“Movimiento único”, la primera novela de Diego Gándara

Por Redacción

“Movimiento único”, la primera novela de Diego Gándara

Radicado en Barcelona desde 2001, de basta trayectoria en el periodismo cultural y la industria editorial, acaba de publicar “Movimiento único”. Conocé más de este libro en nuestra entrevista con su autor.

Santiago Novoa estaba convencido de algo: no se puede escribir una novela antes de los 40 años. Diego Gándara, le creyó. Sólo entonces, a sus 40 años, Gándara se lanzó a la aventura de escribir su primera novela. “Movimiento único” (Seix Barral, 2018), el texto en cuestión, nos desliza con un impulso a veces veloz, y otras no tanto,por la vida de Santiago Novoa, un joven periodista cultural que se desplaza de Ramos Mejía a la Capital Federal entrevistando escritores y reseñando libros de modo free lance. Con la crisis de 2001 en el horizonte, Novoa planea un desplazamiento mucho más trascendente que aquel cotidiano que lo mueve de provincia-capital y viceversa. Piensa en moverse a Barcelona. Y lo que se activará, lo conmoverá y, finalmente lo impulsará, es un movimiento ancestral, el de su familia gallega en permanente plan migratorio.

Mientras las biografías de Novoa y Gándara se (con)funden, aparecen otras, las de Rodrigo Fresán y Enrique Vila Matas, entre otros escritores. Pero sobre todo, aparece la de Roberto Bolaño, con quien Novoa (y Gándara) entablará una profunda amistad hasta la inesperada muerte del escritor chileno. Y con ellos, entre otros, también aparecen en “Movimiento único” los entretelones del oficio de ser periodista cultural en los primeros años del siglo XXI.

Desde 2001, Diego Gándara vive en Barcelona donde realiza variadas actividades en el mundo editorial. Por correo electrónico, intentamos desglosar junto a él las fuerzas que impulsaron los movimientos que subyacen en su primera novela, el modo en que entra y sale de ella a través de Santiago Novoa y de dónde sacó este aquello de ser novelista recién después de los 40.

P– El tipo de la solapa y el protagonista se parecen bastante, ¿cómo te llevaste con Santiago Novoa?

R- Bien, bastante bien. Convivo con él desde hace muchos años. Alguna vez le presté mi nombre y mi apellido para que los usara como pseudónimo y me di cuenta de que no sólo me parecía a él, sino de que escribía, además, con mayor soltura que yo. Así que no tuve ningún problema en pedirle que escribiera una novela en la que mezclara sus experiencias de vida con las mías y que terminaría firmando yo. Podríamos haberla escrito y firmado a cuatro manos, pero si hay algo que Santiago no ha logrado vencer en todos estos años, es la timidez, la sensación de que todo lo que escribe lo escribe mal.

P- Recién conocimos el nombre del protagonista en el tramo final de la novela, ¿fue estratégica su tardía presentación?

R- No, para nada. Eso me lo hizo ver mi amigo Martín Lombardo, un escritor y psicólogo argentino que vive en Grenoble y que acaba de publicar una novela en Argentina. Cuando le envié una primera versión, me dijo: che, qué bueno que el primero que nombra a Santiago Novoa sea Bolaño. No me había dado cuenta de ese detalle, la verdad, lo cual me demostró que, para ponerse a escribir, es mejor no tener todo controlado: hay que darle un poco de espacio al delirio, a la inconsciencia, a lo que no se sabe. En cualquier caso, esa lectura, ese detalle, me sirvió muchísimo como guía en las versiones posteriores, que fueron varias. Lo importante, me dije, no es tener un nombre, sino ser nombrado.

P- La novela, que se llama “Movimiento único”, está impulsada por pequeños movimientos. Sin embargo, lo que impulsa a Novoa es su viaje a la Galicia natal de su padre. ¿Cuál es el combustible que encuentra allí para acelerar el movimiento que “no se detendrá nunca más”?

R- Lo que le pasa a Santiago en Galicia es lo mismo que le ha pasado a tanta gente en Argentina que ha ido a conocer la aldea de sus padres o de sus abuelos en España o en Italia. Es una experiencia fuerte, y un poco difícil de entender, también, para el que no la ha vivido. Uno se encuentra con un lugar que antes sólo estaba en la imaginación. En mi caso, que es también el caso de Santiago, fue encontrarme con lo que me contaba mi abuela y con lo que recordaba mi padre de su infancia en Ourense. Uno comprende que el lugar en el que se nace es arbitrario, incluso casual, y que las raíces, como la realidad, puede estar en cualquier parte. Que pertenece a un linaje que, durante cuatro generaciones, no había hecho más que moverse. Lo que hace Santiago, simplemente, es tomar conciencia de ese movimiento y entrar, con los ojos cerrados, en él.

P- La crisis argentina de 2001 es el marco en el cual Novoa decide irse del país, pero no parece que se haya ido por esa crisis, como sí lo hicieron muchos. A él lo movilizan (justamente) otras cosas, ¿es así?

R– Bueno, Santiago se va de la casa de sus padres y de su barrio antes de la crisis, a comienzos de 2001, cuando preveía que todo se iba a pique. Lo que lo moviliza, entre muchas otras cosas, es el deseo de dejar la casa paterna y de labrarse un futuro mejor que el que imaginaba que podía llegar a tener en Argentina. Pero la crisis argentina, al fin y al cabo, termina padeciéndola en Barcelona, unida a otras crisis más personales y que tienen que ver con el desarraigo, con la pérdida y el desamor.

P- Santiago Novoa está convencido de que no se puede ser novelista antes de los 40 años, ¿qué te impulsó a ser novelista (y a respetar al pie de la letra aquella máxima de Novoa)?

R- Esa frase la leí en un cuento de Ricardo Piglia. Hay un personaje que dice que narrar es fácil si uno ha vivido lo suficiente para captar el orden de la experiencia, con lo cual, agrega, no se puede ser un novelista antes de los cuarenta años. En ese sentido, no es que yo haya respetado al pie de la letra esa máxima, sino que me puse a escribir cuando, en un momento un poco complicado de mi vida, necesité darle un orden a una experiencia personal. Tenía cuarenta y dos años y me dije: es ahora o nunca. Y empecé a escribir. Y no: narrar, a diferencia de lo que dice el personaje de Piglia, no es fácil. Aún así, no me siento un novelista. Sólo he escrito una novela (aunque hay otras que han muerto en el intento) y lo he hecho con muchas dudas y esfuerzos pero, sobre todo, con una voluntad de hierro, con una disciplina monacal. Sí me siento, eso sí, un hombre que escribe, o un escriba, pues me gano la vida, desde hace muchos años, escribiendo toda clase de textos.

P- Con “Movimiento único” pasaste de periodista que habla de literatura a escritor de sus propios libros, también hay un movimiento allí ¿cómo lo experimentaste?

R- Nunca quise ser escritor. He querido ser otras cosas, como jugador de fútbol, por ejemplo, o sacerdote, pero jamás me dije: cuando sea grande quiero ser escritor. Y un escritor, además, profesional. Con el paso de los años, sin embargo, fui dándome cuenta de que mi vida se iba ordenando en función de los libros que leía y de que, en el fondo, por más que no quería ser escritor, algo me llamaba a escribir. Así que la experiencia de haber escrito esta novela me ha resultado muy gratificante, porque me di cuenta, una vez que la terminé, de que me había hecho escritor escribiendo en la soledad más solitaria, no hablando de literatura ni gritando, a los cuatro vientos, «soy un escritor».

P- Para Novoa, “la literatura no era más que un montón de libros que había leído”. ¿Lo era para vos antes de “Movimiento único”? ¿Lo sigue siendo?

R- Me parece que lo que Santiago quiere decir es precisamente que le faltaba experiencia. Por eso la literatura, para él, en ese momento, no era más que un montón de libros que había leído. Luego, cuando se encuentra con la vida a secas y en otro lugar, lejos de sus padres y de todo, comprende que no se puede escribir sin experiencia. Hay una frase de Isidoro Blaisten en su libro «Anticonferencias» que lo resume muy bien: Si la fiera no ruge, dice, el ángel no canta.

P- La figura de Roberto Bolaño atraviesa la novela, ¿cuál es su influencia real y literaria en tu vida?

R- La influencia es, ante todo, real, y tiene que ver con lo que Bolaño como persona (y subrayo el término persona) me transmitió, como también lo han hecho otras personas: cierto sentido del valor, de la valentía, la importancia de la nobleza y, aunque suene cursi, del amor. Siempre llevo en mis oídos algunas cosas que me ha dicho y que, en momentos puntuales de mi vida, me sirvieron y siguen sirviéndome, como esa que dice que «el amor incluye la fetidez» y otras que callo por pudor y por decoro. En cuanto a la influencia literaria, la verdad es que, ante la obra de Bolaño, que me parece la obra más importante que ha dado la literatura hispanoaméricana en los últimos tiempos, sólo puedo sentirme un lector.

P- En un momento, Novoa reflexiona acerca del movimiento y de “la velocidad de las cosas”, que es el título de una novela de Rodrigo Fresán, a quien nombra apenas unas líneas más arriba. ¿Que ambos detalles aparezcan en un mismo párrafo es un cierto tipo de homenaje o simple coincidencia?

R- Es un homenaje. Todo lo que se cuenta sobre Rodrigo Fresán en la novela es verdad. Empecé a leerlo en la adolescencia, cuando Fresán escribía en la revista Pelo, y después, ya convertido en escritor, seguí leyéndolo. Encontrarme con él en Barcelona ha sido una bendición. Y su amistad, un privilegio.

P- Leí unas cuantas definiciones acerca de tu novela, ¿cómo la definirías vos mismo a Movimiento único?

R- No sé qué definiciones habrás leído acerca de mi novela. A mí me cuesta definirla, explicarla. En cualquier caso, cuando me preguntan si es autoficción, un término que me produce cierta sospecha y que me suena a autoengaño (la autoficción es lo que uno se cuenta en un diván ante el psicoanalista), digo que es una novela (sobre todo eso: una novela) basada en experiencias (que no en hechos) personales.

Quién es Diego Gándara

Datos

Nació en Buenos Aires en 1971. Es periodista. Publicó entrevistas, reseñas y reportajes en La Voz del Interior de Córdoba, El Día de La Plata, La Capital de Rosario, El País de Montevideo, Las Últimas Noticias de Santiago de Chile, y en los diarios Perfil, La Nación y Clarín de Buenos Aires. Vive en Barcelona desde 2001, donde trabaja en el sector editorial como asesor, lector, corrector, redactor y editor. Ha sido colaborador en la revista Qué Leer. Crítico literario y colaborador habitual del periódico La Razón de Madrid desde 2002, ha escrito biografías de Séneca, Sartre, Humboldt, Plank y Pasteur, entre otros libros por encargo. En 1995 publicó el libro de poemas Sino tu sombra. Movimiento único es su primera novela.

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