Divisoria de aguas

Por Arnaldo Paganetti



El antes y después en que se dividirá la historia en relación con el ataque terrorista perpetrado con aviones comerciales norteamericanos contra los símbolos del capitalismo global – Las Torres Gemelas, en Nueva York; el Pentágono, en Washington -, está llamado a repercutir en la Argentina, un país emergente que venía rogando por ayuda económica internacional y ahora se encuentra sujeto a los nuevos vaivenes de la encrucijada mundial.

Sostienen los budistas que no tener el control completo de una situación, provoca una sensación de cierta calma. Y como en medio de un clima social agobiante y depresivo, el gobierno de Fernando De la Rúa, tiene poca incidencia en la dirección hacia la que va enfilando la proa de su administración, los trágicos acontecimientos ocurridos en Estados Unidos encontró a los argentinos más sosegados. Además, nada entusiasmados con las elecciones legislativas que tendrán lugar dentro de menos de un mes.

Hasta tal punto llega el regodeo por la aflicción ajena que los dirigentes van perdiendo la dimensión de la problemática nacional. El gobernador peronista de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, por ejemplo, se ufanó por estas horas de haber pasado el mal momento de tener que alumbrar una moneda paralela, el “Patacón” para hacer frente al pago de proveedores y empleados públicos. Ello lo llevó a planificar, a pesar de los sofocones internos y del resurgimiento de Eduardo Duhalde, el verdadero dueño del aparato partidario bonaerense, un relanzamiento para la campaña presidencial del 2003. Apresurado, acreditó a su favor las penurias que en los próximos meses, según sus previsiones, deberán enfrentar dos de sus principales competidores, el cordobés José Manuel De la Sota y el santafesino Carlos Alberto Reutemann. “Tendrán que emitir cuando se agudicen los conflictos y la pasarán peor que yo”, se le escuchó decir.

Igual no le será fácil su cometido. Los más aventajados ya van delineando estrategias de acercamiento con Estados Unidos y buscan sacar provecho de la debilidad de De la Rúa, aunque los asesores de éste estiman que la minusvalía del Presidente le otorga fortaleza a la hora de bloquear los embates de los ambiciosos que se neutralizan entre sí y despiertan la desconfianza de la primera potencia, herida y vulnerada por primera vez en sus ciudadelas financiera y militar.

De la Sota, por caso, ya tiró lazos de acercamiento con el senador demócrata Carl Levin (el mismo que le dio sustento a las denuncias de lavado de dinero lanzadas por la rebelde chaqueña Elisa Carrió), a través de su coterráneo Hugo Anzorregui, distinguido en los Estados Unidos por haber desarticulado, durante su actuación como jefe de la SIDE, un atentado de fundamentalistas islámicos contra la embajada norteamericana en Paraguay.

Sin verdades absolutas, fiel a la premisa del extinto líder que ponía en un escalón superior a los hechos y en uno inferior a los dichos, De la Sota está imaginando en el mayor de los secretos una salida democrática anticipada. Hizo el enlace con Levin para no ser visto con inclinaciones derechistas, pero en rigor se presentó como un buen alumno ante el republicano George Bush (h).

Obviamente, que los escuderos delarruistas se afanan para amortiguar el impacto adverso del 14 de octubre y reacomodar las piezas que permitan llegar como sea al 2003. Por lo pronto, se estudian varios cambios de gabinete. Rafael Pascual, por unos días más titular de la Cámara de Diputados, pasaría a ocupar el Ministerio del Interior, en reemplazo de Ramón Mestre, y un sindicalista dialoguista reemplazaría a Patricia Bullrich en la cartera laboral. No correría mejor suerte el ministro de Salud, Héctor Lombardo y es una incógnita el destino de Domingo Cavallo, quien por esto días sigue tensando la cuerda: la pelea con el candidato a senador por la capital federal Rodolfo Terragno, lo enfrenta directamente con De la Rúa, pues él apostó sin cortapisas por Horacio Liendo. No obstante, la ambivalencia oculta los deseos reales y no hay que ser muy agudo para descubrir el desprecio que siente el Presidente por su ex jefe de gabinete.

Es una constante: a De la Rúa no le gusta dar pinceladas decisivas, pero aún con la mano temblorosa va marcando un estilo que, como la vida, no permite la vuelta atrás.

Frente a la guerra declarada por Estados Unidos contra un enemigo invisible – ya no son Estados beligerantes, como el japonés, en 1941, sino predicadores suicidas que aspiran a una vida eterna y santa -, De la Rúa reflexionó sobre las represalias que podrían sobrevenir de algunos sectores de los países árabes. Finalmente proclamó que combatirá el terrorismo, aunque condicionado a las resoluciones de la ONU ya los pasos formales que dará ante el Congreso. Todo se hará en la medida de las posibilidades. Las circunstancias cuentan y los intereses también.

Hoy Estados Unidos no está dispuesto a distraerse más de lo aconsejable en un aliado que está ahogado financieramente por su propia impericia y desidia, según la interpretación del duro secretario del Tesoro, Paul O´Neill. La intransigencia será total: cumplan con el déficit cero (es decir, gasten lo que recauden) y den pruebas de solidaridad activa porqué “los amigos se conocen en las malas”.

Así procedió, en otro ángulo, el ex presidente chileno Eduardo Frei, cuando visitó al ex argentino Carlos Menem, preso en Don Torcuato por ser considerado el jefe de una asociación ilícita que traficó armas ilegalmente a Ecuador y Croacia. El alineamiento sin medias tintas de Menem con Estados Unidos durante la guerra del Golfo, en 1990, hace predecir que antes de fin de año una resolución de la Corte Suprema de Justicia, beneficiaría a un hombre que, pese a las serias sospechas de corrupción que lo sobrevuelan, tuvo gestos de amor platónicos y carnales con la Nación Imperial, pese a sus raíces árabes.

El canciller Adalberto Rodríguez Giavarini aseguró que la Argentina no será neutral ni indiferente en la lucha contra el terrorismo mesiánico que desbarató los proyectos antimisilísticos (EEUU quería uno en la Patagonia o en Malvinas) o de paridad nuclear.

En el choque de culturas que se insinúa, en un sube y baja constante con el vecino y socio principal Brasil, el gobierno del radicalismo conservador deberá plegarse a los futuros regímenes de seguridad continental y hemisférica, si no quiere sufrir más dolores de cabeza. Las jaquecas no se curan con las aspirinas dentro de los envases. Hay que digerirlas, como los honestos se tragan la vuelta a su despacho del juez federal Norberto Oyarbide, quien controlaba prostíbulos, asociado a las mafias policiales.

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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