Distorsiones



"Un contribuyente es todo aquel que trabaja para el gobierno sin haber rendido el examen para funcionario...", dijo alguna vez Ronald Reagan. Conviene tener en cuenta la ironía de esa sentencia.

En el Concejo Deliberante de San Martín de los Andes, por estas horas, lápices y resaltadores subrayan números y hacen notas a pie de página.

Los concejales analizan el proyecto de Presupuesto 2005 y la modificación de la norma tarifaria, congelada desde mucho antes de la caída de la convertibilidad.

Para este año se esperaba un trámite relativamente rápido del presupuesto. Pero vino acompañado de un proyecto de ordenanza con sustanciales cambios de valores en los derechos y tasas. Los aumentos, según los ítems, van del 21 al 191 por ciento, con promedios del 35 por ciento.

Esa nueva tarifaria hizo dar respingos a más de un edil. Así, el punto focal no está en los 23 millones presupuestados, récord para una administración local, sino en los cambios que la intendencia propone sobre los tributos.

Entre algunos concejales resulta un trago amargo el trasladar aumentos a los contribuyentes, aun a sabiendas de que las gabelas están muy retrasadas. Se preguntan si no sería posible un camino alternativo.

Una respuesta simple aunque difícil en la práctica, es ajustar al máximo los mecanismos de cobrabilidad para morigerar la necesidad de aumentos. De hecho, la intendencia lanzó un programa de recuperación de acreencias que promete ejecuciones fiscales para los morosos que no regularicen su situación.

Pero el propósito de estas líneas es advertir ciertas distorsiones y olvidos, que al tiempo de castigar al contribuyente también restan recaudación.

Por caso, se piensa en ajustar las tasas pero no se dice una palabra sobre la eficiencia con que el municipio presta servicios y, por esa misma razón, mucho menos se sabe cuáles son sus costos ocultos y evitables, producto de históricos vicios de gestión.

Puesto en tono de pregunta: ¿el municipio utiliza de manera óptima sus recursos para prestar al contribuyente el mejor servicio posible? Si se concluye que los servicios no son buenos, entonces incluso las atrasadas tasas de hoy son caras.

No se pretende aquí evaluar los servicios municipales, sino enfatizar que así como los ajustes pueden ser necesarios, también debería serlo el monitoreo de la calidad de las prestaciones, en términos de satisfacción del contribuyente.

Podría argumentarse que semejante revisión no está a la mano en el corto plazo. Pues bien, ya sería una inmensa contribución que la administración trabajara en lo que queda de gobierno en una metodología de análisis y medición regular de costos y gestión, que los futuros gobiernos pudieran aprovechar. Si se asume ese compromiso político, bien valdría la pena esperar.

En tanto, el municipio pierde chances que podrían acercarle sumas interesantes. Por ejemplo, cobra una tasa por habilitación de carteles pero nada cobra por el uso del espacio, como es común en otras ciudades.

Asimismo, las empresas que no constituyen servicios públicos esenciales pero que al igual que aquellos tienen tendidos aéreos o subterráneos, no tributan en San Martín. Cabría preguntarse por qué, si el espacio es de todos.

Los ediles están afligidos por el azote al bolsillo del contribuyente. Pero también deberían apenarse por las oportunidades perdidas, tanto para recaudar como para asegurar que los servicios hagan justicia con lo que el vecino merece. Desde esa perspectiva, ajustar tasas es la tarea más sencilla que tienen por delante.

 

Fernando Bravo

rionegro@semandes.com.ar


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