El autoritarismo militar kirchnerista
Entre los neologismos y frases fetiche que cimentaron el régimen autoritario de Cristina Fernández de Kirchner –como “la corpo” o “el monopolio”–, se destacó la definición “dictadura cívico-militar”. En oposición al uso generalizado de la expresión dictadura militar o proceso, para referirse a la sanguinaria dictadura de Videla y Massera del 76/83, la señora de Kirchner y sus acólitos hicieron hincapié en que los militares no habían asumido el poder de modo exclusivamente autónomo, sino que del golpe y sus consecuencias habían participado civiles, entre ellos importantes empresarios.
Se trataba de un dato innegable de la realidad, pero a la vez de una tendenciosa lectura del pasado. Mientras que entre el 83 y la asunción de la señora de Kirchner el peso de la culpa de la dictadura se cargaba básicamente sobre los hombros de los militares y los paramilitares, a partir del conflicto con el campo del 2008 y el comienzo de la persecución a la prensa independiente, la señora de Kirchner procuró construir compartimentos estancos de pródigos y entenados, en los cuales aquellos que disintieran con el gobierno K habían colaborado con la dictadura aunque no fuera el caso, mientras que quienes lo apoyaban eran inocentes de cualquier complicidad, aunque hubieran trabajado para la Side de la época, denunciado a tal o cual, o mantenido algún tipo de complicidad comprobable.
En ese sentido, el ascenso otorgado al jefe del Ejército de Cristina, César Milani, fue elocuente. Para los K, la dictadura “cívico-militar” estaba compuesta, en su fracción “cívica”, por aquellos empresarios que no fueran parte del proyecto “nacional y popular” de La Cámpora. Según esta selección de réprobos, Videla no era más que un títere en manos de los empresarios cuyo objetivo final fue imponer el liberalismo económico. La tortura, la apropiación de niños, las violaciones, cometidas por los efectivos militares y paramilitares, no eran en sí, sino una metodología para entregarle el país al Imperialismo, según la teoría K (lo que sea que imperialismo signifique según Carta Abierta).
Cuando asumió Milani hubo voces entre los K que manifestaron su desacuerdo. No todos los fanáticos de la señora de Kirchner se tragaron con facilidad el sapo de que el jefe del Ejército elegido por la señora fuera un militar acusado de desaparecer al conscripto Ledo. Una cosa era que Cristina eligiera como vicepresidente a un “pícaro sinvergüenza” como Amado Boudou, acusado de afanarse la máquina de hacer plata, y otra muy distinta que pusiera como jefe del Ejército a un acusado de crímenes de lesa humanidad, hecho que no había sucedido desde el 83 a la fecha. Milani duró dos imperturbables años en el cargo, y durante todo ese tiempo los K conflictuados apenas sí alzaron sus voces y sus plumas para señalar que Milani no era del “palo”.
Sin embargo nunca arribaron a la conclusión que hasta el momento y luego también agitaron con su fórmula “cívico-militar”. Si Videla no era en sí sino un instrumento de los empresarios liberales, esto es que en realidad Videla era la punta de lanza armada de un proyecto civil de país, ¿cuál era el proyecto de país que se derivaba de la elección de Milani como jefe del Ejército? Si Videla fue el instrumento de Martínez de Hoz, ¿de qué política fue instrumento y garantía Milani? Para los K no milanistas –los hubo ultramilanistas, como por ejemplo Bonafini, que le asignó al represor la tapa de su revista de Madres bajo el título festivo: la madre y el general–, la elección del acusado de desaparecer jóvenes era, aunque no lo dijeran con todas las letras, un error, una desviación, ¿una digresión, quizás?
En ningún caso sacaron la conclusión lógica de que lo que deducían de Videla y los empresarios era igualmente válido para Cristina y Milani. A diferencia de la dictadura, que emergió como un golpe militar y contó con el apoyo de civiles, el gobierno de Cristina asumió como civil, pero contó con el apoyo de un represor acusado de crímenes salvajes, tal el caso de César Milani.
El modelo que el represor acusado por la propia madre del conscripto venía a defender y ejecutar era el del latrocinio, la persecución a los disidentes, el ocultamiento de las circunstancias de la muerte del fiscal Nisman con un tiro en la cabeza y la garantía de la impunidad para los kirchneristas corruptos y los criminales iraníes acusados de atentar contra la AMIA. Es hora de poner los puntos sobre las íes al repasar este cruento capítulo del sangriento desaguisado kirchnerista.
Mirando al sur
Una cosa era que CFK eligiera como vice a un “pícaro sinvergüenza”, otra muy distinta que pusiera como jefe del Ejército a un acusado de crímenes de lesa humanidad.
¿Cuál era el proyecto de país que se derivaba de la elección de Milani? Si Videla fue instrumento de Martínez de Hoz, ¿de qué política fue garantía Milani?
Datos
- Una cosa era que CFK eligiera como vice a un “pícaro sinvergüenza”, otra muy distinta que pusiera como jefe del Ejército a un acusado de crímenes de lesa humanidad.
- ¿Cuál era el proyecto de país que se derivaba de la elección de Milani? Si Videla fue instrumento de Martínez de Hoz, ¿de qué política fue garantía Milani?