Debates y cálculo electoral



Análisis

No es una operación sencilla conseguir sentar a todos los candidatos de una misma categoría a debatir en torno a una mesa. Con frecuencia, el candidato que va primero en las encuestas se muestra reacio a participar porque hace un cálculo meramente electoral y considera que asume mayores riesgos que el resto de participantes. Como esa decisión no puede ser asumida públicamente, ensaya excusas de tipo formal, argumentando, por ejemplo, que el formato no le fue comunicado en tiempo.

Cuando el candidato que va segundo en las encuestas toma conocimiento que el número uno ha decidido abstenerse de participar, enfrenta un dilema de tipo similar. De ese modo, los participantes van desistiendo en cascada y el esfuerzo realizado para ofrecerles una tribuna que les permita debatir frente a la audiencia resulta infructuoso.

La ausencia de una cultura política del debate facilita las cosas. Los candidatos que han rehuido el debate suponen que los desistimientos no tienen costos electorales. Sin embargo, si recibieran información del modo que las redes sociales valoran estos comportamientos, cambiarían de opinión. Para los jóvenes digitales, las excusas de tipo formal son simples pretextos, y castigan duramente con sus tuits a los políticos escurridizos.

El debate realizado ayer con tres candidatas a senadoras por Neuquén fue seguido con interés y les permitió explayarse sobre sus propuestas. Es de esperar que el ejemplo de ellas se contagie en el resto de los aspirantes a ocupar una banca en representación de los ciudadanos.


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