Del dinosaurio a la mutisia

Haga usted la prueba. Viaje desde Bariloche por la Ruta 237 que bordea la margen izquierda del río Limay. Debe tener mucho cuidado porque el tránsito es denso, tanto en la mano de ida como en la de regreso. Llegando al río Collón Cura, que ya forma parte del embalse de Piedra del Águila, gire a la izquierda, tome la Ruta 40 y, al pasar por La Rinconada, diríjase, por la derecha, hacia Zapala. Notará que el camino es suyo y que el número de automóviles que arriban o retornan de los destinos turísticos neuquinos es significativamente reducido, casi inapreciable.

La primera conjetura insinúa el combustible. En efecto, Bariloche tiene varias estaciones de GNC y a partir de El Bolsón para el sur las naftas tienen un precio diferencial sumamente atractivo, una ventaja competitiva que, a la hora de la opción, determina el plan de vacaciones. La otra imagen aparece con la variedad de servicios básicos, hoteles y hosterías para todos los gustos y bolsillos, y -también- las prestaciones complementarias, es decir, todas aquellas actividades gastronómicas, recreativas y de esparcimiento hábilmente armadas para persuadir.

Este manual básico de la oferta, muy sensible para el otro lado del mostrador, se obtiene con inversión, la madre del borrego en toda la posterior concatenación de valores agregados. Del mismo modo tiene injerencia formidable el visitante cuya mirada está puesta en la protección del contexto. En forma creciente muchos clientes demandan mayor respeto por el medio físico y biológico. La Pachamama, agradecida. Curiosamente, es lo más parecido a la historia del huevo y la gallina, pues nadie sabe si la voluntad ambientalista es consecuencia de la difusión pregonada o si esta última aflora porque mundillos con cierto nivel cultural la sacan a relucir. Lo cierto es que todos estos componentes se alimentan a sí mismos y definen una poderosa actividad económica en la zona andina de la provincia de Río Negro. Un buen modelo para analizar y, tal vez con un poco de picardía intelectual, reproducir y mejorar.

Alguien que proclamara que un emprendimiento productivo es tan sólo galpón y herramientas debería revisar su carga de conocimientos microeconómicos. Antes que los bienes de capital está el mercado. Si existe demanda para determinados bienes y servicios, todo lo demás -ladrillos, hábitos culturales, financiamiento, costos, logística, etcétera- comienza por adquirir algún sentido. En el caso neuquino las ventajas comparativas -ambiente, clima, paisaje- tienen identidad anticipadamente comprobada; es decir, está todo listo para proponer, desde los increíbles horizontes del volcán Domuyo hasta la margen norte del lago Nahuel Huapi, pasando por lo agreste, solitario y saludable de la estepa patagónica.

Sin embargo el tema requiere, al menos, cuatro niveles para la intervención, agrupados en lo que actualmente se conoce como clusters: 1) las actividades centrales del servicio -hotelería, restaurantes, transporte, deportes, cotos de caza y pesca, agencias y guías turísticos, termalismo, etcétera-, 2) aquellas especialidades empresarias con escala que puedan generar denominaciones de origen y sellos de calidad -por ejemplo, carne de novillo cordillerano, chivitos neuquinos, artesanía de carnes silvestres, vinos australes, salmónidos de granja, frutas y verduras con resguardo orgánico, agua de bebida de manantial, dulces, confituras y conservas caseras, cervezas artesanales, quesos de cabra y oveja-, 3) un sector de servicios que apuntale los propósitos anteriormente descriptos, a saber, transporte de carga, talleres de mecánica pesada, empresas de asistencia emergente -plomería y electricidad-, carpintería, industria metalúrgica liviana, instalación y reparación de sistemas de comunicación, estaciones de GNC, clínicas y sanatorios, supermercados mayoristas y transformación de materias primas, entre otros, y 4) infraestructura básica, programada desde el Estado provincial. Sobre el particular es importante destacar un sistema educativo pensado en el abastecimiento laboral, capacitación del recurso humano para atender el modelo, definición de la asistencia crediticia orientada a la adopción de los impulsos programáticos, modernización de las comunicaciones y un sistema de investigación aplicado a necesidades neuquinas. Pero, por sobre todas las cosas, es prioritario concebir una red caminera bajo el precepto de seguridad vial.

Si se define que la turística es la posible actividad hegemónica tractora en condiciones de arrastrar al resto de la economía provincial, el imperativo categórico debe buscar una estrategia absolutamente diferente, casi revolucionaria en la materia. El eje cordillerano requiere una espina dorsal que soporte un tránsito turístico creciente y claramente encauzado hacia zonas no tradicionales y con dificultades, en la actualidad, para el acceso masivo. Esto, sin desatender las áreas emblemáticas (San Martín de los Andes y Villa La Angostura) a las cuales es preciso enriquecer -aún más- en calidad de prestaciones.

Lo cierto es que la garantía para el tránsito seguro por el interior provincial es la herramienta de elección para montar una vidriera que atraiga inversiones en términos de costo de oportunidad. Es obra pública estratégica, pues va a permitir que media Argentina -todas las provincias norteñas, centrales y del litoral- atraviese los paisajes norpatagónicos entrando por Barrancas y, de igual modo, que quienes arriben desde la región pampeana circulen por el corazón neuquino con todas las bondades de la seguridad vial. Si a estos accesos con dobles trochas por sentido de circulación se agrega una cadena de estaciones de servicio con GNC, es posible imaginar el comienzo de un complejo geográfico que nivele la demanda clásica de los lagos del sur con todo el potencial invalorable del centro y norte neuquino; en otras palabras: un San Martín de los Andes jerarquizado, con traje de vendedor, presentando al resto del turismo provincial.

Un párrafo sobre el tema de los recursos naturales renovables. El fracaso del cuidado ambiental está instalado, resignadamente, en el subconsciente colectivo de la humanidad. No existe sistema económico, político o social que haya resuelto el tema desde su dialéctica y doctrina, y mucho menos al momento de la praxis. En una de ésas, si se le otorga valor transable a lo ecológicamente conservado/recuperado, es posible revertir el tan famoso pasivo ambiental, ya abandonado a la buena de Dios; por algo la diferencia entre la economía y la ecología es tan sólo de dos letras y quienes tienen plata buscan ambientes no dañados por la actividad del hombre.

Como es de público conocimiento, el capital aterriza en sitios donde el negocio se encuentra a flor de piel. Entonces, ya que las bondades naturales todavía existen y no es utópico pensar en cuatro temporadas altas, además de apuntar a la seducción de la clientela de alta gama, nacional y extranjera, sólo hace falta imaginación, un resto de coraje y una percepción política basada en evidencias. Por otro lado, ya fue demostrado, con las grandes obras hidroeléctricas y la exploración/explotación hidrocarburífera: hay capacidad para armar planes, programas y proyectos en la tierra de las -por ahora eternas- mutisias.

Quienes arriesgan las finanzas propias están a la espera de señales que permitan el desembarco de ideas y negocios. Tal vez el viejo dinosaurio haga un último esfuerzo y permita anclar una política sustentable en uno de los últimos rincones del mundo cuya salud ecológica tiene probabilidades de ser explotada racionalmente y en condiciones de producir buenas utilidades.

ANDRÉS J. KACZORKIEVICZ (*)

Especial para "Río Negro"

(*) Director del Instituto Patagónico de Investigaciones Productivas


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