El arte de los gestos mínimos

Hoy, a las 20, Julio Ojeda inaugura su muestra en la librería de España 1471.

Por Redacción

Verónica Bonacchi vbonacchi@rionegro.com.ar

Sin aspavientos. Con muy pocas palabras. Julio Ojeda parece tímido a la hora de hablar de su obra. En todo caso, lo hace siempre con humildad. Aun cuando tenga que anunciar que hoy, a las 20, inaugurará una muestra “Pequeños dibujos”, en un espacio poco convencional: la librería que queda en España 1471, de Roca. “Son pequeños dibujos, al correr de la pluma”, describe, tratando de simplificar esa tarea que quizás para él sea sencilla. El nombre de la muestra, claro, lo eligió él, fiel a su principios de discreción. Y el lugar, ligado a sus afectos, también. “Cuando uno decide estas cosas, no lo piensa demasiado, pero después se da cuenta de por qué lo hizo”, dice, analizando. “Me di cuenta de que ya en Córdoba había participado de una muestra en una librería que me gustaba mucho. Y cuando me vine a vivir acá, me enamoré de dos librerías: Quimhué y Siringa, de Neuquén. Las dos están ligadas, por distintos motivos a mis afectos. Y como al principio, cuando vine de Córdoba, estaba solo, siempre pasaba a la tarde por la librería, a tomar mate, a charlar, a comprar libros”, recuerda. Pero hay más que un gesto amoroso en la elección del sitio que desde hoy albergará su reciente producción de dibujos y la cuidada carpeta “2×4/ocho”, que reúne una serie de ilustraciones sobre parejas que bailan el tango. En la elección de la librería hay también una suerte de comunión con su trabajo. “Lo mío es esencialmente el dibujo, así que tiene mucho que ver con el papel y la tinta”. Los “Pequeños dibujos”, según Ojeda, tienen que ver sobre todo con “la necesidad de hacer cosas cada vez más sencillas, de buscar gestos mínimos en lugar de grandes discursos; por eso me remito a imágenes de la vida cotidiana, esas que uno tiene a mano”. Los que vayan a la muestra se encontrarán con una producción totalmente nueva del artista. Son todas producciones del 2012, nacidas gracias a un regalo que le trajeron de Europa: frascos de tinta. Ojeda , como un niño con regalo nuevo, jugó y gastó la materia prima en esto que él puede definir como gestos mínimos, aunque escondan, en su sencillez, la belleza de lo cotidiano.


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