La pueblada en Cutral Co y Plaza Huincul, veinte años después

La pueblada en Cutral Co y Plaza Huincul evidenció nuevas experiencias y prácticas políticas y de organización en los 90. Pero se debe analizar más allá del “mito fundacional piquetero”.

24 jun 2016 - 00:00

¿Qué significaron las puebladas de Cutral Co? ¿Cómo se presentó a aquellos que no se ocupan del acontecimiento como historiadores profesionales? ¿Cómo se mantiene en la memoria local de los habitantes patagónicos? ¿Qué trascendencia tuvo a nivel nacional? Son interrogantes validos a veinte años de los sucesos de junio de 1996 en las localidades de la comarca petrolera neuquina. La aproximación a un acontecimiento empieza por la representación con la que éste se muestra a la posteridad. No solo debemos pensar en nuestra imagen, en nuestra manera de construirla, sino en que es el fruto de los intereses actuales. Las percepciones presentes sobre las puebladas todavía están muy marcadas por el modo en que los acontecimientos de la protesta social de los años noventas se observaban a sí mismos. El horizonte del recuerdo personal está aún muy vívido entre la población de la Norpatagonia, por ello las puebladas de Cutral Co- Plaza Huincul no son solo representación sino también recuerdo activo y activador. La memoria organizada de la protesta neuquina se observa a sí misma, más que otros eventos de su historia reciente, al adquirir un peso propio en la conciencia colectiva del nuevo siglo, por la experiencia de nuevas prácticas políticas, nuevas/viejas formas de organización de los trabajadores en el marco del desempleo y la desocupación, tanto a nivel regional como nacional.

Las políticas llamadas neoliberales, pero que en esencia es el liberalismo en su máxima expresión –achique del Estado, privatizaciones, altas tasas de desempleo y desocupación, mercantilización de la educación y de la salud, por citar algunas políticas públicas menemistas– llevan implícitas consecuencias económicas y sociales a corto y mediano plazo, que generaron focos de protesta popular en diferentes ciudades del país.

Apenas producidas las puebladas en la zona petrolera, los historiadores locales publicamos nuestra interpretación de lo acontecido en medios académicos nacionales (1997-1999). Estas pesquisas fueron pioneras en las ciencias sociales e influyeron en la opinión pública nacional a la hora de analizar la protesta y la formación de nuevos actores: los piqueteros, como retratos de la ‘beligerancia popular’ en la Argentina de los 90.

Razones de la protesta

En estos días, se cumplen dos décadas de esa acción llevada a cabo por hombres y mujeres de Cutral Co y Plaza Huincul, ésta última sede de la Administración de YPF. Tras la privatización de la empresa estatal y sus consecuencias económico-financieras se activó la acción colectiva espontánea, en junio de 1996 en el pueblo neuquino, con miles de personas durante varios días en la ruta.

Las razones centrales de la protesta estaban vinculadas a las promesas incumplidas por el gobierno provincial luego del anuncio de un resarcimiento a la población mediante la construcción de una empresa de fertilizantes: Fertineu (que ya en los años 80 anticipara el presidente Alfonsín).

Cuando estalló la primera pueblada, el gobernador Felipe Sapag enfrentaba los efectos del retiro de la empresa petrolera. Si bien la privatización se había concretado en 1991, las indemnizaciones ocultaron un tiempo el problema. Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) que fue pionera en la región explorando, explotando, comercializando el petróleo y ejerciendo ‘políticas de bienestar’. Lo que había llegado a ser ‘la empresa de todos los argentinos’ desaparecía. A los despidos ya ocasionados, se incorporaron 5.000 nuevos desocupados. El detonante fue que el gobierno provincial anunció que se daba marcha atrás a un proyecto del gobernador anterior (Jorge Sobisch) de instalar la fábrica de fertilizantes en Cutral Co.

El pueblo pensaba que ésta sería su salvación. Las gentes –jóvenes, adultos, niños, mujeres, varones, ocupados y desocupados–, salieron a la Ruta Nacional 22 y desplegaron un repertorio de acciones colectivas: cortes, quema de cubiertas, guardias constantes en los piquetes, resistencia a la violencia legítima.

El destinatario central de las críticas fue el gobernador, el mismo dirigente que había sido su intendente, por el peronismo, en la década del cuarenta. Durante seis días y sus noches, alrededor de 20.000 personas ocuparon la ruta de acceso a las ciudades. (Ver cronología)

Consecuencias inmediatas

Con la ciudad sitiada/aislada, la presión se hizo insoportable y el gobernador accedió al encuentro con los actores claves de la protesta, firmando un compromiso que cedía a Cutral Co y Plaza Huincul el yacimiento gasífero El Mangrullo (ubicado a 50 km al NO y que cubre una superficie de 142 km²), que hoy es una fuente de regalías para los dos localidades. Está administrado por los dos municipios a través del Ente Autárquico Intermunicipal (ENIM). En enero de 2000, por licitación pública, se concedió la exploración, desarrollo, explotación, comercialización e industrialización de los recursos, por 25 años, a Petrolera Santa Fe SA, empresa que luego adquirió Petrobras. A futuro se espera que ingresen hasta 2 millones md³ p/d, clave para las necesidades energéticas del país.

La protesta modificó el escenario político cuando eligió para Concejo Deliberante a un político que no provenía del Movimiento Popular Neuquino, que históricamente retenía el poder local. Daniel Martinasso (MPN), destituido en 1997, estaba al frente de la municipalidad cuando fue asesinada en la calle, mientras se dirigía a su trabajo, la joven Teresa Rodríguez de un balazo de la policía provincial que reprimía la protesta, durante la llamada segunda pueblada. El triunfo de la Alianza local, acuerdo de varios partidos, se adelantó en dos años a lo que sucedió a nivel nacional (1999).

La política es una práctica producto del movimiento de lo social en el tiempo, implica dirección y gobierno, práctica de producción y reproducción. La sociedad no deja de moverse y define los lugares en donde se hace política. Estos pueden ser los espacios institucionalizados u otros escenarios construidos por la ciudadanía.

En Neuquén –una provincia del norte de la Patagonia con un partido hegemónico-predominante con más de medio siglo en el gobierno y el poder– las puebladas cutralquenses y los actores emergentes de esa acción colectiva son un caso interesante sobre el cual reflexionar, dos décadas después.

El mito piquetero

En la memoria colectiva de los habitantes patagónicos se interpreta, ‘casi míticamente’ el accionar de los piqueteros.

Éstos emergieron como actores de la lucha en defensa de sus intereses y de las interacciones entre los ex trabajadores y representantes del Estado provincial. Por ello, luego de las negociaciones con el gobierno (1996) se produce un impasse y con el cambio de gobernante (1997) se disuelve, dado que los objetivos definidos se cristalizaron y los piqueteros locales desaparecieron.

La prensa nacional y académicos atribuyeron a las puebladas de Cutral Co el inicio del movimiento piquetero nacional e inspirador del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD).

Con relación a estos imaginarios sociales, debemos reflexionar como historiadores, que en la realidad los acontecimientos de la protesta cutralquense están relacionados sólo con los cortes de rutas del petróleo y las privatizaciones , conjuntamente con los piquetes de Tartagal en mayo de 1997. Además, en el mismo proceso de construcción histórica, nos hemos olvidado del fenómeno de los llamados “fogoneros”, aunque efímero e intrascendente, que surgieron como resultado de las acciones colectivas.

Esta idea-fuerza de ‘hito fundante’, opaca el reconocimiento de las semillas de la protesta, los precedentes cortes de ruta de otra localidad petrolera Catriel (Río Negro) en 1987, como una de las primeras protestas petroleras en la Argentina democrática.

Recordemos que las manifestaciones que adquieren regularidad durante los 90 como la ‘Marcha de Mujeres de trabajadores’ a la capital nacional (CABA), mientras sus hijos cortaban la ruta 3, tras el cierre de Hipasam (1991); el Santiagazo (1993); el ‘viernes negro’ en octubre de 1995 en Río Negro, las puebladas de Cutral Co- Plaza Huincul (1996 y 1997); Tartagal (1997); la “Plaza del Aguante Correntino” (1999) son algunas de las expresiones populares que sintetizaban las características de una identidad colectiva en formación. Pero veinte años después, podemos decir por la densidad de las evidencias, que dicha identidad no terminó consolidándose en las décadas siguientes.

Debemos reflexionar también, sobre las interpretaciones de algunos intelectuales de izquierda, que entendieron que no alcanzaba con explicar el surgimiento de un ‘movimiento piquetero’ en la resistencia al modelo neoliberal y el aumento del desempleo.

Vieron a la asociación voluntaria para la cohesión social confrontada a la “opresión estatal”. Esta interpretación de la experiencia piquetera como disruptiva, con un supuesto ideal de autoemancipación ( la conformación de un “nuevo sujeto social”) demostró estar muy alejada de la realidad . Esta lectura errática sobre los piqueteros y su lugar en la historia nacional quedó en evidencia después de las elecciones del 2003 y en las décadas siguientes. Muchas organizaciones desaparecieron, otras, muy pocas, continúan, como las cooperativas de trabajo. Las más fueron cooptadas por el sistema político nacional.

Lo que queda

Con relación a la trascendencia de los hechos de 1996 debemos decir, primero, que produjeron cambios en la política local. Se ‘moldearon’ estrategias de acción en la conflictividad argentina de los años 90 con los piqueteros; se re tomó la ruta como lugar de la política y de la protesta, como lo habían hecho los chacareros del Alto Valle y los productores de otros lugares del país en la década del setenta.

En segundo término, se logró un derecho instituido, pero mantenerlo significó confrontar con la resistencia de otros integrantes de la población. No obstante, la política aceptó su papel en la sociedad. En el espacio local, la oposición asumió su rol o se imbricó con el partido dominante. En escenarios nacionales, condujo a ciudadanos y a las dirigencias a buscar nuevas territorialidades para manifestar su desaprobación a las políticas neoliberales, generando un repertorio de acciones, buscando la unidad e identificaciones que trascendieran los focos de emergencias locales, que durante los noventa estuvieron en el centro de escena pública. Estas ‘experiencias vividas’ fueron renovando y tensionando la política tradicional, pero que en algunos casos terminaron incorporan como tributarios del sistema político.

* Investigadoras del Centro de Estudios Históricos, del Estado y la Cultura (Cehepyc) y del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Universidad Nacional del Comahue

La comarca en 1996

57.000 habitantes –entre Cutral Co y Plaza Huincul– tenía la zona, de los cuales 28.000 formaban su población económica activa.

5.000 desocupados, 4.000 producto del desguace de YPF y Gas del Estado. 900 recibían subsidios.

70 cortes de gas diarios se producían al momento de la pueblada, en pleno invierno. Los permisos de construcción de obras habían bajado a la mitad en un año.

La comarca en 1996
57.000
habitantes –entre Cutral Co y Plaza Huincul– tenía la zona, de los cuales 28.000 formaban su población económica activa.
5.000
desocupados, 4.000 producto del desguace de YPF y Gas del Estado. 900 recibían subsidios.
70 cortes
de gas diarios se producían al momento de la pueblada, en pleno invierno. Los permisos de construcción de obras habían bajado a la mitad en un año.
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