Diplomáticos anticipan un debate caliente, pero sin crisis

La ciudad recibe hoy a los presidentes del bloque. Uribe ratificará el acuerdo con EE.UU. por las bases.

SAN CARLOS DE BARILOCHE (Enviado especial).- En medio de renovadas tensiones entre Colombia y Venezuela (ver aparte), Bariloche se apresta a recibir a los presidentes sudamericanos. Obras de embellecimiento a ritmo forzado y un fuerte despliegue de seguridad alteraron ayer en parte el bello paisaje local.

Tres cuestiones parecen ya definidas en relación con la reunión de la Unasur para tratar la decisión de Bogotá de autorizar la instalación en su territorio de seis bases militares de Estados Unidos. Veamos.

* El presidente colombiano Álvaro Uribe se clavará en sus siete. Ratificará la legitimidad que, fundada en razón de soberanía, tiene su determinación. Ergo, ni un paso atrás. Ejercicio del poder. En los hechos Colombia llega aquí más por elegancia con el bloque que para revisar lo resuelto. Uribe escuchará más que lo que hablará. En relación con lo primero, estará el lote de inquietudes -atendibles en algunos casos- sobre la posibilidad de que la presencia de fuerzas estadounidenses en el norte de Sudamérica genere tensiones interestatales. En cuanto a lo segundo, ofrecerá garantías de que el Estado colombiano sabrá manejar la situación.

* El tema Colombia no pone bajo crisis a la Unasur. Pero es cierto: a algo más de un año de ser fundada, la pone a prueba. La sitúa en estado de ebullición. Pero, como lo ha definido el presidente de Brasil Inácio Lula da Silva, es la propia naturaleza fundacional de la organización la que la sostendrá aun jaqueada por esa ebullición. En otros términos: es su razón de ser un espacio destinado a tratar temas comunes de defensa, como el que ahora aborda, lo que le otorga respaldo.

* Aun no estando en crisis, la cumbre de Bariloche no estará exenta de tensiones a la hora del debate. El presidente venezolano Hugo Chávez jugará, a la hora de ese trámite, el rol de fogonero. Este convencimiento anida en las burocracias diplomáticas ya arribadas ayer a esta ciudad y en la prensa que cubrirá la cita. La instalación de las bases norteamericanas en Colombia renovó en Chávez la cultura de «casus belli» con que maneja su vínculo con Uribe. Y con EE. UU., claro. Chávez llega a Bariloche ratificándose en su convencimiento de lo que es la política: un estado de guerra permanente. Una cuestión muy distinta del sentido clausewitziano de ver la guerra como prolongación de la política. Con su verbo rápido y sin matices Chávez procurará ocupar el centro del escenario.

Pero no es menos cierto que hay decisión en otros actores de aplicar antídotos para el caso Chávez en concreto destinados a no permitirle que arruine el encuentro. Desde hace una semana las cancillerías de Argentina y Brasil vienen trabajando sigilosamente para impedir que Unasur salga debilitada de Bariloche. Para afirmar ese trabajo hubo contactos telefónicos entre Cristina Kirchner y Lula. Así surgió el compromiso no de encorsetar a Chávez, sí de organizar y fijar posiciones desde la reflexión, que no niegue inquietudes y preocupaciones por la determinación de Colombia pero cuyos contenidos se funden en argumentos ajenos a dictados emocionales. En fin, política.

 

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

 


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