Sin trabajo, “había una ruptura de la familia y la economía”

Varios protagonistas de los piquetes de Cutral Co y Plaza Huincul rememoran el clima que vivía la localidad: desesperación ante la crisis, la protesta espontánea y la solidaridad en defensa del empleo. Y destacan la necesidad de mantener viva la memoria.

24 jun 2016 - 00:00

Veinte años atrás, Cutral Co y Plaza Huincul estallaban en una manifestación social de la que no se tenía registro hasta el momento y que permitió que se conociera a lo largo de la provincia y el país el reclamo por trabajo.

El gobierno central, a través del entonces presidente Carlos Menem, había tomado las medidas económicas que golpearon al corazón de la economía local.

De la mano de la privatización de las empresas nacionales YPF y Gas del Estado, llegó la desocupación y con ellos miles de familias que hasta entonces, mantenían un estándar de vida tranquilo, quedaron sin la posibilidad de un ingreso fijo. El motor de la economía, afectado, no tardó en repercutir en el comercio y la construcción privada, por sólo nombrar otros dos sectores que se mueven al ritmo de la actividad hidrocarburífera.

El fin de las negociaciones con la empresa Agrium por parte del gobierno de Felipe Sapag, para la construcción de una planta de fertilizantes, fue el detonante para salir a la calle e iniciar la protesta. Aunque en un primer momento, un ala del Movimiento Popular Neuquino impulsó y alentó el reclamo, el liderazgo duró poco, casi nada. La necesidad era real y palpable.

La desocupación estaba en un gran número de hogares, por lo que cualquier intento de los partidos políticos de “adueñarse” de la manifestación se desdibujó y fue sobrepasada por el reclamo genuino. Los 5.000 desocupados que admitían los registros oficiales, se habían traducido en cortes diarios de energía y gas natural. Y entonces, las familias se repartieron en los piquetes a lo largo de las Rutas 22 –hacia Neuquén y Zapala– y 17 (en sentido a Picún Leufú y Añelo).

Los testimonios

El exintendente y parlamentario del Mercosur, Ramón Rioseco, en ese momento tenía 34 años y era concejal por el Frente Grande. “Nos privatizaron YPF, nos dejaron en una semejante y explosiva crisis que el pueblo, casi sin organización salió de forma espontánea a luchar sin tener nada para perder”, subraya hoy. “Es que no había nada: no había trabajo, había una ruptura de la familia y la economía”.

Rioseco evalúa que “lo más importante de la Pueblada fue la espontaneidad con que se desarrolló”, y los 17 piquetes que hicieron inaccesible a la comarca petrolera más la imposibilidad de sacar los refinos de la destilería de YPF.

Entonces, hoy dos décadas después considera que fue una “lucha histórica que cambió el rumbo del neoliberalismo en el país, porque a partir de ahí todo el mundo se le animó al modelo de (el expresidente Carlos) Menem y eso fue el principio del fin de ese modelo, porque en el 2001 hizo explosión en la Casa Rosada”.

“La pueblada, después de mis hijos, es lo más grande en mi vida. Todos los años siento una profunda emoción y una reivindicación hacia mí mismo”.
Ernesto “Jote” Figueroa, exdirigente de la Uocra, líder en el primer piquete.

Las dos puntas del piquete

Ernesto “Jote” Figueroa, tenía 44 años en 1996. Era dirigente de la Uocra, y cuando se desató la protesta, como el sector que representaba era uno de los más castigados por la paralización de la obra tanto pública como privada, junto que los albañiles, caminó rumbo a la Ruta 22, por el “zanjón”.

Estuvo en el primer piquete, en la zona de La Curva, unos kilómetros antes de llegar a Huincul. Hoy, sostiene que hablar de “la pueblada, después de mis hijos, es lo más grande que me ocurrió en mi vida. Todos los años siento una profunda emoción y una reivindicación hacia mi mismo y de lo que no estoy arrepentido de haberlo hecho y otra vez volvería a estar en la ruta o donde sea por la lucha de los dos pueblos”.

Figueroa no olvida el momento más crítico que fue la noche en que llegó Gendarmería Nacional al lugar y que sabían que serían los primeros en ser desalojados porque estaban en el primer bloqueo.

Estaba junto a su hijo que tenía 16 años en ese momento y “aguantamos casi todos, pocos renunciaron a dejar el lugar”.

En el otro extremo de la ciudad, hacia el oeste, en el piquete del aeropuerto estuvo Juan Carlos “Patuco” Quiñiñiri, con 28 años en ese momento. “Es algo que no me olvido más porque era medio rebelde en ese tiempo. Vi dos veces correr a Gendarmería (Nacional) y cuando les cuento a mis hijos no me creen mucho”, comenta.

Hoy, todos coinciden en que no se debe olvidar lo que pasó y que se debe estar atentos ante cualquier medida que provoque la pérdida de fuentes de trabajo o la inestabilidad.

Entienden necesario además que las nuevas generaciones, esas que todavía no habían nacido cuando estalló la protesta, tienen que conocer y saber lo que ocurrió en las dos ciudades.

Y hacen especial hincapié en los “piqueteros” que ya no están y deben ser recordados como Miguel Riedberger, que fue uno de los que mantuvo más fuerte: “el piquete del aeropuerto” como se lo llamó.

CUTRAL CO

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