Dilemas presidenciales
Aunque parecería que la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sigue contando con la aprobación de aproximadamente el 40% del electorado, los estrategas del candidato oficialista Daniel Scioli creen que, para superar a Mauricio Macri en el balotaje, le sería forzoso diferenciarse lo más posible de ella a pesar del riesgo que le supondría el “fuego amigo” resultante. Puede entenderse, pues, la confusión que sienten muchos simpatizantes del gobernador bonaerense. Saben que para ganar necesitaría los votos que Cristina podría estar en condiciones de aportarle, pero temen que sus esfuerzos esporádicos por apartarse del “relato” terminen enojando tanto a los ultras del kirchnerismo que optarían por tratarlo como un “traidor”. Incluso se ha rumoreado que su compañero de fórmula, Carlos Zannini, ha amenazado con abandonarlo si se le ocurriera rebelarse contra la tutela presidencial, lo que sí provocaría una crisis política de proporciones. Por lo demás, entre muchos oficialistas se ha difundido la sensación de que, en el fondo, Cristina preferiría que Macri la sucediera en el poder, en parte porque siempre ha despreciado a Scioli, y porque el eventual fracaso de un gobierno encabezado por el candidato del Frente de la Victoria significaría el fin de su proyecto personal, lo que a juicio de muchos no sería el caso si pudiera atribuir los problemas gravísimos que le aguardan al presidente próximo a las deficiencias propias de una coalición parecida a la encabezada hace tres lustros por Fernando de la Rúa. En sus apariciones públicas recientes, Cristina ha dejado saber que le importa mucho más el destino de su “modelo” que los resultados del balotaje. Para subrayarlo, en una oportunidad habló durante horas sin mencionar por nombre a Scioli. Puesto que nadie supone que la presidenta haya llegado a la conclusión de que los esquemas que sigue reivindicando no son viables y que por lo tanto sería preciso reemplazarlos por otros muy distintos, parece estar preparándose para defenderlos contra quienes con toda seguridad la culparán por el estado de la economía nacional. Si bien hasta ahora los candidatos a sucederla han procurado minimizar la gravedad de la situación que enfrentará el ganador de la carrera electoral, entenderá que sólo sea cuestión de una tregua breve. Una vez concluida la campaña, el triunfador se animará a hablar con franqueza acerca de la herencia que pronto será suya. Para consolidar su poder, Cristina se afirmó partidaria de una ideología determinada, pero Macri y Scioli son pragmáticos natos. Se trata de una diferencia fundamental: los pragmáticos privilegian los resultados concretos, los ideólogos dan prioridad a las abstracciones a las que se aferran, razón por la que algunos, como el exdictador cubano Fidel Castro y a su modo particular el mandatario venezolano Nicolás Maduro, han estado más que dispuestos a arruinar sus países respectivos porque la alternativa sería confesar haberse equivocado. Puede que fuera tardía la conversión de Cristina a las ideas que ha reivindicado en el transcurso de su gestión, pero así y todo es de suponer que las toma tan en serio que, pase lo que pasare en los meses próximos, seguirá insistiendo en que al resto del país le convendría apoyarlas. Es de prever que, poco después del 10 de diciembre, Cristina y sus incondicionales asuman una postura netamente opositora para atribuir al gobierno la plena responsabilidad por la crisis en que se encontrará el país. Será por eso que, luego de perder la hegemonía sobre la provincia de Buenos Aires, los kirchneristas más resueltos han estado actuando como si a su juicio fuera inevitable que Macri se impusiera a Scioli y que por lo tanto les corresponde iniciar una contraofensiva encaminada a permitirles regresar al poder en 2019 a más tardar. Desde su propio punto de vista, sería lógico esperar que fracasara la campaña de Scioli, al que consideran un intruso oportunista, puesto que no sería de su interés que un presunto kirchnerista tuviera que encargarse del desaguisado socioeconómico que ellos mismos han armado. Para justificar tal postura, hablarán de sus ideales revolucionarios y principios inclaudicables, minimizando así el significado de las consecuencias para millones de personas de lo que hicieron cuando les tocaba gobernar el país.
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