Desalojo en la UNRN | Análisis: la nafta y el fuego

Hay que dividir en dos planos los hechos ocurridos ayer en Roca. El final de la toma, por un lado, y el desalojo.



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Foto Emiliana Cantera

 

 

Nada bueno podía surgir después de tres meses de delito, diálogo cortado y niveles de violencia en alza puertas adentro de la UNRN.

Pero más allá de esa derrota inicial, hay que dividir en dos planos los hechos ocurridos ayer en Roca.

Por un lado, el necesario final del absurdo que significaba la presencia de dos docentes y un puñado de estudiantes en el Vicerrectorado, alterando la vida institucional de la casa de estudios, provocando pérdidas millonarias y generando un clima espeso, donde los aerosoles y los rostros encapuchados fueron el símbolo del desprecio por las mínimas normas de convivencia.

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Por otra parte, el problema que significó desde el principio hacer cesar el delito de usurpación.

Si pasaron 27 días desde que quedó firme la orden de desalojo hasta que se llevó a cabo el operativo, es fácil advertir que el Juzgado Federal no encontraba garantías de un accionar sin excesos por parte de las fuerzas de seguridad.

Y lamentablemente, ayer se confirmó que esas dudas tenían asidero.

Es imposible imaginar un desalojo sin el uso de la fuerza pública. Tomada esa decisión, no se esperan gestos diplomáticos.

Pero la Gendarmería operó ayer en Roca con el umbral de tolerancia bien abajo.

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El despliegue de 70 efectivos, 15 vehículos y otros recursos puso en duda la idea de que llegaron sólo para sacar a ocho personas de una casona. Y con el gas pimienta, los disparos con posta de goma y el carro hidrante ante manifestantes, pero también ante otras personas que nada tenían que ver con el conflicto, aumentó la sensación de que no vinieron sólo a disuadir y garantizar el perímetro para que se concrete el desalojo.

Liberaron el Vicerrectorado, sí.

Pero alimentaron también los argumentos de quienes advierten una luz cada vez más verde para reprimir fuera del margen asignado por la ley.

Y al mismo tiempo, hicieron un aporte a la imagen de mártires que parecieron buscar los protagonistas de la toma desde un principio.

Por eso, hoy sólo se puede hablar del final de la toma. Para resolver la crisis parece que falta. Y mucho.


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