Dinamarca: un gobierno distinto



Después de toda una década de gobiernos conservadores, Dinamarca tiene ahora uno distinto: “rosa”; de izquierda moderada, entonces. Integrado por una coalición de partidos conformada por los socialdemócratas, la izquierda radical y los liberales. Lo eligió su gente, en unos comicios que despertaran gran interés y a los que finalmente concurrió a votar nada menos que el 87,7% del electorado local. Lo que es también absolutamente inusual en una nación en la que la política tiene poco de traumática. Los cambios en el plano de la política serán seguramente muchos y –quizás– de fondo. Pero los ha habido ya, aunque de forma, que naturalmente son los fáciles. Tanto es así que los integrantes del atípico nuevo gabinete danés llegaron a asumir montados en una larga y disciplinada caravana de bicicletas. Cada uno pedaleando la suya. Para nosotros, toda una cosa rara e inusual; pero para una sociedad que desde hace rato está absolutamente acostumbrada a las bicicletas, esto es al pedaleo (no el financiero sino el real), no tanto. La nueva primera ministra, Helle Thoming Schmidt, tiene tan sólo 44 años y es la primera mujer que, en toda la historia de su país, encabeza un gobierno danés. Es, además, la nuera del alguna vez combativo ex líder laborista británico, el “colorado” Neil Kinnock. En su gabinete hay, asimismo, personajes que son aún mucho más jóvenes que ella. Cuenta con una edad media de 43 años y está conformado por 23 ministros, entre los que hay nueve mujeres. El 39% entonces. Cabe mencionar, en primer lugar, al nuevo ministro de finanzas: Thor Moger, un socialista y sonriente ex estudiante de ciencia política que –nacido en 1985, de 26 años de edad– ostenta ahora el récord de ser el miembro del gabinete más joven de toda la historia de Dinamarca. Otro récord que cae, entonces. Queda visto que los argentinos no somos los únicos que para ese delicado puesto apostamos a la juventud, en consecuencia. Lo que supone de alguna manera dejar de lado la experiencia, lo que siempre supone toda una apuesta, con sus riesgos naturalmente. Allí y aquí. También aparece Ida Auken, a quien se confiara la cartera de Medio Ambiente, quien promete que para el 2020 toda la energía que habrá de consumir Dinamarca será eólica. Limpia, en consecuencia. Ésta es una audaz jugada a una sola carta que puede cambiarle la cara a una pequeña nación. Pero que, además, si de pronto aparecen otras formas alternativas –más baratas– de generar energía eléctrica, podría terminar siendo una pesadilla para los daneses. Y Astrid Krag Kristensen, puesta a cargo de la delicada cartera de salud pública, quien propone cambios drásticos, como acelerar el tratamiento médico de los tumores o poner más apoyo psiquiátrico a disposición de todos los niños y jóvenes, eliminando de paso (para financiar el aumento del gasto en este rubro) la actual deducción impositiva de los gastos que se hacen para pagar seguro de salud. Para el nuevo gobierno la tarea inmediata es la de enfrentar un déficit de 6.300 millones de euros y una tasa de desempleo del 6%, alta para Dinamarca, que la ha duplicado en los últimos dos años. La oposición obviamente se prepara para dar una batalla previsible, la de reconquistar el poder perdido. Lo que supone seguir muy de cerca cada paso del nuevo gobierno, al que desde el vamos acusa de “vedetismo” y peligrosa inexperiencia. Pero lo cierto es que el veredicto acerca de la bondad (o no) de su gestión será finalmente el de las urnas. Como corresponde a una verdadera, sólida y madura democracia. (*) Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

EMILIO J. CÁRDENAS (*)


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