Dos delincuentes muertos tras asaltar el Correo de Plottier

Fue una de las jornadas más sangrientas de los últimos tiempos en la región. Los asaltantes del correo y dos policías motorizados se enfrentaron a tiros en pleno mediodía en un sector muy transitado de la multitrocha, próximo al aeropuerto. Uno de los efectivos quedó herido. Hasta anoche se ignoraba la identidad de los delincuentes muertos. Hay un remisero arrestado.





NEUQUEN- Dos delincuentes muertos, un policía herido y un sospechoso detenido fue el saldo de un feroz enfrentamiento a tiros ocurrido ayer al mediodía en la ruta 22. Ocurrió cuando dos efectivos en moto interceptaron el paso del vehículo en el cual escapaban los sujetos, que habían asaltado el Correo de Plottier. Hasta anoche se ignoraba la identidad de los ladrones muertos, quienes estaban armados con un poderoso Magnum 357 cuyo cargador vaciaron al enfrentarse con sus perseguidores.

Sólo el azar impidió que algún automovilista resultara lesionado cuando la lluvia de balas surcó la ruta, en uno de los horarios pico para el tránsito y a menos de dos mil metros del ingreso al aeropuerto internacional.

Se calcula que durante los noventa segundos que duró el enfrentamiento, policías y ladrones intercambiaron entre 20 y 30 disparos.

Cuatro dieron en el blanco: uno en la espalda de un delincuente, dos en el pecho del otro, y el restante le cruzó la cara a uno de los efectivos, que está fuera de peligro.

La Policía demoró en individualizar a los sujetos, y hasta el cierre de esta edición había dudas sobre sus identidades. Según se supo uno de ellos tiene el rostro marcado por una gran cicatriz, y por ese dato lo vinculan con otros robos ocurridos en Plottier y en esta capital ya que hay víctimas de asaltos que describen a un ladrón con esas características.

En cuanto al detenido, es un remisero que conducía el vehículo en el cual se desplazaban los malvivientes. Desde ayer se procura establecer si era un rehén o un cómplice, y mientras tanto permanece alojado en la comisaría 12.

Según fuentes judiciales y policiales consultadas por «Río Negro», el hecho comenzó al mediodía en la sucursal del Correo Argentino en Plottier. Allí ingresaron dos sujetos armados que robaron alrededor de 2.700 pesos y escaparon en un Polo blanco (ver aparte).

La información del robo y las características del vehículo circuló con rapidez entre los policías y se montó el habitual operativo cerrojo para evitar la fuga de los ladrones.

En proximidades de una farmacia, el Polo chapa CWB806 fue detectado por un patrullero, pero cuando intentaron identificar a sus ocupantes estos emprendieron la fuga.

Las fuentes dieron dos versiones distintas de lo que sucedió luego. Algunos dijeron que dos policías en moto se lanzaron a perseguirlos y los alcanzaron frente a la avícola Achahuall, a 1.800 metros del acceso al aeropuerto.

Otros voceros aseguraron que los motociclistas estaban en el semáforo de la calle Olavarría cuando vieron llegar al Polo, a velocidad normal, y lo obligaron a detenerse.

El hecho es que el Polo se estacionó en la banquina. El cabo primero Vergara paró su moto detrás, y el sargento Soto delante. Ambos revistan en la unidad Séptima de Plottier y su armamento son pistolas 9 milímetros.

Según las fuentes, Soto ordenó a los ocupantes del vehículo que se bajaran y pusieran sus manos sobre el capot. Ya sabía que eran los ladrones del correo, o al menos tenía fuertes motivos para sospecharlo. Y manejaba el dato de que estaban armados.

Balas en la ruta

El sujeto que ocupaba el asiento del acompañante fue el primero en bajar. Simuló hacer caso a las órdenes pero de improviso extrajo un revólver 32 largo y disparó. Al mismo tiempo el que viajaba en el asiento trasero descendió y comenzó a gatillar el Magnum 357, un arma con un poder temible.

Los policías respondieron el fuego. Soto tiró su moto al piso y se parapetó detrás de ella; Vergara tuvo menos suerte aunque de todos modos siente que nació de nuevo: un proyectil del mítico Magnum 357 le cruzó la cara pero sólo le provocó una lesión leve.

El sujeto del Magnum vació el cargador, de seis proyectiles, antes de caer muerto junto al Polo.

Su cómplice, en cambio, rodeó el vehículo e intentó escapar. Sin dejar de gatillar su arma cruzó la multitrocha mientras los balazos que le disparaba el sargento le silbaban junto a la cabeza.

Cuando ya estaba a punto de escabullirse, un plomo le ingresó por la espalda, le partió el esternón y salió por el pecho. Dio apenas unos pasos más, como borracho, y cayó boca arriba en la banquina opuesta.

En el interior del vehículo quedó el plateado Magnum -los policías lo miraban con tanta preocupación con admiración- y los 2.700 pesos robados al correo. Buena parte del botín era en monedas, que estaban dentro de una bolsa tan pesada que los investigadores, al principio, creyeron que contenía una escopeta recortada.

En cuanto al sargento Soto, contaba una y otra vez el enfrentamiento mientras el cuerpo se le sacudía por los nervios.

Dicen que estaba convencido de que uno de los delincuentes había logrado escapar ileso, hasta que los demás le contaron que con sus disparos había dado en el blanco y lo había matado.

Vergara quedó internado, pero fuera de peligro.


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