El “Choconcito” perdió su encanto al ser invadido por juncos y totoras





El “Choconcito”, era una laguna artificial escondida en la inmensidad de la barda, fue utilizada como balneario “exclusivo” por los vecinos de Colonia Nueva Esperanza. Era un oasis de mucha belleza, con cisnes, patos y plantas acuáticas que contrastaban con el color terracota de la meseta. Hoy está repleto de juncos y totoras, sin las aves que habitualmente anidaban allí y sin chicos que disfruten el agua cristalina del espejo de agua escondido y silencioso.

La laguna se formó como reservorio del agua de descarte de la plata potabilizadora que el Ente Provincial de Agua y Saneamiento construyó en el límite entre la colonia y la ciudad de Centenario para abastecer a la zona oeste de la ciudad a través del acueducto Mari Menuco.

A un costado se levanta un murallón con compuertas que regulan el ingreso y egreso del agua. Es por esto que los habitantes de Nueva Esperanza la bautizaron el “Choconcito”. Todos los veranos, encontraban allí un espacio tranquilo y seguro para pelearle al calor que en la meseta se hace más implacable. Es un lugar alejado, de difícil acceso y que los vecinos intentaban mantener oculto. El Choconcito es utilizado también para regar mediante un sistema de bombeo, 32 lotes productivos de la colonia, donde el agua llega luego de recorrer 3.000 metros de cañerías. La estación tiene un guardián, Alfonso, el único testigo de lo que sucedía en el espejo de agua cuando las temperaturas agobiaban.

Pero este verano la laguna se encuentra invadida de juncos y totoras, que hacen difícil el ingreso al agua. Por eso Alfonso ahora se encarga de controlar que los sistemas de bombeo funcionen y los feriados y fines de semana se queda en su casa.

Espacioso lugar

Datos

70.000 m³
es la capacidad que tiene la laguna interna de la zona de bardas, que era un oasis con una fauna muy especial.

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