El caso reflota el viejo debate sobre el uso de las riberas





La envidiable ubicación del terreno en Playa Bonita deriva no sólo de su orientación al norte y su suave declive sobre el lago, sino también a que se trata del único sector de acceso libre en muchos kilómetros de costa sobre el Nahuel Huapi.

Las actividades de Blas Chic y su controvertido taller naviero a pocos metros del área donde en verano se juntan a diario más de mil bañistas, siempre fueron motivo de protestas.

Además, el caso es referencia obligada cada vez que resurge la polémica sobre el uso público de las costas lacustres, que supuestamente están garantizadas por el código civil, pero en la práctica choca contra las propiedades ribereñas, que suelen extender sus alambrados hasta el agua misma.

Ayer, el fiscal federal Jorge Bagur Creta consideró «positivo» el desalojo que permitió recuperar el predio perteneciente al Ejército. La problemática de las costas públicas invadidas por privados tiene larga data en la ciudad. Prácticamente no se puede llegar a la playa del Nahuel Huapi hasta el kilómetro 8 y si se intenta transitar sobre ella hay que atravesar decenas de alambrados y muros, que entre otras cosas contienen feroces mastines. Por eso resulta especialmente alentador a la intención del coronel Parra, que prometió preservar de intereses privados el espacio de Playa Bonita.


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