Educar para la tolerancia





José Lumerman es médico psiquiatra, director del Instituto Austral de Salud Mental. Vive en Neuquén desde hace casi veinte años. Como profesional y al mismo tiempo, como padre, desgrana aquí los conceptos de homofobia, de los hechos traumáticos que acompañan a los que atacan, en este caso a los homosexuales. Es importante -dice- educar para la tolerancia respecto de lo diferente. «La escuela, la familia y los medios de comunicación tienen gran parte de responsabilidad en esto», opina.

– ¿A quién se considera «homófobo»?

– A quien le teme exagerada y agresivamente a la homosexualidad, sintiéndose amenazado por la misma. Involucra a toda persona que en mayor o menor intensidad padece la fobia.

– ¿Hay siempre una homofobia que subyace detrás de robos o agresiones a homosexuales?

– No necesariamente. El homosexual puede ser víctima de robos o agresiones por su inhibición para defenderse o por la creencia del agresor acerca de la vulnerabilidad (presa fácil para el agresor como lo es un niño, una mujer, o un anciano). Por otra parte lo último puede estar contaminado por el goce sádico del agresor homofóbico.

– ¿Existe el resentimiento o rencor que acompaña al homicida, por abusos en su infancia?

– No siempre. Se trataría en todo caso de la repercusión del hecho histórico en una persona con fuertes inseguridades, subconscientes o inconscientes de su identidad sexual. En tal sentido, si la identidad heterosexual de un ser humano está bien integrada, los acontecimientos históricos traumáticos quedan limitados a la dimensión de un accidente doloroso.

– ¿El homicida siente que mitiga su «dolor o rencor» por cada víctima que se cobra?

– El homicida no siente en los términos que la persona normal vive su mundo emocional. No existe integración del mundo emocional que, por otra parte, está gravemente contaminado por la confusión y el odio. El agresor del que hablamos sólo descarga odio gozosamente, sin mediación del pensamiento.

– ¿Dónde cree que comienza la homofobia?

– Comienza con la predisposición del sujeto a los prejuicios de las creencias familiares y luego de la sociedad. Esto se conoce como las series complementarias cuyo ejemplo más claro surge del estudio de la tuberculosis, donde no alcanza con la bacteria para la generación de la infección si ésta no se complementa con una persona desnutrida que habita en espacios oscuros, cerrados y fríos.

– ¿Está de acuerdo en comenzar a educar, o en analizar más los casos de violencia, que en el de condenar a los agresores a interminables años de prisión?

– Evidentemente las condenas no sirven nada más que para aislar a estas personas de la sociedad; para evitar que sigan dañando. El gran desafío consiste precisamente en analizar e investigar más. Sólo así se podrá llegar algún día a desarrollar los instrumentos asistenciales para ayudar eficazmente a las personas que padecen estas enfermedades psicológicas gravísimas, y que aún las ciencias médicas y psicológicas no han podido descubrir.

Insisto respecto de la trascendencia de este concepto, para no perder de vista que se trata de conductas y manifestaciones de enfermedades que, no por ser aún incurables, como algunos cánceres, siguen siendo patologías que padecen los seres humanos.

– ¿Se puede educar para una mejor aceptación del prójimo?

– En mi opinión y experiencia, la educación abre los ojos de aquellos que miran pero no pueden ver y oyen pero no pueden escuchar, donde ver y escuchar son los instrumentos con los que podemos registrar al otro, el semejante y la naturaleza.

– ¿La escuela es el ámbito indicado?

– Claro que sí. Las escuelas son un instrumento regio para la introyección de valores e ideales que luego permitirán que el futuro joven y adulto piense con criterio de realidad y no quede dominado por creencias prejuiciosas. Pero la familia es aún más importante en esto. También creo que los medios de comunicación pueden realizar un gran aporte para permitirles a las parejas parentales desprejuiciarse y salir de la ignorancia.

– ¿Como padre, educó a sus hijos para la tolerancia, o fue la escuela?

– Por mi historia personal y por mi condición de judío, la tolerancia respecto de lo diferente, fue uno de los aprendizajes más importantes para educar a mis hijos. Y como sabía acerca de mis limitaciones, elegimos una escuela donde el pilar de su ideario era no sólo la tolerancia respecto de las diferencias, sino el aprovechamiento a partir de la integración de las mismas.

– ¿En un mar de contradicciones sociales, donde los derechos e igualdades distan mucho de su verdadero significado, cómo educar desde la «mala praxis» que a diario viven estos valores?

– Pienso que cada pequeña acción de buena praxis suma más de lo que uno supone. Por ejemplo: la inquietud del periodista respecto de estos problemas. Su búsqueda, investigación y su publicación, a cuántos lectores esclarecerá y cuántas mala praxis neutralizará?

(OS)

Nota asociada: La Homofobia, otro signo de intolerancia: Cuando la violencia contra los homosexuales llega incluso hasta el asesinato  

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