Desde el corazón de una media maratón

La mejor manera de prepararse para escribir sobre la prueba





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“Río Negro” fue auspiciante de la prueba y contó con tres representantes que la corrieron.

La largada de la prueba Llao Llao 21 K fue el sábado a las 11 pero este cronista, que jugó a ser “atleta” por un rato, ya había empezado a correrla, en su cabeza y en su corazón, en el mismísimo instante en que terminaba de completar el formulario de inscripción. En el día previo aparecen los nervios, la ansiedad y las preguntas. ¿Podré terminarla? ¿21 kilómetros no será mucho? ¿Quedaré en condiciones para enviar la nota al diario? Todas las respuestas a esas preguntas comenzaron a responderse a partir de las 11:06 del sábado, cuando se escuchó el disparo que anunciaba la largada. Las palabras de aliento entre los corredores, en inglés, francés, portugués, alemán y español, eran la música que más sonaba cuando la multitud salió en busca del objetivo. Pasaban los kilómetros y aparecían escaladas duras y pronuncias que a su vez ofrecían algunas bajadas para poder recuperarse. El color de los arboles, las montañas nevadas, el trinar de las aves, el aire puro y frío eran el combustible ideal para que los motores traccionados a sangre de los 380 atletas puedan funcionar a la perfección y luego se convertían en el entretenimiento perfecto para dejar de preguntarse: ¿cuánto falta? ¿Quedan más subidas? El cerro López miraba desde arriba y en los últimos kilómetros las respuestas aparecían solas. “1 km” marcaba el cartel, la gente alentaba cada vez más, el locutor oficial anunciaba el tiempo de carrera y el reloj se clavó en 1: 48:26 cuando, por fin, pude completar los 21 kilómetros y responder cada una de las preguntas. (Sergio Arregui)


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