Delicado equilibrio en la parte comercial

El año pasado Río Negro y Neuquén en conjunto comercializaron 8,5 millones de litros de vinos entre exportaciones y despachos al mercado interno. Aunque es un número para destacar en cuanto a su magnitud, la cifra fue un 17% menor a las ventas realizadas un año antes. Traducido, hubo una caída en las colocaciones cercana a los dos millones de litros en la comparación de las últimas dos temporadas completas.

El derrotero de la vitivinicultura regional no escapa a las generales de la ley que se están dando en materia económica a nivel nacional. Un tipo de cambio prácticamente anclado y costos crecientes de mano de obra e insumos (tanto locales como importados) terminaron provocando un desequilibrio en las cuentas de las bodegas que operan a nivel regional.

Básicamente se dieron dos cuestiones que incidieron sobre el desempeño del mercado.

Por un lado, aquellos productos que tenían como destino de venta mercados del exterior y cuyos precios no pudieron ser ajustados en dólares perdieron competitividad respecto de vinos de otros países. Es decir que se trabajó sin margen de ganancia o en muchos casos incluso a pérdida, con el único objetivo de mantener mercados.

Esta situación, a nivel local, modificó la marcha del mercado interno.

La mayoría de estos productos que salieron del mercado externo fue reorientada a góndolas locales, provocando una saturación en la cantidad de etiquetas a la venta y un reacomodamiento de precios, donde proliferaron (proliferan) las ofertas para achicar stocks y hacerse de efectivo para seguir operando en aquellas cuestiones básicas.

Hoy las expectativas de los empresarios están puestas en medidas económicas que frenen la inflación y permitan planificar un escenario a más largo plazo.


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