Hace 50 años se refundó el fútbol: el inolvidable debut de Diego Armando Maradona

El 20 de octubre de 1976, Pelusa pisó por primera vez un campo de juego. Con la 16 de Argentinos Juniors, enfrentó a Talleres y, claro, tiró un caño.

Por Redacción

Diego, listo para tirar caños en Paternal. (El Gráfico)

«Vaya, pibe. Juegue como usted sabe y, si puede, tire un caño». Eso escucho Diego Armando Maradona hace exactamente 50 años. Juan Carlos Montes, DT de Argentinos Juniors, lo mandó a la cancha para jugar el segundo tiempo ante Talleres y ese 16 de octubre de 1976, el fútbol cambió para siempre.

Con 15 años, 11 meses y 20 días, y con una extraña camiseta N° 16, Pelusa deslumbró en el estadio de Boyacá y Juan Agustín García, de La Paternal. Obviamente tiró un caño y no anduvo con chiquitas porque el que quedó pagando fue Juan Domingo Cabrera, más conocido como el Coya y caudillo de esa T.

Diego en acción, ante un Talleres lleno de figuras, con tres mundialistas del 78 (Valencia, Galván y Oviedo). (Prensa AAAJ)

Aunque muchos se adjudican la presencia en el histórico partido, la realidad es que hubo unos 7.000 espectadores. Todos quedaron deslumbrados, aunque nunca imaginaron lo que vendría más adelante. Desde ese día y hasta 1981, cuando pasó a Boca, Diego jugó 166 partidos y marcó 116 goles. Tremendo.


El día del debut


El partido entre Argentinos y Talleres se jugó un día miércoles y Maradona viajó desde Villa Fiorito en el tren Belgrano. Se bajó en Puente Alsina y subió al bondi 44 para llegar al estadio. Talleres se adelantó con un gol de Luis Antonio Ludueña a los 33 minutos del primer tiempo. Montes buscó un golpe de efecto y después del descanso mandó al 16 a la cancha, en lugar de Rubén Giacobetti, el 10 del Bicho.

Diego jugó cinco termporadas en Argentinos y fue goleador en cinco torneos diferentes. Todavía es récord. (AAAJ)

El resultado no cambió, pero sí el futbol, porque a partir de ahí todas las funciones con Diego en cancha fueron multitudinarias. Con la 10 de Argentinos en la espalda, fue el máximo goleador del torneo local en cinco ocasiones, un récord que todavía se mantiene.

Para muchos, ese Diego fue el mejor de todos, el de más potrero, el que repitió las maravillas que hacía en Los Cebollitas. La realidad es que fue el puntapié inicial de una historia increíble, que tuvo al Mundial 86 como máximo hito. Después, hasta el retiro de 1997, la magia apareció en menor escala, aunque nadie podrá sacarle el cartel de D10S.

El 16, una rareza en la carrera de Diego. Después agarró la 10 y no la soltó munca más. (AAAJ)


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