El activismo internacional de Lula 33-01-04

Por Andrés Oppenheimer

El creciente activismo internacional del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien visitó la India esta semana para propiciar la creación de un grupo de potencias emergentes, está generando críticas internas en el sentido de que debería dedicarle más tiempo a resolver los problemas crónicos de su país.

¿Son justas estas críticas?, le pregunté al ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso en una entrevista. ¿No hace bien Brasil en buscar una alianza con otros países de dimensiones continentales, como Rusia, China e India, para buscar asientos permanentes en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y para enfrentar conjuntamente el proteccionismo de los países ricos?

Mientras Lula estaba de visita en la India esta semana convocando a las potencias emergentes para desafiar la "hegemonía" de Estados Unidos, la revista de circulación masiva brasileña "Veja" sacó una portada con la leyenda: Por qué no somos el Nº 1 del mundo. Y la conclusión del artículo es que las razones son puramente de orden interno.

"En sus discursos en el exterior, el presidente Lula habla de llevar los proyectos sociales de su gobierno para toda América Latina y sugiere la creación de impuestos internacionales para financiar programas de erradicación del hambre. Su política exterior se propone el delirante objetivo de "rediseñar la geografía del comercio y la política internacional'', afirma la revista.

Sin embargo, citando un estudio reciente del Banco Mundial que coloca a Brasil en el lugar número 73 entre los países que facilitan la apertura de nuevas empresas, la publicación señala que "sería más apropiado que, antes de tratar de cambiar el mundo, debería empezar limpiando la jungla burocrática brasileña''.

En el Brasil se requieren 152 trámites burocráticos para abrir una nueva empresa, grande o pequeña, según el estudio 'Haciendo negocios en el 2004' del Banco Mundial. Comparativamente, en Australia se requieren dos trámites, en Canadá tres y en Estados Unidos cuatro. Mientras que en el Brasil hace falta dedicar 152 días a los trámites necesarios para abrir un negocio, en Rusia -un país que apenas salió del comunismo hace poco más de una década- apenas hacen falta 29 días, dice el informe del Banco Mundial.

Asimismo, las leyes laborales del Brasil hacen tan caro despedir a un trabajador, que los empleadores prefieren no aumentar sus planteles. Ese país figura en el puesto 78 entre los 133 en relación con la facilidad de emplear nuevos trabajadores, según el estudio del Banco Mundial.

Lo que es más, el sistema de justicia brasileño es tan lento y retorcido, que hay que hacer 54 trámites judiciales para cobrar un cheque sin fondos, según reportó el diario "Folha de Sao Paulo" esta semana.

Hace pocos días, le pregunté al ex presidente Cardoso en una entrevista qué piensa de la política exterior de su sucesor. Lula ha hecho 19 viajes al exterior desde que asumió el año pasado, más que ninguno de sus predecesores en ese lapso.

"Yo le daría (una calificación de) un siete u ocho. La política exterior (de Lula) es positiva en general, pero algunos de sus aspectos me parecen una exageración. Tanto en la cantidad de viajes como los países que son visitados'', me dijo Cardoso.

Cardoso, un ex sociólogo de izquierda que gobernó hasta el 1º de enero del 2003, defendió los esfuerzos de Lula por crear una alianza con Rusia, China, India y Sudáfrica. Señaló que eso hace sentido política y económicamente, ya que las potencias emergentes comparten el deseo de ampliar el Consejo de Seguridad de la ONU, y porque Brasil se puede beneficiar enormemente de abrir nuevos mercados en los países más poblados del mundo.

Sin embargo, Cardoso criticó las recientes visitas de Lula a Libia y Siria, y -en menor medida- Cuba. "El presidente Lula pasa una buena parte de su tiempo fuera del país. Yo no sé cuál sea el propósito de visitar Libia o Siria", dijo. El viaje a Siria, especialmente, "no tiene mucha razón. Yo creo que ahí hubo una acción que puede ser considerada como casi una provocación. Estados Unidos no lo tomó de esa forma, lo que es mejor'', dijo.

Sobre el viaje de Lula a Cuba, Cardoso dijo que "alguna palabra pudo haber sido mencionada ahí sobre la cuestión de derechos humanos, visitar a algún opositor o recibir a algún opositor''.

En relación con los viajes de Lula en general, dijo que "cuando tienen objetivos económicos claros, entonces sí son buenos. Sin objetivos claros, me parece un gesto gratuito. Y los gestos gratuitos pagan un precio alto en el futuro''.

Estoy de acuerdo. En general, Lula está haciendo lo correcto para su país al buscar alianzas con otras potencias emergentes. Pero hay cosas relativamente simples que podría hacer en el frente interno para lograr que el Brasil se convierta en una potencia económica, como reducir su gigantesca burocracia, y que podría materializar si les dedicara el mismo entusiasmo.


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