El abrazo del oso



HUGO ALONSO

halonso@rionegro.com.ar

Es difícil proyectarse hacia el futuro cuando uno se reconoce dependiente de factores externos.

El buen paso depende en alta proporción de la capacidad adquirida para mirar más allá de mañana. Mover las fichas en función de los intereses propios, pero siempre teniendo claro cuál será la reacción de los demás que tallan en la partida.

Y si algo dejó a la luz el aniversario de Roca fue la magnitud del desafío para el intendente Carlos Soria.

Casi sin palabras, el gobierno nacional le dijo mucho el jueves pasado.

El acotado listado de obras a financiar por Nación durante los próximos años en la ciudad tenía implícito un mensaje: es el momento de definirse y la continuidad de las inversiones dependerá de qué lado de la línea esté parado el jefe comunal.

El desafío verbal Soria a Kirchner lanzado la semana previa a la visita -cuando le advirtió que tendría que ganarle si pensaba apoyar a Miguel Pichetto para la gobernación- fue pasado por alto esta vez, pero seguramente el trato no será tan amable de aquí en adelante si el intendente sigue dando rienda a sus impulsos delante de los micrófonos.

Por eso Soria se tomó su tiempo entre el jueves por la noche y el viernes, para concluir que hoy es prácticamente imposible hacer sobrevivir aspiraciones si la hostilidad domina su relación con el kirchnerismo.

Un escenario que incluso puede mostrar a un presidente con más poder en poco tiempo, pasada la tarde del 23 de octubre.

Lo vivido en el aeropuerto, en el camino hacia el centro (sobre todo en los barrios del norte) y en el palco, cuando miles de roquenses se agolparon para ver, tocar o saludar al presidente, terminaron por convencerlo de que hoy su mejor opción es alinearse.

Ahora bien, el desafío para el intendente será leer bien el tablero y provocar el efecto que desea hacia dentro del peronismo sin perder de vista que seguirá al frente del gobierno de una ciudad que no puede verse afectada por los premios o castigos entre políticos con distintas raíces.

Soria tiene que saber que así como cosechó con obra pública buena parte de la imagen positiva que hoy tiene entre muchos roquenses, la obra pública adelantada y no ejecutada por diferencias con Nación puede representar una poda importante para el crédito que le han extendido esos ciudadanos.

Porque Kirchner no trajo para el cumpleaños de la ciudad ninguna inversión realmente significativa. Los 7,2 millones para cementar el canal sin dudas son importantes, pero apenas representan un tercio del presupuesto previsto para la construcción del centro administrativo anunciado días atrás por el gobierno provincial, por tomar un ejemplo.

Por su parte, las 120 cuadras de asfalto no serán tantas si en realidad el dinero que llegará a Roca son 3 millones de pesos. Como parámetro alcanza el propio plan bienal del municipio, que prevé volcar 3 millones por año, pero sólo para 55 cuadras en cada período.

Está claro que lo trascendente quedó en carpeta y el propio Soria admite que no fue por un descuido o falta de tiempo de Nación para analizar los grandes proyectos que él presentó meses atrás.

El aniversario pasó, la fiesta fue multitudinaria, pero la alegría es efímera en una ciudad que vuelve a hablar de crecimiento y traza en forma incesante nuevos objetivos.

El reto para el intendente será alimentar esa expectativa de progreso desde una posición personal más cómoda que la presente, cuando todavía le cuesta digerir que alguien por encima suyo esté influyendo en el destino de la gestión.


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