“El bosque brillante”: la obra abierta de Lucio Balduini

El guitarrista roquense acaba de editar su tercer disco solista, junto a un lujoso seleccionado de músicos. En diálogo con “Río Negro”, explicó el proceso de composición de su reciente trabajo. “Está librado a infinitas significaciones”, describió.



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El disco de Balduini incluye nueve composiciones de su autoría y dos temas de Luis Alberto Spinetta, “La rifa del viento” y “Para ir”.

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“Mis compañeros ya saben que van a tener diez partituras de un mismo tema”, explica.

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Fran Pontempie, hacedor del magnífico arte de tapa.

Lucio Balduini tiene entre sus manos “El bosque brillante”, su tercer disco, un inspirado viaje de nueve composiciones originales más dos gemas de Luis Alberto Spinetta llevadas a lo instrumental, “La rifa del viento” y “Para ir”.

El guitarrista roquense forma parte del grupo integrado por Daniel “Pipi” Piazzolla en batería, el bajista Matías Méndez y Esteban Sehinkman en sintetizadores, –cuyo último compacto, “La rueda de la fortuna”, ganó el Gardel en el rubro Fusión Instrumental World Music. La charla con “Río Negro” comenzó repasando los apuntes que quien esto firma, hizo llevado por sus luminosas y sugerentes combinaciones sonoras.

P- Del primer tema: “Casi como en letargos, navegando abismales mares en busca de “La tierra sin mal” (3:52)…

R- (Ríe Lucio) ¡Bueno!

P- En el tres, escribí: “Fugaz” como el amor que ilumina inmensidades.

R- ¡Muy buena!

P- En el quinto: “Tu bahía es el sueño” (3:20) en el que sumergirse es ver. Y así iban apareciendo imágenes según se sucedían las pistas.

R- Interpretaste todo… Es un material librado a infinitas significaciones. Está bien que evoque algo, imágenes, sensaciones que están en uno y no planea directamente plasmarlas en una canción o en una sola textura. Pero, de una u otra manera, afloran y allí empiezan las interpretaciones. Yo tiendo a creer que comprendo las obras, de qué hablan, o ciertos acordes, ciertas melodías que toco. Se refieren a algo que a veces, de modo consciente, no llego a entender. Pero, con el proceso y el desarrollo de la obra misma, de tocarla y terminar ubicándola en un disco, también hago mis traducciones que pueden ser imaginarias o van directamente a un nervio propio muy íntimo. Ya sea porque anhelo hablar de ello, exteriorizarlo. En música es posible traducir sentimientos, emociones, en tiempo real cuando toco para alguien, en vivo, en directo, y también en los discos que por eso son tan especiales. Se pueden ir moldeando, trabajando, llevando cada vez más a ese lugar expresivo.

P- Vayamos al primero de los momentos, cuando se cocina en soledad, vos, tu espíritu abierto, desplegado, y tu guitarra, generando sonidos que maqueteás o escribís hasta definir la obra en tu cabeza. Después aparecen un piano, el contrabajo y un músico que toca batería, aportando ingredientes no pensados, colores inimaginados…

R- Sí, es siempre muy potente la interacción con los muchachos. En mi caso, el desarrollo es larguísimo, desde que esbozo algo hasta que tiene su forma definitiva. Y lo es porque mi música, por un lado, lo pide e implica tiempo de cocinarla, darle carácter, realizar las partes para los demás instrumentos. Pero también ocurre que, cuando podemos tocar juntos en un ensayo, ellos escuchan e interpretan cuestiones que yo, por estar tan encima de la obra, no llego a percibir. Rápidamente comienzo a tener infinitas opciones, direcciones que nunca hubiera pensado. Entonces, siempre grabo, vengo acá a mi casa y sé que voy a volver con la idea más avanzada. Mis compañeros ya saben que van a tener diez partituras de un mismo tema, hasta que lleguemos a la versión definitiva. Pipi (Piazzolla) siempre, cuando dudo sobre algo que no me gusta, no me cierra, dice: ‘no te hagas problema, está grabado, te lo llevás a tu casa y vas a volver y va a ser con un moñito’ (ríe Lucio de nuevo). Porque un poco funciona así. Sin ellos me sería imposible terminar los temas…

P- Un primer trabajo es solitario y éste de intercambio, de escuchar y escucharte en otro que pone…

R- …arriba de la mesa, cosas que no he visto.

P- Te deja en evidencia, capta, muestra cuestiones tuyas, matices que destaca y valora.

R- Sí, me construye y potencia en múltiples direcciones. Sin duda, me modifica. Más allá de que son músicos notables, con mucha experiencia y capacidades, ponen todo el corazón. Y la tarea creativa es grupal, colectiva.

P- En el espectro sonoro de “El bosque brillante” hay señales para bucear en las honduras del interior humano, subtextos que llevan hacia ellas.

R- Me encanta pensar que voy en busca de esos abismos. Con los discos de otros que me gustan, me llegan, me conmueven, puedo pasar un montón de tiempo escuchándolos casi exclusivamente, te diría. Como si fuera la única música que existe, para mí, en el mundo. Cuando no sucede así, me entristece porque necesito encontrar eso. Spinetta tenía esa cualidad y podía oír una y mil veces una canción, siempre descubriendo sutilezas que llaman la atención. En la letra, en su manera de decir, de cantar, en la orquestación, los acordes que usaba, en las melodías mismas, en sus ritmos y en el sonido. Todo eso en un mismo creador…

Yo necesito encontrarme con la música de ese modo, sentir que lo que hago tiene una consistencia. Por eso me lleva tanto tiempo hacer discos. Algunos de los últimos temas, estaban presentes cuando grabamos “Viento divino”, son de larga data. Me consumen un tiempo que después trae algo bueno, más cosas para trabajar y lograr que la escucha sea más profunda y transmita, deje un mensaje bello, de desarrollo, de labor, de que las cosas no son como pensamos en el día a día, a toda velocidad, sin tiempo para nada; más o menos, total no importa porque se ve al pasar y chau. Estamos muy impuestos a ese modo de sentir, de pensar, y quienes desarrollamos alguna tarea artística, sabemos que vamos en contra del mundo, en tal sentido. Ya sea para ser artesanos de nuestro instrumento y levantarnos cada día para pulir una cosa sola, sabiendo que hay millones más por modificar también. Siendo constantes para que eso pueda florecer. Los compactos son una ramificación de ese trabajo diario.

P- Ha cambiado el Lucio que hace años vengo conociendo. Ya no habla con dudas (risas), con timidez o sin tener conciencia de cuán valioso es lo que hace.

R- Ya transitó toda la vergüenza que había que pasar. En verdad, estoy contento porque este disco lo hice con mucha felicidad, muy motivado. La grabación fue muy linda con el grupo, pude abrir habitaciones o puertas de mi imaginación que en “Viento divino” no llegué a concretar. Por ejemplo, cuatro temas con guitarra acústica, tres de ellos sola o dialogando con la eléctrica. Siento que di un paso adelante, que amplié mi paleta sonora, que ando por un camino nuevo. Creo que quedó muy bien, que el sonido es orgánico, el arte es hermoso.

P- La última etapa viene ahora, con los conciertos en Thelonious y el Centro Cultural Kirchner que se suman el 20 de abril y el domingo 21 de mayo, ante auditorios entrenados, exigentes y abiertos. Otro diálogo con el objeto disco terminado y vos más distante, con otra temperatura para interpretarlo.

R- Vuelve otra vez el instrumentista… Yo no me siento compositor, ya lo hablamos. No compongo permanentemente, paso mis días trabajando sobre la guitarra. Pero ahora, que el compacto está concluido, tengo la energía puesta en disfrutar, tocar los temas con los muchachos en vivo y que aparezcan los intérpretes, surjan cuestiones relacionadas con el lenguaje personal y grupal, en evolución. De tanto tocar ante el público, evoluciona.

Cuando están los músicos, el escenario, la gente, sucede algo que no en la sala de ensayo. Jamás. La conjunción social, la respuesta del público, nosotros, cómo suena la sala, hacen que la música suene, tenga una identidad. La complete. Y todo adquiere sentido, florecen las personalidades, el vínculo con los compañeros, con la gente… La música en vivo no es el pasado, no hay nada como estar ahí, en el momento, nada puede reemplazar eso.

“Es siempre muy potente la interacción con los muchachos. En mi caso, el desarrollo es larguísimo, desde que esbozo algo hasta que tiene su forma definitiva”,

describe Lucio Balduini.

Esteban Sehinkman
en Fender Rodhes, Mariano Sivori en contrabajo y Pipi Piazzolla en batería acompañaron a Lucio Balduini en “El bosque brillante”.

Con “Pájaro de fuego”, Lucio Balduini ganó el año pasado el Gardel 2015 Fusión Instrumental World Music por el disco “La rueda de la fortuna”.

Datos

“Es siempre muy potente la interacción con los muchachos. En mi caso, el desarrollo es larguísimo, desde que esbozo algo hasta que tiene su forma definitiva”,
Esteban Sehinkman
en Fender Rodhes, Mariano Sivori en contrabajo y Pipi Piazzolla en batería acompañaron a Lucio Balduini en “El bosque brillante”.
Con “Pájaro de fuego”, Lucio Balduini ganó el año pasado el Gardel 2015 Fusión Instrumental World Music por el disco “La rueda de la fortuna”.

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