Desarrollismo: estrategia económica clave del gobierno de Arturo Frondizi

La agenda del nuevo gobierno incluye muchas de las propuestas del expresidente.



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ALUDIDO EN SUS CAMPAÑAS POR MAURICIO MACRI Y DANIEL SCIOLI

Aunque Mauricio Macri y Daniel Scioli mencionaron en sus campañas presidenciales el desarrollismo, antes del balotaje, en realidad ambos formularon limitadísimas y poco elaboradas reflexiones sobre cómo lo encararían.

El presidente electo insistió en que hay que “encontrar el camino del desarrollo y el progreso”, porque “la Argentina tiene que crecer, mientras mejora su andamiaje institucional”. Dijo que declarará la emergencia económica y que se deben “generar acuerdos alrededor de políticas centrales que se transformen en políticas de Estado”. Prometió analizar “las necesidades de la gente, las realidades de lo que uno desearía y lo que se puede”; “terminar con la inflación, que se ha comido los ingresos de jubilados y trabajadores”; actuar contra el cepo y tener un tipo de cambio único y administrarlo en franjas; corregir “el impuesto a las Ganancias y rebajar las retenciones”, y alcanzar la “pobreza cero”. Procurará, además, generar “dos millones de puestos; combatir el empleo en negro y ayudar a los jóvenes a conseguir su primer trabajo”.

Arturo Frondizi pretendía “gobernar para los veinte millones de argentinos”, según su mensaje radial del 9 de febrero de 1957. Sus propuestas fundamentales eran:

• “Lograr el reencuentro de todos los argentinos y restablecer la paz interior para que no haya odio ni miedo y para que dejemos de perseguirnos los unos a los otros”.

• “Promover una economía de abundancia, afirmada en la integración del agro, la minería y la industria, en la explotación intensiva y racional de todos los recursos naturales y en la consolidación y los cambios por organismos de la Nación”.

• “Orientar el comercio exterior en exclusivo beneficio del país, para sostener la balanza de pagos y aumentar las reservas en metálico y divisas, mediante la defensa de los precios de las exportaciones y el ordenamiento de las importaciones”.

• “Facilitar el acceso del pueblo a la cultura, a la educación y a la capacitación técnica y promover la formación de investigadores, técnicos y profesionales que permitan colocar al país en el alto nivel de las naciones más adelantadas del mundo”.

• “Fortalecer las organizaciones del trabajo y de la producción, asegurando la existencia de una sola central obrera, la libertad sindical y el derecho de huelga”.

Posteriormente, al asumir la presidencia el 1 de mayo de 1958, reveló que el primer proyecto que elevaría al Congreso sería la sanción de una “amplia y generosa amnistía”, dispuesta el 22 del mismo mes, para todos los delitos políticos comunes conexos o militares cometidos hasta la promulgación de la ley. Argumentó, en aquella oportunidad, que “la promoción del desarrollo nacional, objetivo fundamental de nuestra política económica, debe ser llevada a cabo en todos los planos de la actividad del país. Para que ello sea posible, es indispensable que exista un clima de tranquilidad, seguridad y estabilidad”. Aclaró, también, que “la existencia de garantías jurídicas concretas para las personas y los bienes es condición necesaria pero no suficiente. El gobierno debe crear condiciones que permitan la formulación y el desarrollo de programas de largo alcance. La inestabilidad y los cambios de orientación oficial desalientan a los hombres de empresa, puesto que nadie se atreve a trazar planes para el futuro si no está seguro de que las condiciones tomadas como punto de partida se han de mantener en el plazo previsto. Si no puede haber previsión, tampoco habrá inversión. Y sin inversiones productivas y realizadoras, el sistema económico languidece y declina el bienestar de la población”.

Frondizi llegó al gobierno prometiendo resolver “los problemas de la estabilidad y el desarrollo”. El y Rogelio Frigerio impulsaron el desarrollismo y criticaron el modelo encarado desde hacía un par de décadas, “fuertemente dependiente de los recursos provenientes de las exportaciones agropecuarias. La industrialización vía sustitución de importaciones, que (Juan Domingo) Perón propició, estaba vinculada –argumentaron– con un permanente estímulo de la demanda interna y el subsidio estatal y promovió un desarrollo básicamente insolvente de la industria liviana (por ejemplo, textiles y acero), que descansaba en la capacidad –por cierto, incapacidad– de importar del sector exportador”. Esta estructura productiva mantuvo al país en una situación de “subdesarrollo que lo relegaba no sólo de los avanzados, sino también respecto de otras economías latinoamericanas de mayor crecimiento relativo, como la de Brasil”, y debía ser modificada.

Los programas de acción y las medidas prácticas serían “sometidos a la discusión pública y elaborados previa consulta con los sectores que puedan aportar conocimientos directos de la realidad, a la que no tiene siempre acceso el funcionario”. Aquel gobierno admitía “un papel clave: establecer, primero, el orden de prioridades, y después los plazos en que debían alcanzarse”. Consideraba que sería “una intervención limitada en la economía”.

Los rubros multiplicadores de la actividad económica –insistía Frondizi– serían: la siderurgia, la energía, la química pesada, petroquímica, celulosa y papel, maquinarias y equipos, transportes, y comunicaciones. Eran los que “unificarían el mercado interno” y permitirían “superar el atraso y el aislamiento”. Como obstáculos, indicó la “estrecha dependencia de las importaciones de combustibles –para lograr el autoabastecimiento lanzó ‘la batalla del petróleo’, el 24 de julio– y de acero”, que requerían “una drástica disminución del nivel de vida del pueblo, con sus secuelas de atraso, desocupación y miseria”, o explotar “con entera decisión nuestras riquezas potenciales para crear las condiciones de bienestar y seguridad en un futuro próximo y cierto”. Por otra parte, debían expandirse elementos claves de la infraestructura, como la red de transporte vial, los aeropuertos y la hotelería y los suministros de electricidad.

La producción agraria crecería mediante la tecnificación y mecanización. Por las tendencias proteccionistas de los países importadores (por ejemplo, la del entonces naciente Mercado Común Europeo), se reconocía que en el corto plazo no había grandes posibilidades de colocar mayor producción. De cualquier manera, estaba previsto crear las condiciones para contar con un mercado grande y unificado a nivel nacional, mediante una expansión armoniosa de todas las regiones y la integración económica.

Aquel gobierno creó el Consejo Nacional de Desarrollo (Conade), en septiembre de 1961, para precisar los objetivos y las condiciones de desenvolvimiento de todos los sectores sociales.

Para concretar transformaciones económicas tan profundas había que actuar rápidamente. No se aplicaron restricciones cambiarias, ni a las transferencias desde la Argentina de ganancias, intereses, aranceles o capitales al tipo de cambio prevaleciente en el mercado libre y el trato acordado a los inversores extranjeros privados por la Argentina, “posiblemente el más liberal de toda América Latina”.

Frondizi sostuvo que “la mera exposición de las posibles alternativas a una estrategia global de desarrollo indican el único camino que se les ofrece a nuestros países. Si no hay ya lugar ni plazos para un crecimiento espontáneo, similar al de los países desarrollados, si el comercio exterior está sometido al deterioro de los términos de intercambio y a la interferencia de los monopolios y si la economicidad equivale a una postergación del desarrollo, nuestra tesis, más que una elección entre tantas alternativas, es una imposición de la realidad objetiva”.

Presionado por diferentes circunstancias, el presidente anunció el Programa de Austeridad y Reducción del Gasto Público, el 29 de diciembre de 1958, que suprimió el mercado libre de cambios, aumentó los impuestos, restringió los créditos y redujo el personal de la administración pública.

La creciente oposición sindical y los actos de terrorismo llevaron al gobierno a aplicar el plan Conintes, en marzo de 1960, concediendo a las Fuerzas Armadas y policiales los controles y colocando bajo jurisdicción militar a los civiles implicados en actos terroristas.

Frondizi le envió una carta a John Fitzgerald Kennedy, presidente de Estados Unidos, el 3 de abril de 1961, quien había anunciado la Alianza para el Progreso. Expresó allí su esperanza de que un “sistema de cooperación eficaz” permitiera a América Latina alcanzar su desarrollo. Incluso advirtió que “las condiciones de subdesarrollo imperantes” en la región “perturban e interfieren en todo el esfuerzo nacional para promover el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros pueblos”. Hasta sugirió “una activa participación de los países de Europa occidental” que asegurara “la canalización eficiente del esfuerzo de cooperación hacia los sectores básicos”.

La declaración de Uruguayana, suscripta por Frondizi con Janio Quadros, presidente de Brasil, diecinueve días después, reafirmó la intención de lograr una estrategia común para los países latinoamericanos en busca de su desarrollo, afirmando su ubicación en el “mundo occidental y cristiano”.

Treinta y dos planteos militares fueron los que soportó Frondizi, quien infructuosamente intentó cambios en el gabinete, formar gobiernos de coalición y salvar la legalidad. Tras el triunfo electoral del peronista Andrés Framini en la provincia de Buenos Aires, intervino las provincias en las que había ganado precisamente el peronismo.

Falleció el 18 de abril de 1995.

Miguel Ángel Fuks

miguelangelfuks@yahoo.com.ar


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