El centro de la escena



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Una de las críticas recurrentes que recaen sobre la nueva gestión municipal tiene que ver con la sensación de languidez, de inacción y de indolencia que transmiten muchos de sus funcionarios. Los medios de comunicación, mediante cartas y llamados, son caja de resonancia de un descontento visible con la falta de solución para los problemas más urgentes. Consciente de que por ahora las cosas marchan por debajo de la expectativa, el gobierno parece empeñado en asumir de una vez el centro de la escena, aunque no siempre de la mejor manera. El subsecretario de Economía, Leandro Costa Brutten, introdujo días atrás un debate de alto voltaje con el proyecto de aplicar una tasa a todos los turistas que visiten la ciudad. No hay precisión sobre los detalles porque la idea es todavía un borrador, pero el gravamen rondaría los 10 pesos por persona. Hoy Bariloche recibe 700 mil turistas al año y si la tasa fuera uniforme para todos (con independencia del tiempo de estadía o el nivel de gasto), le reportaría a las arcas públicas unos 7 millones de pesos. El empresariado local manifestó su abierto desacuerdo y hasta el secretario de Turismo, Vicente Búa, (quien proviene de ese ámbito) criticó el proyecto sin sutilezas. “Es una locura”, dijo. Contradicciones así serían impensables en otros gobiernos pero no en el particular equipo del intendente Goye. No hubo retractaciones. Renuncias menos. El propio Goye dijo que la tasa al turista es parte de su plataforma electoral y que piensa avanzar en sea línea cuando plantee la reforma a la ordenanza fiscal y tarifaria. No hace mucho el actual ministro de Desarrollo Social de la provincia y presidente del PJ barilochense, Jorge Vallazza, propuso un gravamen similar para combatir la pobreza en la ciudad. Goye, en cambio, espera aplicar el dinero a la fiscalización, la mejora de los servicios y los informes al turista. La incorporación de los viajeros sin domicilio en la ciudad como contribuyentes del municipio apuntaría entonces cubrir una necesidad que hasta aquí debió ser afrontada con la recaudación general. No están claras las razones para cambiar esa lógica. Los turistas vienen a disfrutar de Bariloche y de su entorno y su capacidad contributiva debería ser aprovechada en sus localidades y provincias de origen. Si hace falta dinero para reforzar la fiscalización o mejorar la infraestructura turística, corresponde que surja del tributo que pagan los vecinos y las empresas de Bariloche. Muchos de los prestadores turísticos se quejan de que la tasa sería una desventaja competitiva en relación con otras localidades vecinas que no la apliquen. Pero lo cierto es que muchas veces los precios abusivos de hoteles, excursiones o pases de esquí han surtido el mismo efecto, sin tantas quejas. El proyecto esbozado por el equipo económico del municipio parece ser de fácil percepción, pero se da de patadas con la justicia tributaria. Cargar con un impuesto directo sobre el contribuyente que no se puede escapar seguramente se reflejará en la caja de inmediato. Pero más progresivo sería ampliar la base de contribuyentes locales, ajustar las alícuotas y profundizar el control de la tasa de Inspección, Seguridad e Higiene, que deben pagar las 4.200 habilitaciones comerciales de la ciudad en función de su volumen facturado. Un dato desactualizado pero que sirve como referencia indica que toda la actividad comercial declarada en Bariloche durante 2010 sumó ventas por 4.500 millones de pesos. De allí el municipio recaudó por TISH apenas 19 millones (el 0,42%). Hoy el cuadro es igual o peor. Desde entonces el único cambio fue la inclusión de los casinos en la categoría comercial más gravada (un 40 por mil), lo cual vino a revertir una injusticia insostenible. Pero otras muchas permanecen sin cambios. Eso sin entrar a considerar los comercios que sub declaran sus facturaciones para pagar mucho menos de lo que deberían. Cada vez que el municipio fiscalizó con puntos fijos y comparó con declaraciones de la AFIP detectó evasiones enormes. La tarea por hacer en ese terreno es más lenta y trabajosa, pero obliga a discutir la distribución de la renta, los privilegios, las injusticias, el reparto de las cargas y otras cuestiones de fondo. Las que realmente importan.

la semana en bariloche

daniel marzal dmarzal@rionegro.com.ar


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