Réquiem para un arquero

El juvenil jugador de Independiente, suplente de Navarro Montoya, falleció ayer en forma súbita tras sufrir un paro cardíaco mientras dormía.

29 nov 2004 - 00:00

Dormía. Un movimiento involuntario lo sobresaltó y comenzó a tener dificultades para respirar. Su novia, que dormía junto a él en su casa de Berazategui, le tocó el cuerpo y se dio cuenta que algo andaba mal. Sus ojos estaban entreabiertos y la respiración iba cada vez peor. La chica pidió ayuda a sus familiares y lo trasladaron de urgencia a un centro hospitalario. Pero todo sería inútil. Lucas Molina, 20 años, arquero suplente de Independiente, moriría en el camino, pasadas las 9 de la mañana de ayer.

Había hecho las divisiones inferiores en Independiente. Y fue allí donde encontró el debut en primera: el 30 de octubre de 2003 debió ingresar a los pocos minutos de comenzado el partido ante Vélez para reemplazar a Damián Albil, lesionado. Aquel partido Independiente, jugado en la “Doble Visera”, Independiente lo perdió 1 a 0 y Lucas salvó a los “rojos” de una goleada. Eran los tiempos turbulentos de “Chiche” Sosa como técnico de Independiente. Su primera gran actuación se produjo una semana después, el 2 de noviembre, cuando el equipo de Avellaneda empató 0-0 con Boca, en La Bombonera. Ese día Lucas fue titular por primera vez y casi todos los medios lo calificaron con un “10”. Luego jugaría tres partidos más en primera. El 2004 lo encontró como suplente de Carlos Navarro Montoya, quien hace poco más de un mes había dicho de él: “Con arqueros como Molina, que es el que más me gusta, Independiente tiene resuelto un problema por muchísimos años, porque tiene todas las condiciones para ser de los mejores”. Lo fue hasta el viernes pasado inclusive, cuando se sentó en el banco de suplentes -luego de atajar en reserva- en el empate “rojo” con Estudiantes, 2-2. Cedido a préstamo Damián Albil, Lucas se había transformado en el segundo arquero de Independiente, debajo de su admirador, Navarro Montoya.

No todo era “rojo” para Lucas. También el celeste y blanco fueron parte de su carrera. Es que formó parte de los seleccionados Sub-15, Sub-17 y Sub-20, con la que ganó el Sudamericano en 2003. Todo bajo la convocatoria de Hugo Tocalli, quien lo había descubierto en las divisiones inferiores de Independiente.

Pero todo fue interrumpido por la muerte, que sobrevino trágica y repentinamente. Una muerte que nadie siquiera pudo entrever. Casi cuatro meses atrás, conmocionaba la noticia de la muerte por un paro cardíaco de José Omar Pastoriza, entonces técnico de Independiente. Y ayer otra vez un corazón “rojo” que quiebra, que dice basta. El de Lucas Molina.

Ya no será posible verlo con el buzo y los guantes bajo los tres palos; ya no volará de un ángulo al otro. Independiente sufrió otro golpe demoledor y ya no podrá disfrutarlo. Pero allí donde haya un grito de gol ahogado por una gran atajada, allí estará Lucas Molina. (AR)

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