Dos casos testigo



El Tribunal de Cuentas sigue con auditorías y detectó más irregularidades en relación con importantes diferencias entre lo que cobran las empresas y lo que realmente hacen en las escuelas del Alto Valle.

“Río Negro” tuvo acceso a documentación sobre dos casos testigo, en los que nada tiene que ver lo exigido con lo cumplido y mucho menos con lo pagado.

El primero de ellos se refiere a la refacción en la escuela 107 de Paso Córdoba.

Esta labor distó mucho de lo que debió ser un trabajo serio, según el acta labrada el 29 de octubre después de una inspección ocular realizada por tres funcionarios de la Dirección General de Auditorías de aquel tribunal.

La documentación refiere que en el jardín de infantes anexo a la primaria “no se realizaron los trabajos de ajustes y reparaciones de carpintería, enmaderado, revoques, limpieza y la pintura, desconociendo los metros pintados en el interior, que de acuerdo a nuestra apreciación se visualiza un trabajo desprolijo, de una sola mano y a soplete”.

En relación al edificio principal, el documento señala que “no se realizaron los revoques (sólo remiendos en la cocina), no fue entregado el bajo mesada, falta pintura del laboratorio y se pintó el interior del establecimiento a soplete y desprolijo, las persianas no se colocaron y falta la limpieza”. Esta acotación alude que la empresa responsable de la obra, SD Servicios – Construcciones, dejó en el exterior del edificio todos los escombros y demás residuos a cielo abierto.

Días atrás, “Río Negro” recorrió la escuela 107 y comprobó que además de las falencias citadas por esos funcionarios el piso de la zona de ingreso nunca recibió la piedra lavada que debía colocarse y, además, las paredes del jardín no sólo están mal pintadas sino que también presentan rajaduras.

La magnitud de las fallas se acrecienta cuando se conoce cuánto se pagó por esa obra: según una fuente del equip directivo del establecimiento, que pudo ver la factura cuando el Tribunal de Cuentas auditaba, la cifra abonada fue cercana a los 80.000 pesos.

La refacción de esa escuela tuvo lugar entre fines de setiembre y octubre, según explicaron docentes.

Sin embargo, hay labores inconclusas y los obreros nunca más aparecieron.

El segundo caso testigo corresponde a otra escuela rural roquense: la número 86, “Septimio Romagnoli”.

A principios del 2000, la empresa Juan Domingo Franco Construcciones ganó el concurso de precios para realizar la refacción del edificio. El presupuesto era de 25.000 pesos y la oferta del empresario allense fue de 22.000 pesos.

La obra se concretó pero en septiembre pasado la Fiscalía de Investigaciones puso la lupa sobre el expediente y se encontró con una ingrata sorpresa: gran parte del trabajo no se concretó.

Al pedir un informe a las autoridades de la escuela, el fiscal subrogante Enrique Gianni concurrió el 27 de octubre al establecimiento.

La directora le dijo que en la época de la refacción no estaba a cargo pero otros trabajadores del lugar aportaron datos reveladores.

El acta redactada expresa -a partir del relato de esas fuentes- que no se cambió ninguna chapa del techo del SUM (la necesidad de hacerlo estaba pactada en el detalle del concurso de precios), tampoco se tocaron maderas y se colocó desprolijamente una cañería de desagüe, de modo que cuando llueve hay filtraciones.

Además, Gianni fue informado que ninguna de las diez aulas fue pintada por la empresa de Franco, cuando -según la contratación- debía pintar cinco.

Lo mismo ocurrió con la red eléctrica, que debía ser reparada íntegramente y ni siquiera fue tocado.

Juan Domingo Franco cobró los 22.000 pesos mediante la factura 0001-00000051, confeccionada el 6 de junio de 2000.

Resta saber ahora qué destino tendrá el caso a partir de la intervención de la Fiscalía.

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