Directo al libro



Tenemos esa manía de pretender ser los más en esto o los más en aquello, pero sobre todo aspiramos a ser los más grandes en muchas cosas. Después nos damos cuenta de que no sirven de mucho esos títulos ficticios, que sólo duran hasta que aparece otro que piensa igual y supera la marca. Pero sí debo admitir que esta vez lograron, vía esa estrategia, instalar el tema, el nombre del pueblo y el récord en el libro de Guinness, que es donde todos quieren estar. Instalaron el asado argentino una vez más como un título y sirvió la estrategia, aunque más me hubiera gustado estar ahí para disfrutar del fenomenal asado que se comieron los pampeanos con invitados especiales que llegaron a certificar que efectivamente se tratara de un récord y que se ganara un lugar en las páginas del libro. Lo bautizaron como el asado más grande del mundo y así fue, al menos entre los que se hayan animado a presentarlo en público. Se asaron casi 14 toneladas de carne vacuna, participaron miles de personas del almuerzo y varios días antes del encuentro en General Pico ya no quedaba ni una entrada disponible. Eso sí, al final todos quedaron conformes y comieron como imaginaron que iban a comer. El récord estaba logrado, el asado, el nombre de la ciudad y de la provincia y la enorme cifra de 13.713 kilos de carne consumida, ya están en boca de todos. En el medio hubo festival para que la juntada no fuera sólo gastronómica. El escenario que se pudo observar fue francamente impresionante, sobre todo para aquellos que disfrutan de un buen asado. Hubo más de 80 asadores distribuidos en parejas, a lo que se sumaron cantinas, la sucesión de grupos musicales y un amplio show de fuegos artificiales para cuando el día empezó a quedarse sin luz. La iniciativa de poner en marcha semejante asado, con todo lo que eso implica, coincidió con el 30° aniversario de la fundación del frigorífico de la ciudad, que suministró la carne. Imagínese si uno se pone nervioso cuando tiene que hacer asado para más de seis o siete, lo que habrá sido la responsabilidad de los asadores que tenían en sus manos el almuerzo de miles de personas. Se calcula que entre 28.000 y 30.000 personas pudieron almorzar y hasta repetir sin problemas. Claro, para poner todo esto listo para el consumo, fueron necesarios 25.000 kilos de leña y 950 cruces de asadores, en cuyo armado participaron alumnos de la escuela técnica de la localidad. Ahora, la nueva vuelta de tuerca apunta a que el récord vaya más allá y la ciudad de General Pico, en La Pampa, se convierta en la capital mundial del asado, tema que más de uno pondrá en discusión porque, si hay algo que caracteriza a este país, eso es el consumo de asado. Igual, nada cambiará en los gustos de cada región que tal o cual ciudad sea o no la capital del asado si sus habitantes son capaces de hacerlo de la mejor manera. El ingenio de la gente es el que convierte la pasividad en hechos y, por eso, esta ciudad pudo estar en los diarios, en la tele y hasta en el libro de los récords. Así se materializan las cosas, más allá del valor que tenga ser los más en esto o en aquello. El asado se hizo, se comió, se disfrutó y se lanzó a la fama; el objetivo está cumplido y esta gente pasó de la teoría a la práctica para realizar un encuentro que seguramente no será el último, un encuentro que será el punto de partida para mantener el privilegio de ser los autores del asado más grande. Claro, será hasta que a otros se les ocurra superar la marca, cosa nada fácil por lo que vale la carne y por la enorme organización que demandó realizarlo. Valen estas iniciativas y más aún para los que pudieron comer ese asado.

jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar

la peña


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