Denuncias entre bóers de San Martín de los Andes

Arduamente, los Bresler consiguieron su título provisorio en 1908. Pero en sus tierras de Quechuquina surgieron conflictos vecinales entre esos mismos colonos llegados de Sudáfrica.





La pequeña epopeya pionera de los Bresler en Quechuquina -a orillas del Lácar (Neuquén) desde 1904-, recién se consolidó con el título provisorio N° 218 que le otorgó en 1908 el Ministerio de Agricultura. Pero las dificultades siguieron. ¿Es que alguna vez dejaron de tenerlas? Todo comenzó con su romance sudafricano cerca del Cabo y frente de la Table Mountain, medio siglo después que por allí recalara (entre el 5 y 7 de mayo de 1836) el incansable Charles Darwin luego que el capitán Fitz Roy ancló la Beagle tras dejar las aguas del Indico. Estos ingleses venían de estar en la Patagonia, casualmente el destino de los Bresler casi 7 décadas después.

Catherina Wilhelmina Zoutendyk y el maestro Daniel Martin Bresler, se enamoraron en la Colonia del Cabo. Tenían una numerosa prole cuando Bresler debió alistarse en las guerrillas que combatieron a los ingleses (guerra anglo-bóer). Ascendió a coronel en acción como ayudante del intrépido general Cristian Rodolfo De Wet.

Al igual que sus compatriotas, era de origen holandés. Venía de una acomodada familia labradora. Tras la guerra, volvió a la docencia mientras que su camarada de armas Francisco José Behr encabezó un movimiento migratorio hacia la Patagonia y Bresler predicó lo mismo.

En el hogar de Catherina y Daniel Martin cerca de la vieja Cape Town, cuna de 6 hijos -la única mujer, Cora- nadie imaginó que el que llevó los nombres del padre resultó el único que no honró el pulcro honor de la familia.

A Catherina le tocó educar a los hijos en medio de calamidades y peligros de aquella guerra. No tuvo sosiego. Tampoco como inmigrante, dos años después del fin de la contienda. No se alistaron entre las familias bóers que viajaron en 1902 del Cabo a Buenos Aires en el vapor Pampa del plan de Behr, que enfermó. Las gestiones las siguieron dos coroneles bóers: Camilo Ricchiardi y Louis Baumann. Ellos y el comisionado Conrado Johanes Visser vieron a Roca y acordaron con el ministro Wenceslao Escalante. La tierra elegida fue la atlántica del Chubut entre propuestas en Camarones, los lindes de la Colonia Sarmiento y no lejos de la hoy Co

modoro Rivadavia. En total les destinaron 980 mil Has. (Expte. 5105-T-1905, M° del Interior – Archivo General de la Nación) reservadas para la colonia bóer del Chubut por decreto de Roca del 28/04/1902 y adjudicadas el 26/12/1905 por el presidente Quintana. Más tarde se le llamó colonia Escalante (por Wenceslao, el ministro de Agricultura), tuvo 22 adjudicatarios, pero no a los Bresler: llegaron después a Buenos Aires. Pero ¿por qué pusieron rumbo a Neuquén?

 

La reverenda decisión

 

Quizás los convenció el reverendo Vosters quien el 27 de octubre de 1903 pasó por la estancia El Maitén, visitó la colonia galesa 16 de Octubre y siguió a Nahuel Huapi. Los diarios dijeron que era comisionado bóer y que elogió los valles de la cordillera, mejor opción para los demás bóer.

Ya se sabe que Daniel Martín Bresler fue cabeza de la colonia asentada cerca de San Martín de los Andes. No eran praderas para cultivos y ganado. Las 3 llamas para aclimatar sucumbieron y de los mil vacunos que arrearon hasta Quechuquina, muchos se volvieron montaraces, fueron robados o vendidos. Además de esas dificultades y el invierno tenaz, se dilataba el trámite de adjudicación. Fue la ama de casa quien presentó las quejas y organizó la lucha antiburocrática en las oficinas ministeriales de Buenos Aires.

Cuando el ingeniero Carlos Burmeister denegó las tierras a la familia en el invierno de 1907, contrariando lo ordenado por el decreto que publicó el Boletín Oficial (B. O., 5/03/1907), Catherina lo refutó con nota del 23 de agosto de 1907, donde además ofreció «invertir 1500 libras esterlinas que me mandó mi padre desde Sudáfrica» y se presentó como madre de 5 varones y 1 mujer.

Para el 5 de octubre de 1908, volvió Catherina a la carga y desmintió a Burmeister. Lo hizo con más precisiones y documentación a 13 meses de la sospechosa solicitud de tierras que correspondían a Bresler hecha por un tal Leopoldo A. Granada. Esta vez la nota de la señora Catherina de Bresler fue pulcra. Dirigida al director de Tierras y Colonias Ing. Eleazar Garzón, fue escrita a máquina en papeles sellados de un peso y redactada en tercera persona, seguramente en el despacho de algún abogado porteño. Acopiaba varias pruebas. Para su primer argumento contra el inspector Burmeister -la negativa a darle la posesión adjudicada- agregó el BO con el decreto presidencial incumplido. Documentó la compra de las mejoras -casa y corrales- al intruso Manuel Sobarso: el inspector dijo que los Bresler vivían en la casa de un chileno que desalojaron. También había valuado en 400 pesos dos galpones que Bresler construyó. Su esposa sostuvo que sólo el transporte de la madera superaba ese valor y que en cambio, sumando corrales y otras construcciones debía tasarse en 5000 pesos (agregó 3 fotos de esa «población») sin contar «los útiles agrícolas, arados, segadora, rastra y sembradora…».

Burmeister también informó que no tenían animales y Catherina evocó el paso del inspector en el que «…supongo en gran apuro por volver a la capital y evitar un trabajo bastante difícil en invierno, se rehusó de esperar el tiempo suficiente para el repunte de los animales y llevarlos a la estancia a su presencia». Presentó la guía de campaña que demostraba la compra de 1000 vacunos a Cayetano Domínguez «que en parte se alzaron, y parte (se) vendió..» pero quedaban «350 vacunos, 20 caballos y 16 mulas». La nota señalaba que el comisionado se rehusó visitar otras mejoras, ejemplo: «…hemos desmontado y arado alrededor de 40 hectáreas sembradas de avena, trigo, papas…».

 

Con ingleses siguió la guerra

 

Tampoco dejó pasar «las apreciaciones poco halagüeñas del comisionado Burmeister sobre mi marido, lo que naturalmente toca también al decoro y honor de toda su familia, diré que no me sorprende que haya habido personas, las mismas que ha tenido que desalojar forzosamente de las tierras fiscales que ocupó el Sr. Bresler con su familia y también unos sujetos ingleses y enemigos políticos de nosotros, bóers, que hayan calumniado a mi marido».

Otros comprobantes demostraban costos elevados de transportación «gastados a favor de otros colonos bóers, por haber mi marido en su propaganda en Sud Africa a favor de una inmigración a la Argentina, comprometiéndose a…» transportarlos de Buenos Aires a la colonia adjudicada. Pedía se le vendiera sus 2500 hectáreas comprometidas en el decreto presidencial.

A las dos semanas (el 21/10/1908) otro decreto resolvió la presentación de Catherina otorgando el título provisorio para la venta. Pero el documento se extendió recién el 9 de diciembre cuando Catherina ya estaba en Que

chuquina y por los Bresler actuó su apoderado, el coronel bóer C. Ricchiardi (quien en realidad tenía origen italiano y más tarde también fue titular de tierras en Neuquén).

La calma en Quechuquina le duró poco a los Bresler. En el verano de 1909 comenzaron las invasiones de animales de su vecino bóer Isbrand Van Dorsser a quien Bresler privilegió asentándolo en aquella costa del Lácar. Es cierto que el título provisorio llevaba impresa la advertencia «Terreno no medido» y las adjudicaciones a los colonos no estaban aún mensuradas.

Cuando Bresler intimó a su vecino para que retirara la hacienda de su campo, Van Dorsser recurrió al juez de paz de San Martín de los Andes, argumentó considerarla su tierra y, además, que no tenía lugar donde poner los animales. En una indagatoria posterior declaró que aquella vez se volvió conforme porque el juez le aclaró que la tierra era fiscal y Bresler tenía suficiente campo: no debía molestarlo y hacer morir esos, sus pocos animales (Expediente 2977- 1905- Legajo 10 – M° del Interior – Archivo Gral. de la Nación).

Fue ya entonces que surgió la figura justiciera de Daniel Martín Bresler hijo, que estaba dispuesto a arrear los animales a Van Dorsser. Pero ante su oposición, se retiró.

El conflicto siguió y quedó develado en el expediente 2977, abierto en Interior, como «conflicto de colonos holandeses». Es que ese era el origen inicial de aquellos pioneros y porque la queja llegó vía embajada de Holanda (Sudáfrica carecía de representación). La había presentado en Buenos Aires un hermano de Van Dorsser argumentando que la policía del Territorio molestaba a su hermano Isbrand y al compatriota Cornelio Van Westen. El ministro telegrafió al gobernador (el 27 de abril de 1909) para que los mencionados vecinos «de San Martín de los Andes, paraje llamado Wahum (sic), tratándose de colonizadores dignos de apoyo…» fueran protegidos y se tomaran medidas y garantías.

El gobernador Eduardo Elordi le alcanzó el telegrama al jefe de policía Alberto S. Arias y éste redactó el pedido para el comisario de Junín de los Andes Cecilio Yerio. La nota le llegó el 20 de mayo, citó a los denunciantes para que concretaran cargos, y el 29, a las 2 de la tarde, compareció Van Dorsser en Junín. Dijo ser holandés de 44 años, casado, colono y domiciliado en el Huahum, jurisdicción de este Departamento. «¿Cómo fue molestado por la policía?», le preguntó Yerio, y el bóer Isbrand arrancó de cero. Evocó que hacía 4 años que llegó a la colonia bóer, se radicó donde tiene su casa como a una legua de la de Bresler en las inmediaciones del Lácar. «Que jamás ha tenido desavenencias con vecinos y mucho menos con Bresler» pero que a principios de abril pasado Bresler le prohibió tener los animales en el campo que considera de su propiedad y entonces recurrió al juez de paz que le dio la razón. Cuando se le presentó el hijo de Bresler (que era muy hábil con el ganado) e Isbrand se opuso a que le arreara los animales, el joven vecino se retiró. En realidad, volvió a la casa de su padre, que además era jefe de la colonia bóer neuquina. Ensilló su caballo y marchó hacia la frontera, casi, hasta la subcomisaría de Hua-Hum. Haría su propia denuncia.

(Continuará)

fnjuarez@sion.com


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