De pie: Barenboim y Argerich dieron un concierto inolvidable en el Colón

Fue en el marco del “Festival Barenboim de Música y Reflexión”.



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MÚSICA

Martha Argerich y Daniel Barenboim actuaron junto a la Orquesta West-Eastern Divan, integrado por músicos israelíes y palestinos por partes iguales, en el primer coliseo argentino obras de Ludwig van Beethoven y Maurice Ravel, ayer en el teatro Colón.

Argerich, que en 2013 volvió a tocar en la Argentina tras siete años de ausencia de los escenarios, retomó su espacio en el Teatro Colón tras los conflictos internos del coliseo que la obligaron a suspender funciones en 2005.

El dúo Argerich-Barenboim tendrá además el próximo sábado 9 a las 20 una actuación inusual, cuando serán los solistas de un programa sobre obras de Stravinski (”La historia del soldado”) y Camille Saint-Saens (”El carnaval de los animales”), acompañados nada menos que por Les Luthiers.

Respecto del encuentro con la maestra Argerich, Barenboim la calificó rotundamente de “extraordinaria”, y Argerich señaló: “Me interesa mucho hacer Mozart con Daniel, porque aprendo mucho con él, aunque también meto la pata a veces (risas)”.

“Es que hemos tocado muy poco -dijo-, hicimos juntos (Franz) Liszt, que no lo tocamos aquí, (Franz) Schubert y unos pocos otros autores, aunque no incluimos por ahora compositores argentinos como (Carlos) Guastavino, que sí he interpretado sola.”

El maestro Barenboim, notoriamente afectado por una carraspera, recordó los orígenes de la West-Eastern Divan, sobre la que dijo que corren muchas leyendas, y explicó que conocía el nivel de excelencia de los músicos de Israel y que se sorprendió al conocer la de los intérpretes árabes.

Luego de mencionar el fuerte apoyo que tuvo su proyecto -compartido con el intelectual palestino Edward Said- por parte del gobierno de Andalucía, España, que le dio en 2002 casa y becas para muchos aspirantes, apuntó lo “milagroso” de algún momento de la agrupación.

Argerich nació en Buenos Aires en 1941 y luego de algunos contactos familiares con el piano, a los cinco empezó a tomar lecciones con Vicenzo Scaramuzza y se presentó por primera vez en público a los ocho para tocar obras de Beethoven, Mozart y Bach.

Esa niña prodigio tuvo una carrera intensísima que la llevó a tocar con los mejores en la mayoría de los escenarios musicales del mundo y en la actualidad, a los 73 años, es un mito viviente que enorgullece a la gran mayoría de sus compatriotas.

Télam


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