Donar órganos es apostar a la vida

Reconocida nadadora, es referente del Cucai Río Negro.



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Centro de salud de las 1.200 Viviendas: un espacio de concientización.

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En cada carrera, Patricia despliega su bandera a favor de la donación.

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Campaña de concientización

“Donar órganos es dar vida”, repite insistentemente Patricia Woudwijh. Y sabe y siente lo que dice. Ella, a los 33 años, recibió un trasplante de hígado que además de salvarle la vida le permitió criar a su hija y ser una de las nadadoras de aguas abiertas más reconocidas de la región. Ahora, con sus más de 40, es representante del Cucai Río Negro, una tarea que la acerca aún más a su objetivo de vida: concientizar sobre la importancia de la donación de órganos, quizá uno de los actos solidarios más grandes que alguien pueda ejercer. “Sacamos ropa vieja para regalar o le damos dos pesos a un niño que nos pide en la calle. Pero la solidaridad es más profunda. Es dar lo que vos más querés. Y la pregunta que uno se debe hacer es... ¿Me puede pasar a mí?. Y la respuesta es sí. Eso es la solidaridad, ponerse en la vereda de enfrente, sentirlo en carne propia”, definió. Para Patricia el trasplante es una práctica médica cada vez más común que, muchas veces, choca con la reticencia y el temor que todavía existe en la sociedad. Cree que falta una mente más abierta para poder tomar la decisión en el momento más límite de una familia, que es cuando se muere un ser querido. “La tragedia, la muerte, no tiene vuelta atrás pero sí la vida de un montón de personas que esperan un órgano. En realidad no esperan, desesperan porque la vida se les está yendo de los dedos”, graficó. Sabe que es “durísimo” estar en el lugar de esa familia que tiene que decidir donar los órganos de alguien a quien amaban pero también sabe que es “durísimo” estar a la espera de un órgano. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando recordó su propia historia, la de ser un paciente en espera, encerrada en una habitación de hospital, viendo como a otros en su misma condición se les iba la vida porque el órgano no llegaba. “Es tremendo estar en la lista de espera. Alejandra murió sin el trasplante. En ese momento decidí que me iba a mi casa a estar con mi hija, mis padres y mi hermana”, recordó uno de los momentos de mayor angustia que tuvo que transitar. “Es difícil de entender pero tampoco quería esperar que alguien se muera para poder seguir viviendo”, relató y contó que el médico que la atendía le dijo una frase muy simple: “La gente se muere igual aunque vos te vayas del hospital”. Aseguró que la donación y el trasplante son “una cadena de favores” y que si todos estuviésemos en ella el mundo sería diferente. “Tienen que ser muchas las voces que repitan ´soy donante y vos qué esperas?´”.


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