DURAN BARBA: «No hay pueblo, hay gente»





CARLOS TORRENGO

– En Buenos Aires siempre se lo ve en las librerías…

-Es que Buenos Aires es una gran librería… ¡Son formidables!

– ¿Qué dice eso?

-Ratifica que la Argentina tiene, mantiene, un trasfondo cultural muy importante.

– ¿Por qué cree que se está hablando tanto de su libro «Mujer, sexualidad, internet y política. Los nuevos electores latinoamericanos»?

– Primero aclaremos algo: el libro lo escribí junto con Santiago Nieto. Ahora vayamos a la respuesta. Tiene éxito porque cuestionamos lugares comunes de la política. En alguna medida, y creo haberlo logrado, desacralizo imaginarios que existen sobre los electores del continente… Imaginarios existentes en los políticos. Están tardando mucho en entender los cambios que se están dando en el electorado, especialmente entre los jóvenes.

– ¿Deme un ejemplo?

– Siempre apelo a lo mismo, pero son muchos los que se pueden dar para significar la mutación que se está dando en este campo. Mire, el sexo es hoy un factor de mucha gravitación en el sistema de selección de candidato que hace un joven… ¡La píldora, por caso! A un chico le interesa más qué hará el presidente con la píldora que con la deuda externa… Les interesa saber qué hará ese candidato a presidente, si llega a serlo, con el aborto. Estos son temas dominantes en los millones y millones de nuevos electores que tiene América Latina. No estoy abriendo juicio de valor sobre si ese pibe tiene o no razón de fijarse en esto y no en aquello, digo simplemente lo que es.

– ¿Los políticos perciben esa mudanza?

– Tardan y tardan mucho. Y cuando no tardan, tienen miedo a aceptar esos temas dominantes, a darles respuestas a los requerimientos a una nueva sexualidad, de la homosexualidad, del aborto, de la píldora… Es decir, de todo lo que tenga que ver con el sexo.

– Pero la dialéctica de la historia los obligará a…

– Los obligará a meterse de lleno en una agenda que contemple esa realidad.

– ¿Ya es historia la época de la política como relato educador, del discurso como pedagogía?

– El gobernante no está para cambiar la mente de la gente, sino para comuni

carse con ella y, de ahí en más, la gente se le suma o no… Es en esa investigación que también digo que en la democracia moderna, más que un pueblo hay «gente»… Lo de pueblo tiene mucho de «abstracto»…

– Invocando esa abstracción, se han matado miles en nuestro continente.

– ¡Por supuesto!… Pero si reflexionamos esa categoría desde lo electoral, vemos que hay factores más concretos: está la gente integrada en grupos de intereses disímiles y que ven la política desde distintas versiones y prismas… No son grupos que vayan a la política desde percepciones muy amplias, globales de lo que es la política. Van y votan desde visiones muy concretas.

– ¿Hay que seducir desde la claridad que tenga esa comunicación?

– Exactamente.

– ¿No hay que bajar línea?

– La gente está llena de información. En consecuencia, hay que comunicarse con ella a partir de seleccionar qué es lo que más le interesa a esa gente, no de lo que al gobernante le parece, en términos excluyentes, qué es importante.

– ¿Qué tiempos son desde la política vista por la gente?

– Son los tiempos dominados por intereses materiales muy definidos.

– ¿El consumo?

– Por supuesto. Yo siempre digo que se vota mucho por el estómago y también por el hígado.

– Sabemos lo que significa lo primero en materia de voto, ¿qué es lo segundo?

– El caso Kirchner, por ejemplo. La economía mejoró y eso le genera adhesión. Guste o no, es un hecho tangible. Hoy es así. Lo del respaldo por el lado del hígado se refiere a que también genera adhesión sus enojos con el sistema financiero internacional, de tanto en tanto, con Estados Unidos.

– ¿Qué detecta que no quiere el elector argentino en plena campaña?

– La confrontación estéril entre los postulantes, la agresión… Insisto: la gente quiere escuchar soluciones a sus problemas.


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