El camino, por otro lado

El resultado de Argentina es un buen atajo. Tan tentador como peligroso.

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El Tata le busca la vuelta al funcionamiento del equipo argentino. Messi siempre es el mejor, pero ante Chile le faltaron socios.

¿Cómo pedirle a Leo Messi que sea el de Barcelona si el equipo catalán hace un culto de la posesión y la selección apenas acierta tres pases seguidos? El Barcelona versión Luis Enrique, es cierto, tiene menos posesión (aún así, casi siempre más que el rival) y juega más vertical porque tiene tres monstruos arriba. Busca caminos más directos para llegar a su mejor zona. Pero, sabemos, un equipo que busca protagonismo jamás podrá renunciar a la elaboración del juego. El Tata Martino dice siempre que quiere una selección protagonista. Pero las palabras siguen chocando con los hechos.

El jueves le tocó un Chile debilitado de antemano por bajas de peso, incluida la del técnico que le había hecho ganar la Copa América por primera vez en su historia. Y, apenas empezado el partido, perdió a otros dos jugadores claves. Aún así, Chile tuvo más elaboración de juego. Controló tres cuartas partes del partido. No se trata de quitarle valor al triunfo. Se le ganó al campeón de América en su casa y cuando se precisaba sumar sí o sí, porque se habían perdido puntos inesperados en las primeras fechas. Y se ganó. Pero, sabemos, reducir la situación a los tres puntos es un atajo. Tentador como todo atajo. Pero sigue siendo un atajo. El camino va por otro lado.

Curioso que haya comenzado hablando de Messi, como si no hubiese jugado bien, cuando Leo, otra vez, fue el mejor jugador de Argentina. Pero entregó flores. Y no fue que le devolvieron piedras. Directamente no le devolvieron nada. Sus socios de ataque buscaron resolver desde ángulos difíciles o con corridas solitarias antes que buscarlo otra vez a él. Será imposible ver al Messi de Barcelona porque Argentina no es Barcelona, obvio. No es eso lo que se pide. Pero tampoco resignarse entonces a que Argentina no busque explotar mejor al número uno del fútbol mundial. Como justamente se trata del mejor, Messi se las arregla siempre para sobresalir. Contra Chile dio la sensación hasta que “sobreactuó” comprometiéndose en defensa, acaso para callar algunas voces que le habían reprochado su actuación en ese mismo estadio en la final de Copa América. Pero, paradójicamente, lo mejor de Messi no es que él corra mucho. A veces son corridas inevitables y preciosas. Porque tiene confianza y le sobra capacidad. Pero en Barcelona suele ser el jugador que menos corre. Y le hace ganar títulos desde hace más de una década.

AP

Selección

Ezequiel Fernández Moores


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