otros como explosiones públicas. Esta vez se trata nada menos que de los recursos, por eso la pulseada llegó primero al templo partidario apodado "seccional primera" y luego a la Legislatura, donde el gobernador dedicó el discurso de inicio de sesiones a aleccionar al candidato de su partido y a uno de sus principales apoyos, el gremialista Guillermo Pereyra, quien para Sobisch ha cometido además el pecado de pasarse de bando.

Pereyra fue quien puso el tema de la renovación de las concesiones en tela de juicio y advirtió sobre un presunto intento oficial de cobrar regalías por adelantado. A finales del año pasado Sobisch le ofreció públicamente a Repsol una prórroga anticipada de las concesiones. Casi inmediatamente Sapag, entonces de campaña interna, planteó sus reparos, y hace pocos días Pereyra salió con una solicitada a vetar la potestad de Sobisch para renovar los contratos y a pedir que en cualquier caso el gremio forme parte de las negociaciones.

Fue la gota que colmó el vaso. No sólo porque Sobisch se sintió desafiado públicamente y sabe que si aceptara de brazos cruzados dentro de poco ya nadie le daría ni siquiera una moneda. También porque la bravata de Pereyra tuvo un efecto disuasivo entre las empresas, que ya miran a Sobisch como alguien que se está yendo y no quieren bajo ningún aspecto enfrentarse al temible sindicato petrolero.

Por todo esto, el desplante del gobernador no sólo estaba destinado a lograr una rectificación de Sapag que consiguió pero que fue ostensiblemente de circunstancia, sino a impresionar a las empresas mostrándoles "quién manda". Pero no logró su objetivo. Los voceros de las principales compañías dejaron entrever que Sobisch "ya fue" y que las concesiones son tan importantes para ellas que están dispuestas a esperar un año, pero prefieren trabajar sobre terreno firme.

Como no podía ser de otra forma, Quiroga aprovechó la oportunidad que le brindaba esta fisura para ponerse a la izquierda de Sapag. No es que el candidato de la Concertación kirchnerista esté en contra de la renovación de los contratos, todo lo contrario, de lo que se trata es de que ante la eventualidad de aterrizar en el despacho de la calle Rioja quiere reservarse esa tarea para sí y, en todo caso, impedir que en la misma hipótesis Sobisch le deje una provincia quebrada.

El hecho de que Quiroga aprovechara la debilidad circunstancial de su oponente para sacarle ventaja demuestra además que la teoría de Sapag, consistente en desplumar a Sobisch sin que cacaree, presenta riesgos no sólo dentro sino también fuera del MPN. Si una porción importante del electorado percibe que el cambio propuesto por el partido gobernante no es ni siquiera un buen maquillaje y que en cualquier caso será Sobisch quien seguirá al timón, puede inclinarse, perdida por perdida, por un candidato de afuera. Después de todo, está claro que si el actual gobernador sigue manejando los hilos seguirá también eligiendo "la corrupción" antes que "la pelotudez", sin sospechar que lo que quiere la gente es gobernantes inteligentes y honestos, y continuará tirando manteca al techo hasta que esta provincia ya no sea un lugar vivible para todos.

 

HECTOR MAURIÑO

vasco@rionegro.com.ar


Comentarios


De los pelos