De Narváez amplía la búsqueda presidencial
El plan tropieza con la estrategia de su aspirante a gobernador bonaerense, abierto a casi todos.
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Falta un año para la renovación presidencial y el mar, político y social, está encrespado. La agitación se cobró una vida en la flor de la edad: la del militante trotskista Mariano Ferreyra, baleado desde un sector orgánico de la Unión Ferroviaria (UF) que actuó en “banda” y persiguió, ante la sospechosa pasividad policial, a trabajadores “tercerizados” apoyados por movimientos estudiantiles que no desdeñan el uso de rostros tapados. La violencia, siempre latente en una sociedad habituada a recurrir a la vía directa (léase piquetes en sus diferentes variantes) en lugar de inclinarse por el diálogo para resolver sus conflictos, encendió luces de alerta y proyectó temores, habida cuenta de las catástrofes que jalonan la historia de la Argentina. Embretado el gobierno, después de la potente movilización sindical convocada por el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, en una repleta cancha de River, buscó echar luz sobre un episodio sobre cuyos riesgos el jefe de la UF, el “gordo” José Pedraza, había advertido previamente a las autoridades. En una declaración posterior, este sindicalista admitió con brutal sinceridad que “se pueden tolerar piedras y palos, pero jamás los disparos”, lo que alimentó las teorías conspirativas y las denuncias cruzadas donde la verdad a secas termina siendo la principal perjudicada. Frente a una conducción K que maneja con mano de hierro ingentes recursos, controla la estructura formal del PJ, despliega una intensa estrategia comunicacional y, según las encuestas más serias, tiene un piso electoral del 30 por ciento, en el Peronismo Federal reevaluaron las desperdigadas fuerzas que giran alrededor de cuatro nombres -Eduardo Duhalde, Mario Das Neves, Alberto Rodríguez Saá y Felipe Solá-, con el propósito de ser los sepultureros de Néstor y Cristina Kirchner, quienes siguen timoneando el barco a pesar del traspié legislativo de junio de 2009. “A Kirchner lo queremos terminar, pero así como están ustedes no enamoran a nadie. Están mejor los radicales, aunque cargan con falencias graves de gobernabilidad por la oposición salvaje a la que los someten los justicialistas”, se sinceró un empresario en la reunión de IDEA, en Mar del Plata, ante Francisco De Narváez, el diputado que relegó a Kirchner en la provincia de Buenos Aires, con el apoyo del aparato duhaldista. El “colorado” De Narváez es uno de los firmantes del espacio peronista disidente que se resignó a competir en la provincia de Buenos Aires, después de tener la certeza de que la Corte Suprema no lo habilitaría, por su condición de extranjero (nació en Colombia), para postularse a la Presidencia. Y como no puede ser él, sin ningún tipo de complejos ni miramientos, salió a la búsqueda de un candidato. Y eso, aunque no lo reconoce, pone virtualmente al borde de la ruptura el pacto suscripto con los anti K, sin salirse de este encuadramiento. Sucede que mientras el sector, con sus diferencias, se empeña en establecer un esquema de fortalecimiento provincial e incluso evalúa una compulsa cerrada antes de las internas abiertas, obligatorias y simultáneas, previstas por ley para el 14 de agosto, De Narváez hace movimientos autónomos. Así, no se priva, bajo el argumento de garantizar el buen funcionamiento institucional, de coquetear con el vicepresidente Julio Cobos, el senador Carlos Reutemann y hasta con el gobernador bonaerense Daniel Scioli, a pesar de que el ex campeón de motonáutica no se cansa de dar muestras de lealtad hacia los Kirchner. “Hasta viajó 2.500 kilómetros a Santa Cruz, para oponerse a un fallo de la Corte”, chicaneó el macrista Ramón Puerta. Roberto Lavagna, sostén intelectual de este conglomerado, está convencido de que la única persona que le puede ganar a Kirchner es Duhalde, y afirma que caen en actos “mágicos absurdos” quienes pretenden convertir en “líderes” a dirigentes como Scioli, Reutemann o Cobos. El tiempo dirá, porque las definiciones no podrán ir mucho más allá de marzo del año entrante. “Francisco no sabe dónde está parado. Además, de todos los que usted menciona, también sondeó a (Ricardo) Alfonsín, a Solá, Das Neves e incluso a (Mauricio) Macri. En lugar de sumar a lo que ya está, genera desconfianza al conjunto”, le señaló a este diario un estrecho colaborador de Duhalde y la diputada Graciela Ocaña, quien con línea propia se apresta a desafiarlo en la carrera por la gobernación. La resolución del entuerto de los peronistas que les tienen tirria a los Kirchner, mantiene expectantes a pretendientes que no se explayan abiertamente por distintos motivos. Nadie duda de que Cobos irá por el premio mayor. Pero antes tiene que decidir cómo y cuándo se aparta del Ejecutivo y cómo dirime la puja con Alfonsín. Confía que con el apoyo de los independientes superará a los afiliados radicales, que simpatizan claramente con el hijo del ex mandatario. Macri aguarda su momento. Pretende que lo vayan a buscar. Pendiente está su situación legal por las escuchas ilegales. “No vengo de un jardín de infantes”, avisa y se ilusiona con un frente, aunque los caciques peronistas advirtieron que no le regalarán nada. Reutemann no acepta que le “falten el respeto”. Jura en tal sentido que no se baja del podio porque nunca se subió. Sin embargo, su esposa enhebra por él y no tiene problemas en tejer para la foto con De Narváez. “Para romper el unicato y la hegemonía kirchnerista hay que hablar con todos. ¿Acaso Duhalde no lo hace con (Rodolfo) Terragno y yo con (Enrique) Nosiglia? ¿Qué tiene de malo?”, tranquiliza el misionero Puerta, quien llegó al Parlamento en virtud del entendimiento del PRO con Felipe y Francisco. Si bien la transversalidad parece un fenómeno acabado dadas las recientes experiencias “perversas”, no parece concluida del todo. De Narváez y Cobos, Alfonsín y los socialistas de Hermes Binner, giran en la tómbola política. Y el kirchnerismo, como se observa en estos días calientes, robusteció su alianza con el gremialismo tradicional, sin por ello dejar de cosechar adhesiones dispares: de Hebe de Bonafini, de Madres de Plaza de Mayo, una docena de gobernadores pejotistas, el dirigente barrial Luis D´Elía, “progres” como Martín Sabbatella, radicales K como Miguel Saiz de Río Negro y Gerardo Zamora de Santiago del Estero, además de Jorge Sapag, de Neuquén. Claro que también dentro de la pingüinera hay discusiones, contradicciones y voces que avivan el post kirchnerismo. Alberto Fernández llamó a encolumnarse detrás de Scioli, tras haber dado aire a exponentes como Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa. Aún resentido porque no le dan la más mínima señal para alentarlo a ir por la gobernación de su provincia, Miguel Pichetto, sigue siendo un soldado K: “Massa y otros jóvenes se comportan como tilingos. Hay una sola jefatura. Ellos deberían saber que Napoleón fue emperador a los 35 años y que al lado de Néstor ellos sólo podrían organizar una fiesta infantil”.
Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
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