Desigualdad a la americana: por primera vez retrocede la clase media

Se suman las crisis de representación política, con dirigentes aislados de los ciudadanos, y siguen los ecos de la ocupación de Wall Street.



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La cuestión racial está presente en la vida social y en el empleo.

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La globalización casi hizo desaparecer al trabajador industrial.

¿Qué explica que Estados Unidos tenga tanta clase media y trabajadora enojada cuando el país logró bajar el desempleo al 5% y crecer al 2,4% después de la crisis de 2008? ¿Por qué los afroamericanos están tan disconformes si uno de los suyos, Barack Obama, llegó por primera vez al poder?

Los estadounidenses han vivido otros revolcones económicos antes, pero la novedad que más molesta tiene otro nombre: desigualdad. Un solo dato evidencia la dimensión inédita de esta realidad con impacto social y político: por primera vez en casi un siglo, la clase media perforó este año el piso del 50%. O sea, son menos que la suma de ricos y pobres.

Los hogares blancos ingresan 6 o 7 veces más que los latinos y afroamericanos, que además ganan 20% menos en iguales condiciones. Al actual ritmo de la economía, a una familia afroamericana promedio le llevaría ¡228 años! igualar la riqueza acumulada por una blanca.

La acelerada concentración de la riqueza llevó el PIB generado por las 100 primeras empresas del 33% en 1999 al 46% en 2013. En 2000, los cinco principales bancos atesoraban 25% del negocio. En 2015, el 46%.

Entre 1950 y 1980, una edad dorada del sueño americano, los ingresos del 90% casi se duplicaron. Todo cambió luego: mientras en 1970 el 1% más rico acumulaba el 19% de la riqueza, en 2007 ya era 35%. Hoy, con 14% de pobres (45 millones), el 10% más rico acumula 66% de la riqueza.

Los extremos coinciden

Datos sobran. Pero la clave es que la sociedad, impregnada de miedo y rabia, reaccionó políticamente a esa transformación. En las primarias republicanas abrazó el populismo nacionalista de Donald J. Trump. En las demócratas, encolumnó a la juventud más progresista detrás del socialista Bernie Sanders.

Trump y Sanders, tan diferentes, coincidieron en dirigir sus discursos a un enemigo común, el corazón de Wall Street, y denunciaron su convivencia con el establishment político tradicional de Washington, el de Hillary Clinton.

Muchos analistas establecen puntos de contacto entre esa reacción y el referéndum que provocó el Brexit. Uno, al menos, es seguro: una crisis de representación política, de aislamiento de dirigencias que se desconectaron de la suerte de franjas sociales medias pero vulnerables.

Pese a los esfuerzos de Obama con algunas medidas sociales, como su reforma sanitaria, la “sociedad del 1%” denunciada hace cinco años por el movimiento Occupy Wall Street sigue ahí. Los empleos se recuperaron pero son peores pagos y las deudas persisten. La tecnología y la globalización, además, reconvirtieron la matriz productiva del país, que prescinde de aquel feliz trabajador industrial (blue collar) de los 60.

Es verdad que, en el fondo, lo que agita el discurso autoritario de Trump es la cuestión racial. Aun así, sin un contexto de inequidad su discurso difícilmente hubiese llegado tan lejos. De hecho, su principal rival en las primarias, Ted Cruz, también repudiaba a “las elites de Washington”. En perspectiva, hay condiciones para que sobreviva un trumpismo sin Trump.

Millones y sueños

Es la misma razón por la que Hillary se vio obligada por Sanders a incorporar en la plataforma demócrata una suba del salario mínimo (7,25 dólares/hora), nuevos impuestos a los más ricos y más controles sobre los negocios de Wall Street con los que ella coqueteó en privado.

Como nunca antes, el dinero permeó la política liberando millonarios aportes a las campañas (los Súper Comités de Acción Política legitimados por la Corte Suprema en 2010). La “revolución política” de Sanders le opuso una recaudación de aportes personales, pero una reforma sigue pendiente.

El resultado de las elecciones del 8 de noviembre mantendrá viva la incógnita central: si la clase política estadounidense es capaz de restaurar aquel sueño americano de prosperidad compartida, sin necesidad de embarrar su antigua democracia como se vio en el segundo debate presidencial.

Las perspectivas son desalentadoras. Según las encuestas, casi la mitad de los estadounidenses desconfía que Hillary o de Trump puedan despertarlos de la pesadilla.

En números

Datos

20% menos
es lo que ganan latinos o afroamericanos respecto de los blancos, en iguales condiciones.
5%
es la tasa de desempleo, y 2,4% la tasa de crecimiento, luego de la crisis del 2008.
14%
de pobres hay en el país, lo que representa 45 millones de personas; mientras que
el 10% más rico acumula el 66% de la riqueza.

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